Historia

Frank País y Raúl Pujol en el recuerdo de toda Cuba

El 31 de julio de 1957, en el Diario de la Marina, uno de los periódicos de mayor circulación en el país, se dio a conocer una nota sobre la muerte de dos revolucionarios, ocurrida el día anterior. La noticia la había informado el coronel Ramón Cruz Vidal al estado Mayor del Ejército, y de ahí la tomaba  la prensa para su divulgación. En ella se advertía:

“A las 4:00 de la tarde del martes al repeler la agresión de que fue objeto la fuerza pública en la calle Rastro y San Germán, en la ciudad de Santiago de Cuba, resultaron muertos Frank País García y un tal  Pujol, el primero reputado como jefe máximo de todo el movimiento insurreccional en la provincia de Oriente”.

No contenía el texto del parcializado rotativo, por demás, facilitada por un coronel eufórico por los resultados de su operación represiva y sanguinaria que, Frank País García y Raúl Pujol Arencibia habían sido apresados y conducidos bajo una tremenda golpiza hasta el Callejón del Muro, donde los esbirros, enardecidos por la orden de matar, les asesinaron a mansalva.

Tampoco mencionaba el referido diario que las aspiraciones de los dos combatientes ultimados eran poner fin a una dictadura que mancillaba la libertad de los cubanos, y la urgente necesidad de acabar con el gobierno de Batista que, mediante el truculento Golpe de Estado del 10 de marzo en 1952, había llegado al poder conduciendo a la nación hacia una total bancarrota.

La muerte de ambos valientes- ocurrida el 30 de julio- fue, sin lugar a dudas, un duro golpe para el movimiento revolucionario y para el pueblo de Santiago de Cuba que los tenían entre sus mejores hijos. Cuando los santiagueros supieron del brutal crimen se lanzaron a las calles sin temor a riesgos ni a represalias. Fue una respuesta general, valerosa y solidaria.

Los acontecimientos que transcurrieron  en la jornada siguiente de la desaparición del jefe de Acción y Sabotaje de Movimiento 26 de Julio y de su compañero Pujol, no pudieron ser detenidos ni por el ejército que tomó prácticamente la ciudad, ni por el cuerpo de oficiales que allí se congregó para dirigir y garantizar la represión.

Una manifestación popular se congregó en el Parque Céspedes, y muchas mujeres vestidas con blusas blancas y sayas negras -luciendo luto por los combatientes asesinados- dieron muestras de rebeldía al denunciar los crímenes y excesos del tirano Batista ante el embajador de Estados Unidos, que se hallaba en el Ayuntamiento de Santiago, como observador de su país.

La multitud transitó por las avenidas desde Heredia y la calzada de Crombet, hasta llegar al Cementerio Santa Ifigenia, donde se encontraba un mar de pueblo, que se dio cita allí para despedir a Frank y Pujol, uniformados de verde olivo y con el brazalete rojo y negro que ya en las acciones del 30 de noviembre de 1956 habían estrenados.

Narraciones de la época recuerdan que la necrópolis estaba llena. Arriba de los techos la gente gritaba mientras agitaban banderas cubanas y del 26 de julio. Las microondas paradas en las esquinas no hacían nada, porque el embajador yanqui todavía se encontraba en Santiago. Pero a la gente ya no le importaba que los estuvieran observando.

Banderas aparecieron a media asta en el panteón de los Veteranos de las Guerras de Independencia en Santa Ifigenia y se izaron las del Movimiento 26 de julio en muchos sitios de la urbe. Los establecimientos comerciales y las industrias cerraron sus puertas. Santiago entero se paralizó y otras localidades y pueblos de la isla siguieron su ejemplo.

La muerte de ambos titanes desencadenó un movimiento solidario a favor de la liberación y en contra de la tiranía, pero Batista ordenó frenarlo a como diera lugar. Suspendió las garantías constitucionales, censuró los medios noticiosos e impuso sanciones a aquellas personas que en breve tiempo no normalizaran sus actividades laborales. Y, por supuesto, aumentó la ola de violencia.

René Ramos Latour, un camarada plenamente identificado con los principios revolucionarios y con la actividad combativa de Frank, asumió entonces la dirección nacional de Acción y Sabotaje. En un manifiesto que hizo circular entre los miembros del Movimiento 26 de julio expresó de su querido compañero de luchas asesinado en plena juventud:

“Frank País lo dio todo por su patria y murió por ella, pero hoy vive no solo en el recuerdo de los que le conocimos y trabajamos a su lado, sino en el de toda Cuba. La sangre de los buenos no se derrama en vano”. (Rosa María González López, Agencia Cubana de Noticias)

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