Las Tunas, Cuba. Jueves 19 de Octubre de 2017
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Caso de los Cinco: Lo que dijo (y le faltó) a The Washington Post

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La Habana.- El diario The Washington Post publicó recientemente en su edición digital un artículo sobre una jornada de apoyo a tres antiterroristas cubanos que cumplen largas y arbitrarias penas en cárceles de Estados Unidos.

No es la primera vez que esto ocurre, pues en octubre de 2013 el rotativo difundió un trabajo del escritor canadiense Stephen Kimber, quien escribió acerca de aspectos de un caso que ha chocado contra un muro de silencio a lo largo de estos años.

En esta oportunidad el material del periódico abordó el tema a partir del concierto de hip hop del dúo Dead Prez incluido en el programa de la III Jornada de denuncia y solidaridad Cinco días por los Cinco.

“Son conocidos como los Cinco Cubanos, a pesar de que solo tres permanecen en prisión (Gerardo Hernández, Ramón Labañino y Antonio Guerrero). Ganar su libertad es una causa de prioridad nacional” para el pueblo de la nación antillana, señaló el texto, titulado Rapping and Rallying for the Cuban Five.

Pero también es “una cruzada emocional para muchas personas progresistas” dentro de Estados Unidos, acotó el texto al mencionar la asistencia al evento del actor Danny Glover.

Llevaba una gorra de béisbol que decía Cuba -reseñó The Washington Post- y “tenía lágrimas en los ojos cuando se dirigió a la audiencia en Calvary Baptist Church”, uno de los lugares donde sesionaron parte de los eventos del encuentro solidario, celebrado del 4 al 11 de junio en la capital estadounidense.

Glover pidió -añadió el reportero- que al salir de la jornada todos los participantes debían llevarse la comprensión de hacer más por la causa de los luchadores cubanos aún en cautiverio.

Fue, dijo el Post, “un programa de cinco días repleto de paneles de abogados y expertos en política” que debatieron sobre el futuro de las relaciones entre Estados Unidos y Cuba, y los intercambios culturales durante la actual administración demócrata.

Según el artículo, en Washington DC se reunieron “artistas y activistas de 31 países (…) para presionar por la liberación de los ciudadanos cubanos condenados por espionaje en Miami en 2001”.

Pero en este aspecto se equivoca el Post al seguir la misma matriz de opinión de los grandes medios de prensa, porque ni Hernández, Labañino y Guerrero, ni tampoco Fernando González y René González, lo otros dos miembros del grupo, dañaron la seguridad nacional de Estados Unidos.

Varios testigos y especialistas, algunos llevados por el propio gobierno de aquel país, testimoniaron bajo juramento que en este caso no existió siquiera intento de espionaje.

Eso lo afirmaron generales, almirantes y otros altos oficiales en retiro de las fuerzas armadas norteamericanas, entre ellos el general James Clapper, en la actualidad Director Nacional de Inteligencia, mas estos importantes detalles no los abordó el periodista en su artículo.

Le faltó explicar que, incluso, en 2008 la Corte de Apelaciones anuló “las sentencias respecto al Cargo Dos (conspiración para cometer espionaje) y ordenó las resentencias de Ramón, Antonio y Fernando, las que se efectuaron en 2009.

Pero se excluyó arbitrariamente a Hernández (doble cadena perpetua más 15 años) de la posibilidad de ir a una nueva audiencia de sentencia, pese a reconocer que también era aplicable a él.

El documento del Tribunal reiteró más de una vez que en este caso no hubo nada que amenazara la seguridad estadounidense y que, por lo tanto, las condenas dictadas resultaron excesivas y contrarias a la ley.

El diario comentó que la jornada -organizada por el Comité Internacional por la Libertad de los Cinco– coincidió con una semana donde se había arreciado el debate por la decisión del presidente Barack Obama de intercambiar a cinco presos talibanes por un soldado estadounidense.

Precisamente, tanto Stephen Kimber, autor del libro Lo que hay al otro lado del mar, la verdadera historia de los Cinco cubanos, como otros comentaristas, expresaron que “el canje de (Bowe) Bergdahl mostró que este tipo de acuerdos son posibles”, añadió el artículo.

Los presentes en la cita analizaron qué impacto tendría este hecho en el supuesto -enfatizó la publicación- de que la Casa Blanca contemplara una salida al caso de Alan Gross, un subcontratista de la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (Usaid), condenado a 15 años de privación de libertad en Cuba.

El reportero dijo que Gross, encarcelado desde 2009, fue “acusado por actos contra la integridad del Estado por la distribución de los equipos de comunicaciones dentro de la comunidad judía en Cuba”.

