Cultura

Pérez Prado o El Rey del Mambo

Si bien muchos musicólogos, investigadores y conocedores de la música han señalado que Dámaso Pérez Prado, nacido en Matanzas en 1916, no fue individualmente el “creador” del mambo, la inmensa mayoría coincide en que corresponde a este pianista y compositor cubano la gloria de ser el más alto exponente desde el punto de vista de la composición, la interpretación y difusión de este género musical, hoy conocido mundialmente.

Los estudiosos del tema plantean que ya desde la década de los años 30 del pasado siglo habían surgido las primeras manifestaciones de ese nuevo género que se fraguaba en la música cubana, que tuvo entre sus principales precursores al famoso tresero y compositor matancero Arsenio Rodríguez, conocido como El Ciego Maravilloso, quien con su conjunto constituyó una verdadera revolución para la forma de interpretar el son y otros géneros de la música popular cubana.

Según el prestigioso musicólogo Helio Orovio, Arsenio utilizó desde sus primeras obras “una base ritmática de origen congo, que mezclaba con pasajes instrumentales ejecutados por las trompetas, inspirados en figuraciones propias de los sones montunos tocados por los treseros orientales, daban los elementos definidores del nuevo género. Arsenio le llama diablo”.

Y el propio Arsenio precisó en una ocasión: “Los descendientes de congo tocan una música que se llama tambor de yuka y en la controversia que forman uno y otro cantante, siguiendo el ritmo, me inspiré y esa es la base verdadera del mambo […]. Lo primero que compuse en este estilo fue Yo son kangá; el primer diablo o mambo que se grabó en disco fue So caballo”.

Otros formidables músicos cubanos que estaban también por esa época en la “onda” de los compases que conducirían al surgimiento del mambo fueron Bebo Valdés, el Niño Rivera y René Hernández.

Leonardo Acosta, otro prestigioso musicólogo cubano, apuntó al respecto que “la concepción de Pérez Prado, a partir de las células básicas del mambo, es muy distinta a la de sus predecesores. Su orquesta suena diferente desde el principio”.

Lo cierto es que fue Pérez Prado quien, apoyado por la gran orquesta que fundó,  absorbió y fusionó de manera brillante aquellos aportes de los años 30 y 40 y, a finales de esta última década, ya establecido en La Habana, y posteriormente en México, llevó al mambo a su máximo esplendor y difusión a nivel mundial.

Entre las piezas musicales más famosas del gran compositor matancero figuran Qué rico el mambo, Mambos números 5, 8 y 9, Patricia, Mambo batiri y otras muchas obras difundidas por todos los países de América y otras partes del mundo, y algunas de ellas utilizadas en el cine, fundamentalmente el mexicano, pero también en Estados Unidos, España, Italia y otras naciones.

Aunque su obra fundamental la ejecutó en México, Pérez Prado realizó giras por Estados Unidos, Argentina, Panamá, Venezuela, Filipinas y Japón, y contó en su agrupación con otros afamados músicos, entre ellos el inigualable Benny Moré, el Bárbaro del Ritmo, quien durante su permanencia en tierras mexicanas trabajó como cantante y grabó varios números con su orquesta.

A 25 años de su fallecimiento en Ciudad de México, un día como hoy, 14 de septiembre, de 1989, bien vale recordar la obra de esta figura excelsa de la música popular cubana, quien se hizo merecedor del calificativo de “Rey del Mambo”.

/mdn/

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Arsenio Rodríguez

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