Verdades irrefutables

Los círculos infantiles constituyen un logro indiscutible en la educación y protección de los niños cubanos.
Los círculos infantiles constituyen un logro indiscutible en la educación y protección de los niños cubanos.

Entre las verdades irrefutables  que no alcanzan a ver los enemigos de la Revolución cubana, siento gran orgullo al hablar de los programas en defensa de la niñez y la juventud, uno de los tantos  hechos que muestran la fortaleza de Cuba y una de las alegrías que otros países no pueden tener, porque para nosotros, los pequeños son el principal tesoro.
La Revolución ha creado todo un cuerpo legislativo dedicado a garantizar la supervivencia, desarrollo, protección y participación de la población más joven. Escolarización universal y gratuita, una tasa de mortalidad infantil inferior a la de países desarrollados y la vacunación masiva contra 13 enfermedades que son flagelos para otras naciones, son algunos de estos logros.
Es cierto que todo no está hecho. Cada día el Estado y el pueblo se esfuerzan porque, más allá del bloqueo de Estados Unidos y la crisis económica mundial, las nuevas generaciones tengan la posibilidad de desarrollarse y crezcan en un ambiente amable y franco, en el que lo más importante sean sus sonrisas.
Otra no puede ser la conclusión cuando se sabe que en la actualidad millones de infantes en el mundo viven en la pobreza, y otros tantos entre cinco y 14 años trabajan en países del Tercer Mundo y no reciben educación y padecen lesiones causadas por la violencia y los conflictos armados.
Bien diferente es la situación de los niños cubanos, verdades que los enemigos del Imperio y de los derechos humanos ocultan, a pesar de que los indicadores sobre el tema aparecen en informes anuales de organismos internacionales.
Conocido resulta el extraordinario esfuerzo en la reparación y construcción de  escuelas, en aras de garantizar aulas con no más de 20 alumnos, así como los excelentes resultados en la atención educativa en edades tempranas, a través del programa Educa a tu hijo, y de los círculos infantiles.
Para garantizar la supervivencia, desarrollo, protección y participación de la población más joven, surgieron los Códigos de la Familia, del Trabajo y de la Niñez y la Juventud,  la ley de la maternidad, con extraordinarias ventajas para la madre y sus hijos y, también la Constitución de la República.
Esos indicadores no son casuales: cada infante cubano está protegido contra dolencias, como por ejemplo, la poliomielitis, tuberculosis, difteria, tétanos, tos ferina, sarampión y hepatitis, entre otras, que constituyen plagas en muchos países de América Latina y África.
Los datos no mienten y los padres no nos dejarán mentir. Aquí está la verdad, reflejada por muchos como un llamado del Héroe Nacional de Cuba José Martí para que los niños y las niñas sigan siendo la esperanza del mundo.
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