Opinión

De estilo, modas y tendencias de los jóvenes cubanos

juventud CubaLas Tunas- Para Anabel, estar a la moda es una forma de ser feliz. Y como ella, varios de sus amigos comparten esa idea porque en su mundo adolescente, la imagen lo es todo, el espejo puede convertirse en su aliado o en su peor enemigo, arreglarse para salir es el ritual más importante del mundo y estar al tanto de cada nuevo detalle de lo que “se usa”, les puede llevar horas y horas de intensa discusión.

Resulta común que en esta edad tan compleja, los muchachos encuentren en sus artistas favoritos un patrón para vestirse. Además, la opinión del grupo, cual implacable tribunal, decide si eres aceptado o no y en gran medida eso depende de la forma en que se visten y se comportan.

Algunos adoptan un estilo, que pudiera ser mikie, freaki, emo, rasta… dependiendo de su fascinación por determinada indumentaria, música, fiestas, o sencillamente porque es la manera más fácil de sentirse parte de “algo”.

Se trata de un camino complicado, sobre todo para quienes se aventuran a tener un estilo diferente, o a romper con las reglas que dicta la mayoría.

Con los años, aunque prevalece esa necesidad de vestir a la moda, se adquiere un mayor sentido de lo individual, de aceptación, de satisfacción con lo que usamos, más que de satisfacer a los demás.

Tengo una amiga quien asegura que tener una prenda nueva influye cual interruptor en su estado de ánimo. Y a veces, no poder adquirir los cintos, carteras, aretes o zapatos más actuales, la deprime hasta las lágrimas.

Pero no porque todos usen algo, significa tú también debas usarlo. Hace un tiempo en Cuba se comenzaron a llevar las sandalias de playa en cualquier momento y lugar, pero siempre hubo quien respetó este cómodo calzado y dejó su uso exclusivamente para el hogar, la piscina, el campismo…

Varios criterios defienden que los jóvenes cubanos no están a la moda, pues teniendo en cuenta la realidad de un país del tercer mundo, donde escasean las variantes para comprar buena ropa y el salario promedio tambalea ante  este tipo de gastos, no podía ser de otra manera.

Si consideramos las pasarelas internacionales como termómetros, el panorama de la Isla desentona con el mundo: la ropa no cambia a causa de las estaciones del año, disfrutamos un clima tropical y vivimos en un verano casi perenne, así que no resulta nada raro ver a una persona con el mismo atuendo tanto en agosto como en noviembre.

Por otra parte, el poder adquisitivo de la población promedio no permite cambiar el ropero ante cada altibajo de determinada prenda o tendencia. Si observas con detenimiento, puedes ver a alguna muchacha luciendo una mezcla ecléctica: el más reciente estilo de blusa y un pantalón del año pasado, con tremenda naturalidad…

Lo usual es que saquemos provecho de nuestro ingenio para rediseñar el vestuario, reciclar tejidos, y encontrar utilidades donde no parecía haberlas.

Pero si consideramos que el concepto de moda abarca el “uso, modo o costumbre que está en boga durante algún tiempo, o en determinado país”, y que está asociado a la identidad cultural, quizás la juventud cubana no ande tan perdida en el asunto, después de todo.

Aún sin usar el último bolso de Armani o la chaqueta más reciente que sacó al mercado D&G, la gente puede elegir estar a la moda. Recordemos que ahora usamos las gafas y los cintos que fueron lo último en los tiempos de nuestras abuelas.

La moda, además de un arte, es también una industria que está en constante evolución y quien se aferra a seguir cada uno de sus pasos, se arriesga a perder algo valioso en el camino.  A veces es suficiente con tener buen gusto, amor por tu estilo propio y andar con frescura y espontaneidad. Las características de tu cuerpo, tu personalidad, lo que te interesa decirle al mundo, esos serán tus patrones más confiables.

/edc/

 

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