Lecturas

Los ciclones por dentro

A 1494, cuando el Almirante Cristóbal Colón observó su primer “huranken”, se remonta la historia ciclónica de Cuba si bien las estadísticas registran los ocurridos de 1900 a la fecha.

Los apuntes del marino europeo en el golfo cubano de Guacanayabo ya describían el halo amenazante de tales fenómenos, hoy en la mira de las ciencias dado el influjo directo del cambio climático en su comportamiento, advierten expertos del Centro meteorológico del occidental territorio de Pinar del Río.

Se trata de enormes torbellinos de hasta 800 kilómetros de diámetro, en los cuales giran fuertes vientos alrededor de un centro de bajas presiones acompañadas de intensas lluvias, durante la etapa del primero de junio al 30 de noviembre, fundamentalmente, apuntan esas fuentes.

Su clasificación la realizan los meteorólogos de acuerdo con la  magnitud de la fuerza eólica, como depresión tropical, tormenta tropical hasta huracán, en alusión a su raíz en lenguaje aborigen, en las categorías comprendidas en la escala Saffir-Simpson (de la UNO a la CINCO).

Entre los cubanos subsiste la creencia de que Pinar del Río, la más occidental de las provincias, es la ruta preferida por los también conocidos como ciclones, ya que en el periodo de 112 años por encima de 150 han azotado esos dominios de modo directo o indirecto, incluso en varias temporadas dos en el mismo mes.

De acuerdo con expertos, el huracán Gustav, tercero más potente de la historia, el 30 de agosto; seguido de Ike, el nueve de septiembre, constituyeron en 2008 la combinación de meteoros más devastadora vista en el país.

Según el tabloide de Ciencia y Medio Ambiente, la actividad ciclónica en el área del Atlántico, Mar Caribe y Golfo de México está asociada a una escala multilateral de una duración promedio de 20 a 30 años, en los cuales se presentan tiempos de gran dinamismo y otros de calma, en dependencia de diferentes factores.

Ello tiene su origen en cambios observados por etapas en la llamada circulación termohalina, que enlaza a todos los océanos del planeta.

Las transformaciones en la temperatura y la salinidad de esta corriente son semicíclicas, por tanto la existencia de condiciones de más calidez favoreció desde 1995 la mayor actividad meteórica,  así como la  intensificación de muchos, de la fuerza de Lili, Isidore, Wilma, Iván, y Gustav.

Sin embargo, la propia concatenación de eventos, entre ellos el aumento de las precipitaciones, disminuye gradualmente la salinidad y el calor marino, con el consiguiente impacto en la reducción del dinamismo ciclónico, hasta incrementarse luego nuevamente.

Otros factores influyentes en su intensidad son el poco cambio en la velocidad y dirección de los vientos en altura, la ausencia del evento El Niño y una menor influencia de polvo del desierto del Sahara o masas de polvo procedentes de África.

Desde el punto de vista práctico, Cuba está preparada con la legislatura para casos de desastres naturales u otras catástrofes, el eficiente actuar del cuerpo de la Defensa Civil y la experiencia popular. (Elena Milián Salaberri, Agencia Cubana de Noticias)

 

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