Las Tunas, Cuba. Jueves 24 de Agosto de 2017
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Trincheras y sueños de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba

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logo-uneacLas Tunas- La defensa de legítimos valores culturales sobre el predominio de la banalidad continúa siendo una de las principales trincheras de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), a sus 53 años.

En el VIII Congreso de la organización, que tuvo lugar en abril, se abordaron esta y otras polémicas contemporáneas en torno al rescate de tradiciones que forman parte de nuestra identidad.

En la importante cita relevantes creadores de la Isla alertaron sobre la visión mercantilista del arte, que pone el interés económico sobre el estético, con su costo social. Después de estos intensos debates, el reto de las filiales de cada territorio ha sido gestionar acciones que atenúen las circunstancias que afectan la producción artística.

Para Carlos Tamayo, presidente de la UNEAC en esta ciudad capital, resulta imprescindible la evaluación del impacto que han tenido en Cuba corrientes extranjeras que no son artísticamente de lo mejor. Además, el escritor y periodista avizora sobre el olvido del danzón como baile nacional y la imperiosa necesidad de enseñarlo a las nuevas generaciones y promoverlo en los medios y espacios de consumo cultural.

En este sentido, el comité provincial ha impulsado en los últimos años citas como el Festival de Música Popular Barbarito Diez, con relevantes espacios teóricos y la publicación de las ponencias. Actualmente, se promueve un certamen para la creación de nuevos danzones por compositores del territorio.

Además, notable ha sido el trabajo con proyectos comunitarios y socioculturales desde el accionar del centro regional de Intercambio Iniciativa comunitaria CIERIC. Ahí están los resultados de experiencias como la del Callejón de la Ceiba, un referente de lo que puede lograr el trabajo cultural en la comunidad.

Detrás no se queda la Fundación Nicolás Guillén, que en sus últimos cuatro años y bajo el impulso de su presidenta, Marina Lourdes Jacobo, ha logrado despertar y convocar a intelectuales, investigadores, promotores culturales. Sus principales objetivos han sido eliminar cualquier tipo de desigualdad, y conservar nuestras más auténticas raíces culturales.

Sobre todo, la Fundación ha conquistado espacios de creación y apreciación poética como la peña De qué callada manera, ha reunido diversas manifestaciones del arte en la Fiesta de Raíces y Tradiciones y ha colaborado activamente con proyectos tan nobles como Palma Sola. En este último, que surgió en una localidad apartada y difícil como Rinconcito, en el municipio de Jobabo, los creadores han estado presentes, para regalar su arte o para buscar alternativas y mejorar la calidad de vida de sus habitantes.

Todavía falta mucho por soñar, y por consumar a la filial de la UNEAC en este oriental territorio, que sin dudas, deberá acudir a todas las iniciativas que le permitan a los intelectuales tuneros repensar cómo resguardar lo que nos hace únicos, enriquecer el consumo cultural de los públicos, y su influjo en la formación de de valores.

/edc/

 

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