Las Tunas

Un tesoro en el bosque

Un tesoro en el bosque
Los forestales de Las Tunas trabajan para exportar este año la cifra récord de tres mil 500 toneladas de carbón vegetal.

Las Tunas.- El viejo Eulogio Ramírez concluyó el ordeño, abrió el rastrillo y las reses se desparramaron por el potrero, al amparo de la hermosa arboleda en que ha convertido su finca, allí en Camajuarí, un pequeño caserío a orillas de la vieja carretera que une al norteño municipio de Manatí  con esta ciudad, capital de la provincia de igual nombre, 690 kilómetros al este de La Habana.

Apoyado en el poste madre de la cerca, Eulogio echó la vista de izquierda a derecha, saboreó el paisaje, recordó a su abuelo, eterno buscador de botijas y tesoros en cada tronco de árbol, y suspiró satisfecho, mientras pensaba: “Yo sí descubrí un tesoro, ¡caramba!”

Tan contento como el viejo Eulogio, el ingeniero Jorge Luis Padilla, director de Producción y Técnica de la Empresa Forestal Integral (EFI) de esta provincia, expuso a Tiempo21 los resultados que hacen de su entidad una de las mejores con que cuenta el Grupo Empresarial de Agricultura de Montaña (GEAM), adscrito al Ministerio de la Agricultura (Minag).

Según Padilla, desde junio del pasado año hasta el cierre de mayo último los forestales tuneros exportaron cuatro mil 200 toneladas de carbón vegetal, 770 por encima de lo previsto y un 30 por ciento más que las vendidas en el mercado extranjero en similar etapa anterior. Se trata del combustible de ese tipo con la mejor calidad entre todo el comercializado por Cuba en divisas, de acuerdo con el aval emitido por el Ministerio de Colaboración Económica y la Inversión Extranjera.

La EFI de Las Tunas también consiguió la certificación del 63 por ciento de las plantaciones fomentadas en 2011, proporción nunca antes alcanzada en el territorio, superior a la media nacional y demostrativa de que cada tres años las siembras van convirtiéndose en bosques.

En el período de referencia, los forestales de esta zona del oriente cubano sobrepasaron la producción de madera en bolos y aserrada, y entregaron mil 700 metros cúbicos de tablas y vigas para apoyar diversos programas de desarrollo socioeconómico, como la construcción de viviendas, hospitales y otras edificaciones, y sustituir así la importación de costosos materiales.

Sin embargo, aún los resultados en la repoblación forestal son insuficientes, máxime si se tiene en cuenta que esta es una de las provincias cubanas más deforestadas y la de menor promedio anual de lluvias.

Respecto al comportamiento de la economía, la EFI cerró los últimos 12 meses con ventas superiores a los 11 millones y medio de pesos, unos 900 mil más que los programados; sus trabajadores incrementaron la productividad en el 18 por ciento (14 mil 704 pesos, promedio) y devengaron cada uno cerca de 100 pesos más que al cierre de mayo de 2013.

No obstante, la gestión económica podría ser más eficiente, sobre todo a partir del aumento de las exportaciones de carbón y la supervivencia y establecimiento de las plantaciones, que, acorde con el pronóstico revelado por el ingeniero Jorge Luis Padilla, deben equivaler en 2015 al 86 por ciento de los árboles sembrados en 2012.

Una finca jardín

Maribel Bernal Pozo tiene a su cargo una finca que ha abonado con ternura y con sudor a lo largo de 19 años. Ubicada en el municipio de Majibacoa, a unos 12 kilómetros de esta capital provincial, su base productiva ha recibido los más altos premios otorgados por la Asociación Cubana de Técnicos Agrícolas y Forestales (Actaf), el Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente (Citma) y otras prestigiosas organizaciones.

–Nací en el campo y me gusta vivir rodeada de árboles; también siembro plantas de jardín y todo tipo de frutas –confesó Maribel a Tiempo21, durante un recorrido de este diario digital por unidades forestales de toda la provincia.

“Mi finca se hizo manualmente, a golpe de piocha y azadón, un trabajo muy forzoso, sobre todo para una mujer –dijo y sonrió, como contenta de haberse sometido a prueba ella misma”.

A la pregunta de cómo transcurre un día normal en su vida, esta mujer de tez blanca, pelo artificialmente rubio, bien cuidado, y pronta sonrisa, respondió con naturalidad y rapidez:

–Yo vivo todo el tiempo en mi finca; hay que atenderla permanentemente; ponerle mucho amor: Maribel mujer, Maribel madre, Maribel esposa, Maribel finquera… Es algo muy difícil y complicado, pero hermoso a la vez.

Con la chispa siempre encendida

Danilo Morales Hernández es uno de los carboneros más productivos de Las Tunas. Residente en el municipio de Jobabo, aprovecha la abundancia de marabú que hay en esa zona del sur para fabricar un combustible de excelente calidad, a la vez que libra el terreno de ese arbusto, convertido en una plaga muy difícil de controlar.

–Prefiero trabajar solo; aunque eso me obligue a cortar la leña, acopiar la yerba y la tierra necesarias; armar, encender y cuidar el horno, y, finalmente, sacar yo mismo el carbón y entregarlo para su venta –afirmó el laborioso obrero–. Pero me gusta ese oficio. Además, se paga bien: mensualmente cobro unos tres mil 250 pesos cubanos en las dos monedas que circulan en el país. Me siento satisfecho.

Y es que cada uno de los cerca de mil 400 trabajadores con que cuenta la Empresa Forestal Integral de Las Tunas ha encontrado su propio tesoro en el bosque, una riqueza que va más allá de lo meramente material y el dinero, y que, a decir del ingeniero Jorge Luis Padilla, determina ese gran sentido de pertenencia que nos une a todos.

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