Historia

En las Tunas también se lloró a Frank País

Las Tunas-. El Movimiento 26 de Julio en Las Tunas nació, oficialmente, en la segunda quincena de noviembre de 1955.  Frank País García llegó personalmente a estas tierras para concretar el funcionamiento de la organización y lo logró.

La reunión  que marcó el surgimiento se hizo en el depósito Pinilla, calle Lico Cruz, (hoy Museo del M-26-7 en Las Tunas) y la mayoría de los jóvenes salieron de las filas más radicales de la ortodoxia. Fueron, en los inicios,  cerca de 290 hombres y mujeres agrupados en 32 células.

Habían  transportistas, estudiantes, farmacéuticos, comerciantes y muchos más insertados en la causa de los moncadistas de Fidel Castro; el trabajo se fue afianzando y  las acciones creciendo pero todo pareció detenerse, de a golpe, cuando los rumores  comenzaron a llegar después del 30 de Julio: mataron a Frank en Santiago.

Jovencísimo, de filiación  profundamente bautista, maestro  de profesión y amante de lo justo, la organización y el orden; dicen  que este muchacho tenía una mirada profunda  a través de la cual era capaz de trasmitir toda la determinación que llevaba  dentro. Sus pasos enternecían y su huella marcó el camino de todos en el llano de Cuba.

Aseguran  los protagonistas de aquellos años que fue mucha la rabia también en esta comarca: mataron a Frank,  algo había que hacer, las cosas ardían en la indómita ciudad y aquí la gente quería probar que también que se le amaba, se le respetaba, se considerable su liderazgo de varón indomable.

Así que, en Las Tunas, como en otras partes del archipiélago, hubo huelga y más; el 3 de agosto, luego del sepelio del joven allá en Santa Ifigenia, un grupo de jóvenes apostaron aquí por hacer alzamientos y, lejos ya en el tiempo y peinando canas, confiesan a mi grabadora “nosotros ni sabíamos bien lo que significaba aquello que estábamos haciendo, pero mataron a Frank, ¡a Frank!, era mucho para aguantar callados”.

Así que en La Jíbara, en Limones  y en cuanto sitio encontraron  se apostaron estos muchachos, muchos de los cuales nunca más pudieron regresar a la ciudad hasta después de enero de 1959 y el ejército los cercaba, la gente que simpatizaba con la causa los ayudaba a escapar de ahí e iban y se apostaban en otro sitio.

La cosa duró poco más de un mes, la lucha siguió y la vida misma fue imponiendo otras  maneras de encauzar el dolor: volvieron las acciones de sabotajes, continuaron funcionando los cuatro mimeógrafos para reproducir la propaganda que llegaba, escondidísima, desde Santiago de Cuba y la vigilancia, la ayuda a los heridos que  bajaban de la Sierra Maestra  y el apoyo a las acciones más importantes, no dieron tregua al tirano y sus esbirros.

Sin embargo, hoy, 57 años después de los sucesos infames  del Callejón del Muro, mientras los más bisoños  aprendemos, los mayores recuerdan, los ojos se humedecen y la ira les aflora y alguno, medio al descuido, me dice: “mataron a Frank mija,  parecía que se ahogaba este país”.

 

 

 

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