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Anónimo a la salud

estudiar-enfermeriaLas Tunas-. Ayer conocí a  un enfermero en el cuerpo de guardia del policlícinico Pity Fajardo de esta ciudad de Las Tunas que me hizo sentir “distinta”  en medio de las preocupaciones que siempre nos embargan en estos lugares, especialmente  cuando ya la madrugada de acerca y los dolores no te dan tregua.

Y no hizo ni  dijo nada diferente, sensacional;  solo su trabajo,  bien, con tino, dedicación, sin asperezas. No  tuvo necesidad de  contarme que le tocaba trabajar hasta el otro día, con el calor, el cansancio, las carencias,  el verano …; tampoco presumió de su experiencia, a todas luces valiosa por el respeto con que le trataban todos.

No sé su nombre, tampoco su lugar exacto de labor; solo que de vez en vez le toca pasar trabajando ahí, en ese cuerpo de guardia; que ha visto mucho:  a niños que quieren dejar la adolescencia muy rápido y llegan borrachos como uvas, a padres que lejos de entender,  regañan;  a ancianos que no han tenido tiempo para una segunda oportunidad a pesar de la reanimación  y también  a hombres curtidos que se derrumban allí, en el minuto en que la vida de los que aman se acaba.

Sabe de empachos, de remedios drásticos para los piojos de la escuela, tan molestos;  de la fiebre cuando se pega y hay que bajarla a cómo dé  lugar y también sabe de flores, de la preocupación del médico que el paciente no debe percibir todavía y de la telaraña cómplice de las remisiones y las ambulancias.

Es uno más, no tengo idea si ha cumplido misión en el extranjero, tampoco sospecho de sus años de servicios y sus planes para el mañana. Me llamó la atención y le dedico estás líneas por campechano, conocedor e intenso.

Habló  con determinación y dulzura y estuvo todo el tiempo para mí; me recordó a José Martí porque cumplía su deber como es preciso: sencilla y naturalmente.

/edc/

 

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