Opinión

¡Ay, Dios, si existieras, fueras todopoderoso y bueno…

Después de más de seis décadas de existencia, muchos pecados y acciones caritativas, abundantes  lecturas religiosas y paganas e incontables horas dedicadas a dolorosas meditaciones solitarias, llegué a la angustiosa conclusión de que Dios no existe.

La definición fue así, sencillamente, a puro sentido común:

i Si fuera verdad que Dios existe, fuera mentira que es todopoderoso.

Si fuera verdad que es todopoderoso, fuera mentira que es bueno.

He respetado, y respetaré por siempre, a los religiosos de buena ley, a los que realmente confían en el “más allá” y lo hacen con la buena fe de salvar a todos los pecadores, a quienes he recibido en mi casa, incluyendo hasta a los grandes pecadores como yo, si es que un día nos arrepentimos de serlo.

Pero la vida me ha demostrado que no debo ser creyente.

Hice un análisis de mi existencia, en grandes trazos, y me di cuenta, un poco sorprendentemente, de que no podía comprender el porqué un hombre joven y fuerte le introducía una bayoneta en el vientre a una vietnamita embarazada y acababa no solo con su vida, sino, también, con la de un bebé que apenas había nacido. Eso lo vi por la televisión, cuando era muy joven, hace cerca de medio siglo.

Luego, ya siendo un hombre, vi, leí y oí, veo, leo y oigo muchas noticias sobre los ataques a Afganistán, Irak y, ahora mismo, a la franja de Gaza, donde mueren y viven, si es que a eso puede llamarse vivir, los pobres palestinos.

Pensé, entonces, en que esos ataques indiscriminados, brutales, inhumanos, salen de Israel, el  territorio en que nació Nuestro Señor. No lo culpo, pero, vaya paradoja.

Ya había pensado en esto antes, apenas unas horas antes, cuando el colombiano Camilo Zúñiga le clavó una rodilla, según él dijo a la prensa “sin la intención de hacerle daño”, a Neymar, en el centro de la espalda, con lo que  estuvo a punto de dejar inválido a uno de los más grandes jugadores del momento y (Camilo) se convirtió, aunque no se reconozca así, en el hombre más lamentablemente célebre de la recién finalizada Copa Mundial de Fútbol.

Se me llenó la copa con la Copa.

Si Dios existiera, fuera todopoderoso y bueno…  ¿ permitiría cosas como esas ?    

Lamentablemente, me convencí, apenas 170 años después, de que Carlos Marx tenía razón. Evidentemente, él era un genio y yo un incuestionable mequetrefe, que ahora se limita a apoyar su indiscutible conclusión de que “la religión es el opio de los pueblos”.

/mdn/

 

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3 comentarios

Diana 28 julio, 2014 at 16:30

Sin ánimos de predicarle un sermón, estimado colega le hago saber, no por fanatismo religioso, ni condición de defensora a ultranza de una postura absurda, como el que consume opio para evadir la realidad que lo circunda. Dios existe, si Señor, y lejos de esconder su mano TODOPODEROSA, se hace más visible cada día. El soldado clavó la espada en el vientre de la vietnamita no porque Dios no exista sino porque de naturaleza somos malos, imperfectos, pecadores, aborrecibles, “raza de dura cerviz” como alega la Biblia. Le recomiendo, sino quiere por fe, al menos por cultura, que lea el libro de Apocalipsis, el número 66 de la Biblia, para que entienda de la maldad de los hombres y su castigo.
Sin mas
Respetuosamente
Diana

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