Lecturas

A 57 años del asesinato de los hermanos Saiz

hermanos_SaizLa Habana.- El 13 de agosto de 1957,  los hermanos Sergio Enrique y Luis Rodolfo Saiz Monte de Oca, miembros del Movimiento 26 de Julio, en el municipio pinareño de San Juan y Martínez, fueron asesinados a mansalva por un esbirro del ejército de la tiranía de Fulgencio Batista. Sergio, el más joven, tenía 17 años; Luis, solo un año más.

En aquella fecha la isla entera se encontraba en ebullición revolucionaria. La muerte de los combatientes Frank País y Raúl Pujol en Santiago de Cuba, a finales de julio, había desencadenado una huelga espontánea en el oriental territorio, que se extendió rápidamente a otros lugares del país. Batista dio la orden de detener a toda costa la ola de rebeldía.

Al otro extremo de la nación, dos jóvenes revolucionarios se aprestaron también a hacer su parte como militantes de la causa que condujo al asalto del Cuartel Moncada. La dirección del Movimiento en Pinar del Río había nombrado a Luis coordinador del grupo en su municipio, y a su hermano Sergio, como responsable de acción.

Era 13 de agosto y finalizaba la rutina de la comida en la casa de la
calle Martí número 41, donde vivían los Saiz-Monte de Oca. Ambos hermanos se despidieron de su madre, y según el testimonio que ella misma ofreció recordando los hechos, le comentaron antes de salir: “hoy es el cumpleaños de Fidel y lo vamos a celebrar con bastante ruido”.

Los sucesos que se produjeron minutos después transcurrieron muy rápido. Varias personas se encontraban cerca de la taquilla del cine del pueblo, lugar donde se hallaban ellos. Allí, en presencia de todos, un militar sin escrúpulos, les tronchó la vida cuando apenas comenzaban a vivirla.

Sergio fue requerido violentamente por el miembro del ejército que quiso registrarlo. Como el joven hizo resistencia, entonces el uniformado la emprendió contra él a empujones. Luis salió en su defensa y resultó alcanzado por los disparos del arma del soldado; pocos segundos después, Sergio era abatido a manos del mismo asesino.

Esther Monte de Oca corrió hacia el lugar de los disparos como lo
hicieron también otras madres y varios vecinos. Por el camino preguntó a algunos de ellos que esquivando su mirada ni le pudieron responder. Sus hijos le habían expresado antes de su despedida, aquella noche que, algún día, se sentiría muy orgullosa de ellos.

Con el brío que caracteriza a la juventud los dos comenzaron su bregar estudiantil en las elecciones del curso 1954-1955. Luis se postuló como presidente, pero por ser poco conocido entre sus condiscípulos no fue elegido, a pesar de los esfuerzos de Sergio por promocionarlo; no obstante, terminaron entre los designados para el ejecutivo de alumnos del pinareño Instituto de Segunda Enseñanza.

A partir de esos momentos empezaron a apoyar al movimiento revolucionario desde su posición de estudiantes. La histórica defensa que Fidel hizo en el juicio del Moncada, el documento que fue reconocido como La Historia me Absolverá, ellos lo reprodujeron como material de análisis, e iniciaron la edición de  un periódico  titulado El Obrero.

Se interesaban por leer a los clásicos de la filosofía del proletariado,
Federico Engels y Carlos Marx; y también al escritor y político, Luis
Araquistáin,  miembro del Partido Socialista obrero español. Estaban ávidos de lecturas, cuyos enfoques resultaran revolucionarios y antiimperialistas, pero- sin lugar a dudas – para ellos el Maestro Martí representaba la verdadera autoridad.

Después del ataque al Palacio Presidencial el 13 de marzo de 1957-
coordinado por el Directorio Revolucionario-, organización a la cual se
incorporó Luis siendo estudiante de Derecho en la Universidad de La Habana, los alumnos del Instituto en Pinar del Río, en actitud solidaria abandonaron las aulas; y Sergio redactó un manifiesto explicando  el por qué de tal determinación.

Con la fuerza que caracteriza a los jóvenes transformadores, Luis y
Sergio siempre estuvieron dispuestos a la lucha y demostraron tener mucho amor por la vida propia y la de todos. Se entregaron a una causa y a la causa le entregaron sus ilusiones hechas de acción y poesía. La maldad no pudo con tanta bondad y por eso les quebrantó la existencia. (Rosa María González López/Agencia Cubana de Noticias)

 

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