Las Tunas, Cuba. Domingo 22 de Octubre de 2017
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Perucho Figueredo: poeta, músico y fundador de la Patria

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Una de las singularidades que distinguen a la historia de Cuba es la simbiosis entre las vanguardias política y artística, lo cual se manifiesta, suficiente y brillantemente, en las coyunturas decisivas.

Entre las personalidades que encarnan ese nexo, está Pedro Figueredo Cisneros (Perucho), intelectual relevante y líder revolucionario, conocido, casi únicamente, como autor de la marcha guerrera devenida Himno Nacional.

Se trata de un acontecimiento magno e inolvidable de la historia política y cultural de la Isla, pero este hijo de Bayamo, nacido el 29 de julio de 1819, hace ahora 195 años, también conquistó otros muchos méritos.

En el libro Los silencios quebrados de San Lorenzo, Rafael Acosta de Arriba explica el pensamiento de la llamada generación del 68, y precisa: “La idea necesitaba de pensadores, y Céspedes fue la expresión más alta de esa necesidad.  Aún más, esta idea necesitaba de una eticidad, y esa otra urgencia se satisfizo también con la conducta estoica de aquellos hombres que murieron como héroes homéricos para dotar al país de algo tan necesario como el pensamiento: el honor”.

Dentro de ese colosal esfuerzo de entrega y creación, Perucho ocupa un sitio principal.

Ya en 1851 aparece en una lista de presuntos desafectos a  España, y en el 53 lo llaman a declarar como sospechoso del acuchillamiento del retrato de la reina Isabel II.

Reside en La Habana entre 1854 y 1858, y ocupa un puesto directivo en el periódico El correo de la tarde, clausurado por las autoridades.

En el Bayamo de 1861 lo condenan a 14 meses de arresto domiciliario, debido a que escribió al gobernador superior de la ínsula para manifestar la incompetencia del alcalde mayor de la ciudad. Aprovecha el tiempo estudiando táctica militar, escribe artículos costumbristas y su hogar deviene centro de reuniones.

Perucho se niega, en 1867, a pagar el impuesto aumentado por la metrópoli, y amenaza con fusilar a los cobradores.

Ese año, ingresa en la logia Redención, capta adeptos para la  insurrección, y en su residencia, la madrugada del 14 de agosto, compone la marcha La Bayamesa, la cual estrena al piano, por la noche, luego de asegurar: “Ha llegado la hora de que levantemos nuestra hombría ante la patria atribulada demostrando que somos dignos de ella”.

El 11 de junio de 1868, el gobernador de la urbe  pide explicaciones a Figueredo y no queda convencido con la respuesta, porque sospecha que la música interpretada ese día por la orquesta del maestro Manuel Muñoz, en la fiesta del Corpus Christie, no tiene nada de religiosa.

Su autoridad resulta vital en la continuación de la guerra, tras el estallido de La Demajagua y en la frágil unidad del grupo dirigente.

El 13 de octubre, lidera varios levantamientos patrióticos en los alrededores de Bayamo, y frente a propuestas pacificadoras de comisionados del gobernador de la ciudad, responde: “Yo me uniré a Céspedes y con él marcharé al cadalso o a la gloria”.

Liberada la localidad  por tropas insurgentes, incluyendo la columna de Perucho, el día 20 el pueblo estrena la letra del futuro himno, llevada al papel por este prócer, en medio de la alegría que provoca la victoria.

Nombrado jefe del Estado Mayor del Gobierno Provisional, él participa en los numerosos acontecimientos. El 11 de enero de 1869 encabeza la reunión en que se decide incendiar la urbe antes de abandonarla, y a la mañana siguiente prende fuego a su mansión.

Enfermo, tanto que prácticamente no puede caminar, cae prisionero el 11 de agosto de 1870, cuando la debilidad física le hace fallar en el intento de suicidio.

Tras un precipitado consejo de guerra, en Santiago de Cuba, responde con entereza al mensaje del Conde de Balmaceda, quien le ofrece el perdón de la vida si promete no combatir más contra España.

El 17 de agosto no puede caminar, solicita un coche que lo lleve al lugar de fusilamiento y cuando burlonamente le ofrecen un asno, riposta: “No será el primer redentor que cabalga sobre un asno”. Sus últimas palabras son: “¡Morir por la patria es vivir!”. (Martín Corona JerezAgencia Cubana de Noticias)

 

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