Opinión

Aborígenes en el mestizaje de Las Tunas

aborigenes_cubaLas Tunas.- Así como en el resto de la zona oriental de Cuba, en esta provincia a 690 kilómetros de La Habana, lo aborigen trasciende a la actualidad además de la cultura en los genes. Basta mirarnos al espejo, unos a otros, para encontrar características físicas muy parecidas a los primeros pobladores, como la forma de la cara, el pelo lacio, la piel cobriza y la baja estatura.

A la llegada de los conquistadores españoles, la actual provincia de Las Tunas lo ocupaban el cacicazgo de Maniabón, al norte, y el de Cueybá, al sur, incluida del centro la hoy capital provincial, cuyo  asentamiento originario se convirtió en el primer lugar de Cuba donde se erigió un templo de la religión católica, y los nativos mostraron gran devoción a la Virgen María, traída por conquistadores españoles.

Tierras vírgenes, excelentes para toda clase de cultivos, caracterizaron a Maniabón, topónimo de origen aruaco, que para unos estudiosos quiere decir señor de señores, gran jefe, y otros lo describen como abundancia de aguas, a partir de la unión de los vocablos “Mani” que es agua y “abo” abundancia.

En sus alrededores, seis fuentes arqueológicas Aruacas, con presencia de cerámica Mogolita del siglo XVI, prueban el temprano contacto entre esas tribus y los primeros grupos hispanos que llegaron a estas tierras, así como los elementos transculturales de larga convivencia entre nativos y españoles.

Del pasado aborigen en la provincia es también el nombre Majibacoa, a partir de la leyenda del asentamiento a orillas del río, donde el cacique Jibacoa escapó de los colonizadores con su hermosa hija Yahima, intrincándose en los más profundos parajes de los bosques, y como ejemplo de su valor se juntaron la última sílaba del nombre de la india con el nombre completo del padre.

Otras huellas arqueológicas evidencian que la zona litoral acogió el predominio de Pescadores- Recolectores en el sur, hasta 15 kilómetros del mar, de costas bajas y cenagosas, cercanas a la desembocadura de ríos, arroyos y en cuevas, de los hoy municipios Jobabo, Colombia y Amancio, aunque  es significativo el número de sitios localizados en la zona costera del municipio de Puerto Padre.

En ese municipio, al norte, se localizaron mayormente los grupos de Agricultores, en zonas elevadas, cercanas a ríos, arroyos y costas, en terrenos cultivables y un cayo interior.

Al extermino casi total de la población originaria de Cuba sobrevivieron quienes dejaron su legado hasta nuestros días, aunque supuestos erróneos han ignorado esta herencia en la identidad cubana.

En la danza y los hallazgos se concentra quizás el mejor reflejo de huellas de nuestros predecesores, de quienes no seguimos ritos y celebraciones con plumas o pinturas en el rostro, que mucho perduran en tribus del continente americano a las que estamos emparentados.        

Los llamados cubeños procedían del tronco étnico aruaco, cuyo origen se halla en la cuenca Orinoco-Amazónica y se expande por toda la costa caribeña de tierra firme y las islas de las Antillas.

Taínos, siboneyes y guanahatabeyes, con distintos grados de desarrollo de las fuerzas productivas y de su cultura,  se definían unos como agricultores-ceramistas, y otros recolectores-cazadores-pescadores, muy atrasados con su economía de subsistencia.

Las poblaciones aborígenes en Cuba padecieron los azotes del régimen feudal y semiesclavista de las encomiendas, las matanzas, la guerra de resistencia a la conquista, las nuevas enfermedades, los maltratos físicos, y los suicidios.

De la drástica reducción escaparon pocos sobrevivientes, algunos transculturados y avecindados al estilo hispánico y otros dispersos por montañas, maniguas, bosques, ciénagas y otros lugares inhóspitos.

El genocidio existió, e incluso a los pueblos originarios cubanos se adicionan esclavos indígenas que trajeron forzados de otras tierras, como lucayos, caribes, taironas, macuriges, guajiros, guanajos y otros que también se cimarronearon o sucumbieron, y los menos alcanzaron su libertad al sobrevivir a la abolición de las encomiendas y crecer el comercio de esclavos negros africanos.

De los indígenas americanos en Cuba se heredó no sólo el bohío, la barbacoa, el caney y el bajareque, como viviendas campesinas pobres, la toponimia de muchísimos sitios y poblaciones, el casabe y los hábitos de comer yuca o maíz, el nombre de varios objetos y la usanza de remotas costumbres; el indígena americano está en el mestizaje cubano, en la sangre del cubano de hoy como parte del ajiaco de Don Fernando Ortiz.

/ymp/

 

 

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1 comentario

Andrés R 9 agosto, 2014 at 15:21

Creo que donde más se observa esa mezcla es para la zona sur, cuando se visita a Amancio y sus alrededores nos damos cuenta de la presencia de los aborígenes, específicamente en la zona del Indio y otras aledañas, también en el Paraíso. Interesante el artículo.

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