Gente

Y Élida, sin medias tintas, ¡se retiró!

Elida
Elida Rojas. (Tiempo21 Foto/Angeluis)

Las Tunas.- Todo  comenzó como una suerte de rumor dudoso por entre las máquinas y el aparataje del área informativa de radio Victoria: se retira Elida.

¿Tú crees?, decían algunos, ¡no mija,  qué va!, sonreían otros; es que eso ya lo han dicho muchos  en edad de retiro y están ahí para hacer el cuento,  o lo han hecho  (el cuento)  durante años antes de decidirse.

Que sí, que es verdad,  que se retira Elida  -me confirma una de sus más cercanas  colegas de labor-, dice que está cansada, que quiere estar más en la casa,  dedicarse a los suyos, son muchos años en la redacción y el día a día de este trabajo no tiene  nada de fácil.

Es cierto, pero ¿se retira Elida?, a mí me cuesta imaginar a  esa chiquitica peleonera alejada de la dinámica de la redacción, de la fascinación de las  madrugadas haciendo los boletines de la revista mientras  se alista a buscar una tacita de café en la esquina y te regala el refunfuño o la sonrisa  primera del día, en dependencia de para dónde sople el viento.

Una vez me dijo que “los dolores no pueden dejarse llegar al corazón” y a ella misma le han llegado algunos en sus  más de 35 años de trabajo pero, Dios mediante, han  sido los menos y apostar por ayudar al otro en lo que se puede siempre, forma parte de su máxima de vida.

Dueña de un verbo directo, directísimo, que hace que las palabras se le agolpen en la garganta y te quiera hablar con  los ojos, con las manos y  hasta con el silencio mismo cuando “decir” no le alcanza para “hablar”, ella deja un sabor grato y un sinfín de anécdotas en nuestros pasillos.

Pero, ¿no se va a  morir,  verdad?, podría decir usted ante la solemnidad de estas líneas; pues, claro que no; pero no estará más en medio del barullo de las reuniones de trabajo, el boletín que se entrega en el último minuto y los avatares cotidianos ante las carencias diarias: que si la corriente se fue guardando el documento, que si la impresora se trabó y había que imprimir lo importante, que si… tantas cosas.

Su  tiempo de hacer, de esta manera de hacer, se está acabando; ella lo decidió y punto.

Por eso, mientras la jornada del 30 de junio de 2014 transcurría calurosa y plácida por esta pequeña comarca del oriente cubano, se despidió, dijo adiós y sin llantos, nostalgias, ni remilgos, salió a la calle a comenzar a vivir de manera distinta el día tras día de su existencia,  preñada del embrujo  feliz de la gente que ama, a su lado, para andar. ¡Felicidades!

/mdn/

 

Artículos relacionados

Renael González: soy el hombre, vengo de todos y voy a todos

Yami Montoya

Hacer por el bien colectivo, la gran dicha de Onelia  

Esnilda Romero Maña

Liván y Mily, extraordinaria pareja

Yenima Díaz Velázquez

Enviar Comentario


cuatro + = 5