Las Tunas, Cuba. Martes 21 de Noviembre de 2017
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El bloqueo, el lodo y la retórica de Obama

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El bloqueo, el lodo y la retórica de Obama      La Habana.- El bloqueo económico, comercial y financiero de Estados Unidos contra Cuba, además de ilegal y genocida, denota hoy la contradicción entre su gobierno y las voces internas variopintas opuestas a la medida coercitiva.

La obsolescencia de esa disposición viene quedando como un remanente de la Guerra Fría que persigue los mismos objetivos de siempre: romper el democrático orden constitucional cubano establecido en 1959 y que fuera refrendado por la inmensa mayoría del pueblo en 1992.

Once administraciones norteamericanas de demócratas y republicanos han sostenido de forma invariable por 55 años la “genocida política”, con mayor o menor fuerza sin cambiar su esencia, de provocar “el hambre, la desesperación y el derrocamiento del gobierno” como asegura un documento estadounidense de 1960.

Los datos oficiales proporcionados por las autoridades cubanas sobre los daños económicos causados al pueblo por el bloqueo desnudan su negativo impacto, al abarcar todos los sectores de la vida económica, social, cultural y política de la nación caribeña.

El informe “Necesidad de poner fin al bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por los Estados Unidos de América contra Cuba” que será presentado en la Asamblea General de la ONU el venidero mes, denuncia que el daño asciende a un billón 112 mil 534 millones de dólares.

Para el gobierno de la isla caribeña este acto de guerra constituye el principal obstáculo al desarrollo económico y social del país, además de causar enormes estragos en el orden material y espiritual a varias generaciones de cubanos.

Cuando en septiembre del pasado año el presidente estadounidense, Barack Obama, renovó la ley que sostiene dicha disposición por considerarla de “interés nacional”, perdió la excelente oportunidad de satisfacer a las cientos de voces que desde el interior de su país piden terminar con lo que ellos llaman embargo.

Porque son cada vez mayores las exhortaciones para tal reclamo por congresistas, académicos, científicos, militares, líderes religiosos y devotos de diferente nominaciones, además de exfuncionarios del gobierno, como la Secretaria de Estado, Hillary Clinton, quien abogó “por el fin del embargo”.

Una encuesta publicada a comienzos de 2014 por la institución académica Atlantic Council, reveló que el 56 por ciento de los norteamericanos favorece el cambio de política y el 61 aprueba la exclusión de Cuba de la lista de estados terroristas, calificada de absurda y cínica por el gobierno caribeño.

El presidente de la compañía Google, Eric Schmidt, quien visitó en junio último la isla, fue certero al considerar que las políticas de su gobierno contra la Mayor de las Antillas “desafían la razón” porque el “bloqueo no tiene sentido alguno para los intereses de Estados Unidos”.

La incoherencia del discurso de Obama con respecto a Cuba quedó al descubierto al reconocer públicamente en un evento de recaudación de fondos para su partido la inefectividad de la política de la Casa Blanca hacia la isla en las actuales condiciones.

El presidente manifestó en la ocasión que esa política (de bloqueo) debe continuar actualizándose de forma “creativa y reflexiva”, retórica que se suma a la pretensión de hacer creer cierta “flexibilización” de la agresiva medida cuando la realidad demuestra lo contrario.

Los datos hablan por sí solos al conocerse que en cinco años la administración de Obama multó a más de una treintena de entidades nacionales y extranjeras con la astronómica suma de más de 11 mil millones de dólares, un despiadado ataque contra la actividad financiera de la isla en medio de los cambios y transformaciones de la economía cubana.

En tanto Cuba avanza en la diversificación de su entorno económico con la derogación de viejas leyes y aprobación de otras más acordes a los requerimientos universales y posibilidades propias de desarrollo, Estados Unidos arrecia el carácter extraterritorial del bloqueo.

Ese efecto se ve concretado, por ejemplo, en el comercio exterior y la promoción de las inversiones extranjeras directas en la nación caribeña, uno de los sectores más atacados por la medida unilateral norteamericana que tan solo en un período de 15 meses provocó daños ascendentes a tres mil 900 millones de dólares.

Siendo Cuba una plaza natural para el comercio de Estados Unidos por su cercanía geográfica de apenas 150 kilómetros, se ve impedida de recibir ingresos por facturación de bienes y servicios por la agresiva disposición, que también afecta a empresarios y comerciantes estadounidenses.

La aplicación extraterritorial del bloqueo ha causado, además, perjuicios al sistema bancario cubano, pues de abril de 2013 a junio de 2014, provocó afectaciones a 27 instituciones bancarias extranjeras desde la negativa a entregar créditos hasta el cierre de cuentas en bancos de Europa, Asia y América Latina.

Esta actitud vierte más lodo al desempeño de Obama en la recta final de su mandato cuando en realidad también se implementan nuevos proyectos subversivos como el reclutamiento de jóvenes latinoamericanos para perturbar el orden en Cuba y mediante el llamado Zunzuneo.

Esta última operación encubierta forma parte de la estrategia del actual del gobierno estadounidense por el cambio de régimen en Cuba, mediante el empleo de las nuevas Tecnologías de la Información y la Comunicación (TICs), en violación del Derecho Internacional.

En abierta contradicción, Estados Unidos promueve por un lado el uso de las TICs de forma subversiva, mientras por el otro niega el acceso a equipamiento, tecnología, conexión a las redes, cables de fibra óptica y a otros recursos que promoverían el desarrollo en esa esfera. (Juan Carlos Díaz Guerrero/Prensa Latina)

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