Crónicas desde Venezuela

Cumplimiento del deber a pesar de las nostalgias

 

Yurianna Castro Rodríguez
Yurianna Castro Rodríguez

La Guaira, Vargas (Venezuela).-  En la bella capital del estado de Vargas, una tunera sueña con sus hijas en las noches y durante el día vuelca en los venezolanos el afecto que inunda su corazón. Por lógica debería estar en su municipio de Majibacoa, trabajando en el policlínico 7 de noviembre, de Calixto.

Pero, los Comandantes Fidel Castro y Hugo Chávez, eternos defensores de los más humildes, decidieron trabajar unidos, a favor de los olvidados históricamente en Venezuela, y Yurianna Castro Rodríguez, identificada con esa causa, dijo sí cuando le pidieron su colaboración como Licenciada en Imagenología.

Llegó al territorio bolivariano en septiembre de 2013 y desde entonces labora en el Centro de Alta Tecnología 10 de marzo, en Vargas, donde se le va cada jornada con una linda sonrisa aunque la nostalgia intente atraparla con el recuerdo de sus dos niñas que hoy tienen 11 y 15 años de edad.

“Mi imaginación vuela hasta Cuba, a la provincia de Las Tunas, hacia el hogar de mi mamá, donde se encuentran mis hijas.  Es algo difícil separarse de la familia; pero, mucho más de los hijos.  Imagina, llegué el 5 de septiembre y el 18 la más pequeña cumplió 11 años. Pero, eso no es todo. En marzo la mayor cumplió 15 años y tampoco pude estar”.

A pesar de la distancia, la joven mantiene una estrecha relación con sus descendientes a quienes llama por teléfono con frecuencia para darles consejos, orientarlas hacia el futuro y disminuir la ausencia.

“Cuando vine para acá, ya yo conversaba mucho con mis hijas, siempre con el respeto de madre; pero, como amigas.  Desde acá yo trato de guiarlas y aconsejarlas de que se porten bien, sobre todo que se cuiden porque la adolescencia es una etapa muy dura”.

Para Yurianna los días son difíciles y largos.  Pero, en ellos además del cumplimiento del deber, siempre encuentra tiempo para seguir atendiendo a la familia.

“Yo me siento verdaderamente útil en este lugar y lo hago a gusto, con un compromiso que va más allá de lo mucho que extraño a las niñas y, por supuesto, a mis padres.  No dejo de pensar en ellos, a pesar de la cotidianeidad de cada día.  Aunque pase mucho tiempo, eso en mí no va a cambiar”.

Las hijas de esta joven tunera saben que su madre está a muchos kilómetros de distancia y que su compromiso moral está muy alto.

“Yo trabajo cada día pensando en ellas, en el ejemplo que puedo darles y consciente de que mis sentimientos hacia ellas no cambiarán aunque estemos un tiempo separadas”.

En Venezuela las mujeres cubanas se crecen cada día y especialmente las que son madres pues acá, a pesar de la distancia, se recuerda a los hijos, se les orienta y se les inculcan valores necesarios para su desarrollo integral y esa es otra forma de seguir construyendo el futuro.

 

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