Las Tunas, Cuba. Sábado 21 de Octubre de 2017
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Amor sin diferencias

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Manuel junto a sus padres y hermana en uno de los momentos más importantes de la familia, los quince de la pequeña de casa.

Manuel junto a sus padres y hermana en uno de los momentos más importantes de la familia, los quince de la pequeña de casa.

Las Tunas-.  Manuel Antonio Ferra Ballester es un joven dichoso; se sabe amado y comprendido, porque sus padres han hecho prevalecer el  respeto y la armonía de la familia ante siglos de prejuicios y machismo.

Ahora tiene 23 años, pero desde los 16 todos en casa saben  que es  gay. Lo dejó plasmado en una nota, encima de la mesa del comedor, porque le intimidaba la reacción de sus progenitores, sobre todo, su padre, que siempre le dijo que debía ser macho, porque él había hecho un varón.

Partió de casa tras su verdad, pero esa “mujeraza”  que es su madre Dinia, fue en busca del hijo amado y lo trajo de vuelta, aunque el hogar estaba  embargado por el dolor y la desesperación de una realidad:  su pequeño era homosexual.

“Desde que comencé en la secundaria me di cuenta de mi orientación sexual; me di cuenta porque sentía atracción por los profesores, los estudiantes,  hacia mi propio sexo”.

Manuel, ¿cómo fue tu niñez?

“Tranquila; un niño mimado de casa; todo el tiempo el niño bonito, bueno, limpio; el que no andaba descalzo; el que lo tenía todo. Fui el primer nieto; el niño adorado; todavía hoy lo soy”.

Dinia Ballester ha sido un sostén seguro para Manuel, quien siempre recibió de su madre todo el apoyo y la comprensión.

“Cuando comenzó la adolescencia me empecé a dar cuenta; no me gustaba que saliera, que tuviera relaciones con muchachos, que era lo que hacía fundamentalmente. Cuando decidió irse de la casa yo lo fui a buscar y empezamos a cambiar la vida porque había que darle otro tratamiento; el miedo a que la familia lo fuera a rechazar; al principio el papá no asimilaba mucho, no quería entender.

“Lo que sí yo le converso mucho es que sea reservado, no exponerse porque la sociedad no asimila la igualdad de sexo; a él lo ven como algo anormal, pero yo tuve que cambiar la mentalidad, imponer que es mi hijo, que no lo podía abandonar, porque si no quién se iba hacer cargo de él”.

“Yo estoy al tanto de él, de la protección, de la relación que tiene; trato de conocer cuál es la pareja que tiene y lo que le digo es que no haga manifestaciones en la calle, porque es una relación igual que la del papá y yo, pero en la intimidad, no es para que se esté exponiendo en la calle”.

Al pedido de su madre Dinia, Manuel asiente que por ser homosexual no hay por qué hacer grupos, ni escandalizar en la calle, porque hay muchos que están fuera de la sociedad y creen que son un mundo aparte.

“Tienen que unirse a la sociedad, porque nosotros vivimos con la sociedad. Ser homosexual no es una enfermedad, es algo que se nace con ello. Yo, por ejemplo, siempre tengo presente que por muchos problemas que uno tenga, al trabajo se llega con una sonrisa y por eso me gano el respeto de todas las personas que van a mi centro de trabajo”.

Dinia, ¿cómo ve la familia a Manuel?

Manuel para la familia es normal, todo el mundo lo ha asimilado porque es que él se hace querer; lo seguimos queriendo igual.

El joven asegura que adora a su familia y seguirá para adelante porque lleva su orientación homosexual con mucha dignidad y trata todos los días de ser una persona mejor.

¿Cuáles son tus sueños?, le pregunto ahora al muchacho:

Tengo uno solo y es llegar a ser alguien grande, un orgullo para mi familia.

Los ojos de Dinia cobran un brillo especial, y expresa que está orgullosa porque su hijo se preocupa por la familia, la ayuda mucho y siempre está dispuesto para lo que lo necesiten.

“Espero que sea un hombre de bien, que trabaje, que tenga un futuro y que conviva con nosotros y nos pueda ayudar, porque otra cosa no puedo pedirle. Al final es hijo y hay que quererlo como los otros y entender la situación en que está; para ellos es difícil, que a veces llega a ser hasta tortuoso”.

Manuel es un chico protegido por el amor de la familia, el respeto a su diversidad sexual y la condición de ser humano que los suyos imponen a siglos de conductas patriarcales y excluyentes.

Hoy camina las calles con la frente en alto, sin descuidar el único pedido de su padre: vestir y peinarse como caballero. Los clientes de la Pizzería IL Scudo de la ciudad de Las Tunas conocen el esmero de este joven de voz pasiva, lleno de bondad y nobleza.

/edc/

 

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Sobre Darletis Leyva González

Periodista, graduada de la Universidad de Oriente. Se desempeña como reportera con excelentes resultados en su gestión diaria. Es aguda en sus trabajos de opinión. Una de sus características es contar historias de vida en la que el factor humano está siempre presente. Atiende los temas de salud, entre otros. Miembro de la Unión de Periodistas de cuba, premiada en varios concursos. @DarletisLG

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