Las Tunas, Cuba. Lunes 16 de Julio de 2018
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La ciencia maravillosa de Carlos Juan Finlay

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La Habana.- Un momento cumbre de la ciencia es el descubrimiento en 1881 por el doctor Carlos Juan Finlay Barrés (Camagüey, 1833-La Habana, 1915) de la teoría metaxénica del contagio de enfermedades, hallazgo que se adelantó en décadas al desarrollo científico de su tiempo.

Por medio de esa revolucionaria teoría, que explicó científicamente la forma de transmitirse las enfermedades infecciosas y también el modo de erradicarlas, el eminente médico cubano realizó su principal aporte al conocimiento mundial, el descubrimiento del modo de transmisión de la fiebre amarilla o vómito negro, a través de la picadura de la hembra del mosquito Aedes aegypti.

Al enunciar ese nuevo modo de contagio de las enfermedades, a través de un agente biológico intermedio capaz de propagar un padecimiento de una persona enferma a otra sana, Finlay rompió con las concepciones epidemiológicas de su época, según las cuales las patologías se diseminaban debido al contagio directo entre las personas o por la influencia de un factor ambiental.

El 14 de agosto de 1881 expuso ante la Real Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de La Habana, primera denominación de la actual Academia de Ciencias de Cuba, un trabajo que modestamente tituló “El mosquito hipotéticamente considerado como agente transmisor de la fiebre amarilla”, obra que avaló tras lograr un primer grupo de inoculaciones satisfactorias en humanos.

En su estudio Finlay describió las tres condiciones necesarias para que ese padecimiento se propagara: La presencia de un caso de fiebre amarilla, un sujeto apto para contraer la enfermedad y un agente trasmisor, un mosquito posteriormente clasificado como Aedes aegypti, o sea, la trasmisión metaxénica.

A partir de los hábitos de diferentes especies de mosquitos existentes en La Habana, indicó que el agente trasmisor de la fiebre amarilla era la hembra del Aedes aegypti.

Tras comprobar su teoría del vector biológico en la transmisión de enfermedades infecciosas, el brillante académico cubano abrió las puertas a la explicación de dolencias como paludismo, dengue, filarias, leishmaniasis, tripanosomiasis y otras afecciones incomprendidas por las teorías de la época, que presentaban igual forma de transmisión.

Comenzaban de esa manera los estudios de entomología médica en el mundo, del cual Finlay es considerado su iniciador.

Entre 1881 y 1900 Finlay llevó a cabo experimentos para verificar la transmisión por mosquitos, y además descubrió que el individuo picado una vez por un mosquito infectado, quedaba inmunizado contra futuros ataques de la enfermedad. De ahí nació el suero contra la fiebre amarilla.

En 1893, 1894 y 1898 formuló y divulgó las principales medidas para evitar las epidemias de fiebre amarilla, relacionadas con la destrucción de las larvas de los mosquitos transmisores en sus criaderos, las mismas que desde 1901 se aplicaron con éxito en Cuba, Panamá y otros países donde la enfermedad se consideraba endémica.

Las medidas antivectoriales propuestas por el sabio ayudaron a construir el Canal de Panamá. Una placa colocada allí reconoce su contribución a esa obra.

En 1902 Finlay fue nombrado Jefe Superior de Sanidad, y estructuró el sistema de sanidad del país sobre bases nuevas. Desde ese cargo enfrentó la última epidemia de fiebre amarilla en 1905 en La Habana, que fue eliminada en tres meses.

Paralelamente a sus investigaciones sobre la etiología de la fiebre amarilla, estudió además el muermo y describió el primer caso de filaria en sangre observado en América (1882).

También incursionó ocasionalmente en cuestiones científicas de un carácter más teórico y práctico la oftalmología. En representación de la Academia de Ciencias, asesoró la primera comisión investigadora de la fiebre amarilla enviada a Cuba por el gobierno estadounidense, en 1879.

Hizo grandes aportes a disciplinas como la entomología, virología y oftalmología, el tratamiento de la lepra, la filariasis, el cáncer, tétano, malaria y tuberculosis, y contribuyó a sentar las bases para erradicar las enfermedades contagiosas por medio de la inmunología provocada, la vacunación y la lucha antivectorial.

Finlay, cuyo nombre de pila era Juan Carlos, pero firmaba “Carlos J.”, nació en la ciudad de Puerto Príncipe, actual Camagüey, el 3 de diciembre de 1833, y falleció en La Habana el 19 de agosto de 1915. Sus padres fueron el médico escocés Edward Finlay, cirujano oculista, y la descendiente de la nobleza francesa Marie Elizabeth de Barres.

Cursó estudios primarios y secundarios en Francia y Alemania, y comenzó a estudiar medicina en el Liceo de Rouen, en Francia. Un ataque muy grave de fiebre tifoidea lo hizo regresar a La Habana, donde, tras recuperarse, las autoridades académicas le negaron continuar sus estudios, por lo cual se trasladó al Jefferson Medical College, de Filadelfia, donde se graduó en 1855. En 1857, revalidó su título en la Universidad de La Habana.

Fue elegido Miembro de Número de la Real Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de La Habana en 1872, y en 1895 Miembro de Mérito. Se desempeñó como Secretario de Correspondencia, a cargo de las relaciones internacionales de esa institución, por espacio de casi 14 años.

Desde que Finlay anunció al mundo su teoría, las autoridades sanitarias y gubernamentales de Estados Unidos trataron de usurparle la autoría de su descubrimiento.

El debate fue iniciado con los controvertidos estudios sobre fiebre amarilla realizados en Cuba en 1900 por la Segunda Comisión Sanitaria del Ejército de Estados Unidos, presidida por el doctor Walter Reed, que se guió por los postulados del médico de la isla y solo comprobó lo realizado por él.

No obstante, la comunidad científica mundial reconoce al doctor Carlos J. Finlay como único autor del descubrimiento. En 1954 el XII Congreso de Historia de la Medicina en Roma aprobó la moción de que solo al cubano corresponde el hallazgo del agente transmisor de la fiebre amarilla.

En varias ocasiones entre 1905 y 1915 fue propuesto para el Premio Nobel de Medicina, y aunque nunca le otorgaron esa distinción recibió muchos homenajes y reconocimientos como la medalla Mary Kingsley del Instituto de Medicina Tropical de Liverpool, Gran Bretaña, el premio Bréant de la Academia de Ciencias de París y la insignia de Oficial de la Legión de Honor del Gobierno francés.

La Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) lo incluyó entre los seis microbiólogos más grandes de la historia, junto a Leeuwenhoek, Pasteur, Koch, Méchnikov y Flemming, e instituyó el Premio “Carlos J. Finlay”, por iniciativa del gobierno de Cuba, como estímulo a las investigaciones en el campo de la microbiología (incluyendo inmunología, biología molecular, genética) y sus aplicaciones.

En su honor fue designada la fecha de su nacimiento el 3 de diciembre, como Día de la Medicina Latinoamericana, y el Estado cubano entrega la Orden Carlos J. Finlay a las obras científicas relevantes al servicio del bienestar del hombre.( Alfredo Boada Mola/Prensa Latina)

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