Opinión

La violencia no puede ser una alternativa

violenciaSi la convivencia es una actividad fundamental para los humanos, porque otorga sentimientos de seguridad y proyección a una vida en común, entonces la violencia no puede ser una alternativa para la solución de los problemas, sino el diálogo.

Sin embargo, según informe del 2013 de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe, los procesos de urbanización y modernización acelerados en la región durante los últimos decenios han generado problemas de coexistencia, expresados fundamentalmente a través de la violencia.

En el origen también habría que incluir, como causas de ese fenómeno, la inequidad y pobreza, sobre todo la extrema, persistente en naciones. Esto coloca a muchos seres humanos fuera de los parámetros de una vida digna y con justicia social. Y esto, se sabe, es seguro caldo nutricio de la violencia.

El citado reporte advierte que la alta tasa de homicidios en el continente (15,6 por cada 100 mil habitantes), es uno de los indicadores más relevantes de inseguridad ciudadana o violencia en espacios públicos, a partir de un estudio mundial sobre ese flagelo en 2011.

Aunque Cuba no aparece en el análisis de la evolución de ese fenómeno, no escapa a este tipo de tendencia del comportamiento humano a pesar de las políticas sociales justas e inclusivas encaminadas a la disminución de conductas transgresoras de la convivencia, tanto en la comunidad como en la familia.

Por ejemplo, en Isla de la Juventud las manifestaciones más recurrentes son las lesiones por violencia intrafamiliar, pasional y riñas en espacios públicos.

La mayor Marilín Martínez, segunda jefa de la Delegación Territorial de la Policía Nacional Revolucionaria, señala entre las causas principales al hacinamiento en las viviendas, donde conviven más de dos generaciones, personas que perciben bajos ingresos y alto consumo de alcohol.

Además, gravitan otras causales como la heterogeneidad de la población -procedente en su mayoría de otras regiones del país-, por tanto experiencias, costumbres y tradiciones pujan y pugnan por definir una identidad hacia la localidad, así como la concentración e insuficientes áreas para el ocio.

Aunque el delito disminuye en el territorio en relación con igual etapa precedente, más allá de las cifras, lo cierto es que ese tipo de interacción disfuncional altera el equilibrio y armonía de la familia, grupo o comunidad, perjudica el bienestar, la integridad física y psicológica de los individuos y lacera la dignidad y la libertad del ser humano.

El Programa de Desarrollo Integral (2012-2020) deviene oportunidad para los locales, si se aprovechan las potencialidades humanas y naturales, la participación de las personas en este proyecto redundará en mejor calidad de vida a partir de que se minimicen las causas que hoy generan la violencia.

Para su concreción, el proyecto social cubano tiene diseñadas acciones, programas, estrategias e intervenciones comunitarias y cuenta con el protagonismo de todos los actores sociales para la actividad preventiva. De su eficaz articulación y cohesión depende el éxito.

Una persona castigada, maltratada y humillada en nombre de la obediencia aprende muy pronto el leguaje de la violencia y lo interpreta como el único medio de comunicación; y esa no puede ser nunca una alternativa de conducta y sí, el diálogo.    (Por Ana Esther Zulueta, Agencia Cubana de Noticias)

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