Aquí debió ampliar el periodista que ese experto en tecnología de comunicación de larga distancia, que había trabajado en más de 50 países, violó las leyes cubanas y la soberanía, y cometió delitos que en Estados Unidos son muy castigados, como expresara Ricardo Alarcón, entonces presidente de la Asamblea Nacional del Poder Popular (Parlamento).

Las pruebas demostraron la participación directa de Gross en un proyecto del gobierno de Estados Unidos para tratar de subvertir la Revolución cubana con el uso de sistemas de infocomunicaciones fuera del control de las autoridades de la isla.

Una portavoz del Departamento de Estado aseguró a la prensa -subrayó el artículo- que el gobierno estadounidense mantiene su postura en contra de un eventual intercambio de los tres antiterroristas cubanos por Gross.

Los Cinco fueron condenados en 2001. “Uno de ellos, Gerardo Hernández, fue declarado culpable de conspiración para cometer asesinato en relación con el derribo en 1996 de las avionetas (…) pilotadas por miembros de la organización Hermanos al Rescate”, recordó el material.

Hubiese resultado interesante que el periodista se refiriera al voto disidente de la jueza Phillys Kravitch, porque ella argumentó de modo irrebatible contra el cargo tres (conspiración para cometer asesinato en primer grado).

Para la magistrada el gobierno de Estados Unidos no presentó prueba alguna de que Hernández hubiese tenido cualquier relación con el incidente de las avionetas.

A finales de mayo de 2001, cuando casi concluía el juicio de los Cinco, la Fiscalía admitió que estaba dando un paso sin precedente en la jurisprudencia norteamericana, pues pedía modificar sustancialmente el cargo tres.

A pesar de eso Gerardo Hernández fue declarado culpable y le fue impuesta la máxima sanción posible por un delito que él no cometió y por el cual no lo acusaban ya.

El artículo también mencionó que durante el evento anual Cinco días por los Cinco se proyectó el documental inconcluso La Revolución sexual en Cuba, del cineasta Saúl Landau, fallecido en 2013.

Además, se aludió a la manifestación que tendría lugar frente a la Casa Blanca, en la cual participaron más de 500 personas, así como a las actividades de cabildeo en el Capitolio, para llevar el mensaje de este caso a los congresistas.

El periodista recordó que Fernando González y René González son los únicos del grupo de los Cinco que están fuera de prisión y se hallan en su patria después de cumplir la totalidad de sus condenas.

Insistió el articulista en que “en varias ocasiones durante el proceso de apelación, por lo menos un juez federal puso en duda las pruebas contra Hernández y si los cinco recibieron un juicio justo en Miami”.

Y dijo que el abogado de Hernández, Martin Garbus, habló en el evento sobre algunos reporteros de Miami pagados por el gobierno de Estados Unidos para fomentar la cobertura sesgada que impidiera al jurado emitir un veredicto justo.

Casi al término del artículo se cita a José Ramón Cabañas, jefe de la Sección de Intereses de La Habana en Washington, respecto a lo que “significan los Cinco para los cubanos”.

En ese sentido, reseña palabras del diplomático referidas a información que ofreció Cuba a las autoridades de Estados Unidos para colaborar en la lucha contra el terrorismo.

El periodista no lo refleja en su texto, pero el gobierno de la isla le entregó a una delegación norteamericana del Buró Federal de Investigación (FBI) que visitó La Habana en junio de 1998 un abundante dossier documental y testimonial.

La lista de archivos era de 64 folios en los que se aportaban elementos acerca de 31 acciones y planes terroristas contra Cuba, ocurridos entre 1990 y 1998.

Se le dieron grabaciones de 14 conversaciones telefónicas del criminal Luis Posada Carriles, autor de la explosión en pleno vuelo de un avión civil cubano con 73 personas a bordo cerca de las costas de Barbados, en 1976.

Además, los oficiales del FBI recibieron 60 folios con las fichas de 40 terroristas de origen cubano, la mayoría residentes en Miami, entre otros datos.

Sin embargo, lejos de actuar en consecuencia, las autoridades estadounidenses decidieron arrestar a los posibles mensajeros.

El 12 de septiembre de 1998, los Cinco fueron detenidos en Miami y casi al cumplirse 16 años de este hecho Hernández, Labañino (30 años) y Guerrero (21 años y 10 meses, más cinco años de libertad supervisada) permanecen confinados en cárceles federales, muy distantes entre sí.

Los tres están a la espera de que la jueza Joan Lenard -la misma que los sentenció inicialmente en la Corte miamense- se pronuncie sobre sus apelaciones extraordinarias o habeas corpus, el último recurso legal de que disponen.

Entretanto, la presión política crece sobre Washington para generar un movimiento de tales proporciones hasta que le resulte imposible a la administración Obama mantenerlos en prisión, como instó la activista por la paz Cindy Sheehan. (Deisy Francis Mexidor/ Prensa Latina)
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