Las Tunas, Cuba. Domingo 22 de Julio de 2018
Home > Opinión > ¿Riesgo de salud, y por qué a mí?

¿Riesgo de salud, y por qué a mí?

Share on FacebookTweet about this on TwitterShare on Google+Email this to someonePrint this page

Las Tunas-. Ayer, casi llegando a la casa después de un día de intenso trabajo, encontré a una vecina medio ofendida porque le habían “robado tiempo de la mañana en eso de ponerle una vacuna y ella ni sabía bien  para qué enfermedad era y tenía un montón de ropa para lavar”.

Enseguida pensé en su única hija, doctora de profesión y amante desmedida de las buenas prácticas de salud, pensé también en el celo de esa propia  vecina con su nieto de nueve años y me sonreí: así somos los cubanos, “esas cosas le pasan al otro, nunca a nosotros mismos”.

Y aunque es cierto que en los últimos períodos hemos ido ganando en percepción de riesgo ante diversas afecciones de salud, es también un hecho que históricamente delegamos en la atención primaria y otros centros asistenciales la solución de las dolencias y que todavía vemos como fastidio la intromisión en nuestros espacios para “molestarnos con la muela de lo que hay que hacer”.

En estos meses, en los que  mantener a raya la proliferación de vectores, evitar criaderos y alistar espacios para que no se reproduzca el Aedes aegypti  se vuelven metas cotidianas tan importantes me sorprende mi vecina (universitaria, católica y muy pulcra, para más señas) con un discurso anticuado y carente. ¿Por qué?

Conversando después con  la doctora de uno de los consultorios del médico de la familia del policlínico Piti Fajardo, de esta ciudad por triste que resulte, supe que el caso es más frecuente de lo previsto y que, en no pocas ocasiones, son las personas de mayor nivel de  instrucción las que tienen más “peros”  que mostrar ante el seguimiento de salud.

Los hay que prefieren padecer en la casa antes que ir a una consulta por miedos que dan risa – me dijo la médica- y están los que hay que corretear por la vivienda de los tíos y los primos para reactivarle una vacuna o ponerles la inyección de un tratamiento.

Y si te hablo de la prueba citológica – concluyó- y las veces que hemos tenido que hacer papeles  oficiales con firma y fecha para que algunas mujeres lleguen un momentito al consultorio y hacerles esa valiosa práctica para su calidad de vida, no me lo ibas a creer.

Y pienso,  sí, es como para no creer; es hasta  irrespetuoso, inmaduro;  de seguro si la vacuna fuera para el niño le diría algo así como: “es por tu bien mi amor, un pinchacito y ya, no te enfermas más y puedes ir a la playa”. ¿Y nosotros, somos  inmunes  ante todos   los padecimientos?

Por eso me gustó  tanto la respuesta que le dio a mi vecina su propio marido ayer en la tarde, él  escuchaba paciente sus reclamos en medio de la acera nueva y le dijo: “esa eres tú que te has vuelto medio bruta, porque a mí, ojalá ya inventen una vacuna contra el chungadunda ese que anda (haciendo alusión al virus de Chikungunya, con seis  casos reportados en Cuba) y me la pongo también, que la cosa está muy dura para también uno enfermarse”.

/mdn/

 

Share on FacebookTweet about this on TwitterShare on Google+Email this to someonePrint this page

Sobre Esther de la Cruz Castillejo

Periodista. Licenciada en Comunicación Social en la Universidad de Oriente. Máster en Ciencias de la Comunicación por la Universidad de La Habana, 2009. Diplomada del Instituto Internacional de Periodismo José Martí, de La Habana. Desde su graduación se desarrolla profesionalmente en Radio Victoria y se desempeña como reportera para atender los temas de la educación. Es miembro de la Unión de Periodistas de Cuba. @vozcubana

Comentar

Su dirección de correo electrónico no será publicada.Los campos necesarios están marcados *

*


seis − 6 =