Las Tunas, Cuba. Martes 24 de Octubre de 2017
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Los gangá y arará de Cuba

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Matanzas, Cuba.- La llegada de africanos a Cuba tuvo una duración de casi cuatro siglos basada en la trata esclavista, que en sus comienzos fue en pequeñas cantidades en correspondencia con las necesidades de la economía colonial.

El arribo de pobladores del llamado continente negro a la isla alcanzó sus cotas más elevadas en la primera mitad del siglo XIX, con el propósito de satisfacer la demanda de fuerza de trabajo en plantaciones azucareras y cafetaleras.

Es prácticamente imposible calcular una cifra exacta de los hijos de África introducida en la mayor de las Antillas, y el estimado más aceptado por especialistas es el de un millón 300 mil originarios prácticamente de toda la región subsahariana.

Un texto de Juan Antonio Alvarado destaca que el proceso de transculturación, el cual diera como resultado la formación del pueblo cubano y de su cultura, se explica por la gran cantidad de grupos étnicos traídos a tierras de esta nación caribeña.

A mediados de la centuria decimonónica, la occidental provincia de Matanzas despega en el desarrollo de los plantíos de caña de azúcar con el trabajo esclavo y el territorio pasó a convertirse en un emporio azucarero.

Según el folleto Páginas Matanceras, de la oficina del historiador de la ciudad cabecera homónima, la región elaboraba en esa época algo más de la mitad del grano dulce que fabricaba el país y cerca del 10 por ciento de la producción mundial.

El pasaje escrito por Alvarado reconoce que los elementos religiosos de origen africano ocupan un lugar destacado en Cuba, mezclados con otras expresiones devotas como el catolicismo.

Las prácticas de creyentes -abunda- “desempeñaron también una función importante en la preservación de otras manifestaciones culturales como los cantos, la música y las danzas”.

MUNICIPIO DE PERICO, SUS GANGA Y ARARA

Perico es uno de los 13 municipios en la provincia de Matanzas, abarca una superficie de 278,92 kilómetros cuadrados, con la ciudad principal del mismo nombre, a unos 180 kilómetros al centro/este de La Habana.

Se funda entre 1845 y 1850 como resultado de la producción azucarera, y su nombre se deriva de la existencia, a unos dos kilómetros de la actual cabecera municipal, de una bodega y una panadería, cuyo propietario era conocido como el viejo Perico.

El robo del establecimiento y el asesinato de su dueño, en 1874, dejaron la herencia del nombre a toda la zona, y aunque el Ayuntamiento en 1885 le cambió el calificativo, en 1899 otro acuerdo le restituyó el primitivo apelativo de Perico.

Desanda sus calles en la actualidad, ayudada por un bastón, Magdalena Mora “Piyuya”, de 85 años de edad, quien recorre la comarca para comprar la prensa y echar una caminata que la ayude a mantenerse activa porque, “no puedo estar dentro de la casa”.

“De chiquita yo era muy pilla y muy impertinente, por eso mi madre me puso Piyuya. Fui muy enfermiza pero no por brujería, sino porque me cayó del cielo. A pesar de eso estoy satisfecha de la vida”, comenta desenfadada a Prensa Latina.

Al conocer mi interés por los Gangá de Perico, sitio donde único se mantiene viva en Cuba esa tradición y ritual africano, asegura que “nadie me puede poner un pie delante”.

“Me gustó siempre la canturía, la décima y desde pequeña, metiéndome en las ceremonias, y con mucho respeto por los mayores llegué a conocer sobre esto y lo mantendré hasta que me llegue la hora”, asegura.

“El toque de santo del Gangá se diferencia bastante de otros. Es más suave, tiene tres etapas, empieza con suavidad y termina más arriba”, explica Piyuya.

“Aunque empecé en estos trajines tocando la campana, oyendo los cantos los aprendí rápidamente, los quiero mucho y los defiendo porque esa es mi raíz y los mantendré hasta la hora de ir al paseo del que no se regresa”, refiere con pícaro humor.

Sostiene que bebió de la savia aportada por la esclava Josefa y de la biznieta de ésta, Florencia Diago, quien a su vez fue la madrina religiosa de Piyuya, ambas con asiento en la localidad periqueña de Santa Elena donde funcionó un central azucarero.

“Algunos cantos se me han olvidado pero me acuerdo de muchos ya que son bastantes. El que más tiene es San Lázaro (Yebbe en Gangá). El canto lleva también un rezo y se le dedica a los difuntos, a los muertos”, explica Piyuya.

“Yo me atreví a cantar desde pequeña a pesar de que a los viejos de antes no le gustaba”, añade.

A principios de la década de los años 1960 surge el grupo musical de Gangá, donde la entrevistada era su alma y guía.

Por azares y gracias al trabajo de una académica australiana, los Gangá tuvieron contactos personales con una alejada comunidad de Sierra Leona donde sus ancestros fueron vendidos como esclavos 170 años atrás.

Hacia la intrincada aldea de Mokpangumba de unos 500 habitantes de esa nación africana viajaron en marzo de 2013 cuatro integrantes de la agrupación musical, entre ellos la bailarina Elvira Fumero.

“Me aportó mucho para poder conocer sus cantos. Me impresionó la gente, muy buena, comunicativa, viven en malas condiciones. Estuvimos 18 días y en sentido general fue un viaje maravilloso y nos trataron muy bien”, asegura Fumero.

“Se llevaron grabaciones nuestras empleadas en nuestra presentaciones que fueron asimiladas allá. Yo canté cosas que ellos respondieron bailando y cantando”, destaca.

Por ejemplo -recuerda- el estribillo “Ae Ae, Yumbo Yamba”, alude a una yerba empleada en esa región para curar la malaria, la gripe y la conjuntivitis.

Alfredo Duquesne, un artista cuyas obras están inspiradas en temas africanos, al frente de la Casa Fundamento (Templo) y dentro del cuarteto de viajeros, señala que la visita a Sierra Leona le cambió todo con respecto a sus orígenes.

Los descendientes de Arará, por su parte, están asentados en las regiones de Agramonte, Jovellanos y Perico y en esta tercera zona tienen su Casa Fundamento, cercana a los sucesores de la anterior etnia.

Estudiosos señalan a Florentina Zulueta, originaria de la antigua área del Dahomey, actual Benin, donde fue capturada con sólo 15 años de edad, como la iniciadora de esta vertiente en la zona de Perico.

Florentina adquirió su apellido, práctica común en aquella época, del que sería su amo, Julián de Zulueta y Amondo, Marqués de Álava, reconocido mercader de esclavos y entre los que manejaban el contrabando humano del Caribe y del sur de Estados Unidos.

El actual patriarca de la arará de Perico es Víctor Angarica y su hija, la ingeniera minera Midialys, nos sirve de cicerone en nuestra visita a la Casa Templo.

“Los cantos arará dan avisos para guerrear, pero también a la tranquilidad, a resistir. Los tambores deben ser tocados por hombres y se transmiten de generación en generación”, abunda.

“La percusión es con vaquetas, se tocan en ceremonias religiosas y se nombran mula, caja y cachimbo”, agrega.

Según nuestra guía hay similitudes en el léxico, los dioses y atributos religiosos inter etnias, y precisa que los primeros tambores arará entraron al territorio matancero por el puerto de Cárdenas, situado en la costa norte.

“El baile es libre en dependencia del ritmo. A mi juicio nuestro principal reto es que se mantenga y no se pierda o muera esta tradición”, subraya Midialys. (Wilfredo Alayón /Prensa Latina)

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Sobre Redacción Tiempo21

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