Las Tunas, Cuba. Jueves 26 de Abril de 2018
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Un objetivo vital para el desarrollo agrícola y la preservación del medio ambiente

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Un objetivo vital para el desarrollo agrícola  y la preservación del medio ambiente.Hoy, 17 de junio, se celebra en todo el orbe el Día Mundial de Lucha contra la Desertificación y la Sequía, instituido en 1994 por la Asamblea General de la Organización de Naciones Unidas  (ONU) con el objetivo de fomentar la conciencia sobre los riesgos de la sequía y la escasez de agua en las tierras secas y en otras partes del planeta, y subrayar la importancia de mantener suelos saludables y fértiles, como parte del programa de desarrollo sostenible a partir del año 2015.

La efeméride constituye una forma de sensibilizar a la opinión pública respecto a la necesidad de apoyar la puesta en acción y el cumplimiento de la Convención de las Naciones Unidas de Lucha contra la Desertificación y la Sequía, aprobada también en la mencionada fecha.

Para dar una idea de la vital importancia de este problema, baste decir que los procesos de desertificación afectan a más de 110 naciones del mundo y cada año se pierden por sus negativos efectos cerca de seis millones de hectáreas productivas.

En el caso específico de Cuba, la lucha para contrarrestar estos fenómenos adquiere un valor capital, toda vez que tiene a cerca de tres cuartas partes de sus suelos considerados como de baja o muy baja productividad, debido a que están afectados por uno o varios de los factores degradantes, como la erosión, la baja fertilidad, la salinidad, la sodicidad o el deficiente drenaje, entre otros.

Los fenómenos de degradación de las tierras en Cuba tienen una larga y azarosa historia, que se inició con la llegada de los españoles a la Isla, en 1492. Se estima que, en esa ya tan lejana fecha, la Isla tenía cerca de un 90 por ciento de su territorio cubierto de bosques, y en 1959 ese porcentaje se había reducido apenas al 14, lo que indica que, en poco más de cuatro siglos y medio, se taló más de 70 por ciento del patrimonio forestal de la mayor de las ínsulas antillanas.

Aunque existen muchos otros, es precisamente la deforestación el factor fundamental entre los que inician y aceleran los procesos de deterioro de los suelos, pues facilita la acción degradante de vientos sostenidos, fuertes lluvias e intensas radiaciones solares, además de disminuir los promedios de precipitaciones en el territorio que es deforestado.

Claro que el desarrollo de la sociedad trae aparejado el crecimiento de las ciudades y otras instalaciones socio-económicas que ocupan áreas considerables, pero resulta evidente que en proporción la tala de árboles ha sido muy superior a la que normalmente ocasiona ese avance.

Pero la acción del hombre en perjuicio de los suelos no sólo se manifiesta en la deforestación, sino también en el empleo excesivo de la maquinaria, que compacta la tierra y la contamina con derrames de lubricantes y combustibles.

El uso irracional de abonos químicos y de técnicas de cultivo inapropiadas, son otros elementos a tener en cuenta a la hora de analizar la degeneración que sufren los suelos y las aguas por la acción del hombre y los factores naturales.

Durante más de 40 años la Revolución se ha esforzado en la reforestación del país y otras medidas encaminadas a preservar y mejorar la tierra, para protegerla de los elementos degradantes, lo que ha elevado el índice de superficie boscosa de la nación hasta cerca de un 30 por ciento.

Pese a ese empeño, Cuba tiene hoy alrededor del 75 por ciento de sus suelos afectados por alguno de los mencionados factores perjudiciales, y un 14 por ciento de éstos por varios a la vez.

Esa adversidad constituye un problema de primerísimo orden no sólo desde el punto de vista económico, sino también ambiental.

Muy diversas son las medidas que se adoptan para contrarrestarla, entre éstas la constitución de centenares de fincas forestales en toda la nación, el incremento del uso de la tracción animal, los abonos orgánicos y la lucha biológica en sustitución de los fertilizantes y  pesticidas químicos.

También se capacita a los agricultores en técnicas como el laboreo mínimo, el cultivo en forma perpendicular a las pendientes para evitar la erosión y otros métodos que contrarrestan la pérdida de calidad de los suelos.

Si se considera que Cuba es una nación eminentemente agrícola y con un clima tropical que posibilita cosechas durante todo el año, detener la degradación de la tierra cultivable constituye una tarea prioritaria e insoslayable.

En ese objetivo común se enfrascan científicos, agricultores y diversas instituciones encabezadas por el Grupo Nacional de Lucha contra la Desertificación y la Sequía y los ministerios de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente y la Agricultura.

Pero, en mayor o menor medida, desde los que sembramos ocasionalmente un árbol, hasta las grandes entidades agrícolas, todos, podemos contribuir en tan imprescindible e impostergable misión.

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Sobre Hernán Bosch

Periodista. Graduado de la Universidad de Oriente (1974). En ese año fue uno de los fundadores de la Agencia Cubana de Noticias (ACN) en la antigua provincia de Oriente. Trabajó como corresponsal de esa agencia en Santiago de Cuba durante tres años y luego realizó similar función por cerca de tres décadas en la corresponsalía de la provincia de Las Tunas, con una labor destacada en el tratamiento de temas diversos como la agricultura, la salud y los deportes. En 2007 reportó como enviado especial de la ACN los Juegos Deportivos de la ALBA, efectuados en Venezuela. Entre l981 y 1989 laboró en el periódico provincial ”26”, de Las Tunas, donde se desempeñó como jefe de Redacción, jefe de Información y reportero. Está jubilado y es miembro de la Unión de Periodistas de Cuba. @hrbosch

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