Las Tunas, Cuba. Lunes 11 de Diciembre de 2017
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Una China de Las Tunas

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Buscar y ponerle pie de foto

Los niños, una de las pasiones constantes de la doctora Yelenis Torres

Las Tunas-. Ahora está en Brasil cumpliendo su segunda misión internacionalista como doctora cubana. Y me confiesa con frecuencia en sus correos cuánto  extraña la sazón de su mamá, las ocurrencias de sus sobrinas y hasta el calor intenso de los mediodías aquellos en los que caminaba y caminaba detrás de un paciente esquivo o en medio de una visita de terreno.

Lidia  con el idioma, aprende a sonreír ante los “macacos”  que se le cuelan en el patio de la casa que ahora habita y se pasa las noches tiritando, “entre dos frazadas y tres edredones”, porque el frío “es muy grande para mí en este pedazo de Minas Gerais”.

Me cuenta cómo ha conocido gente buena por allá, que la han adoptado sin tapujos y también me dice que ha visto, por primera vez, a hombres sin esperanzas.

“Personas  que nunca habían  visto un médico, que me tratan como si yo fuera de cristal – me dice- que caminan y trabajan  la tierra, muy duro, pero no miran al sol; no piensan en mañana, tienen las caras amarillas, tristes, no tienen sueños”.

Es una muchacha de sonrisa fácil, de pocos caprichos y de mucha determinación. Lleva años desafiando a una  enfermedad muy cruel de la que no habla, porque lo tiene todo bajo control y su receta es muy fácil: “ser feliz, amar mi carrera, seguir adelante”.

Tiene una máxima: “las cosas son cuando tienen que ser” y otra más, “si no se me da, es porque no era lo que me convenía, así que hay que seguir y buscar otro camino”.

No es superflua, para nada, y gusta de mirar de frente y respetar al otro. Por suerte, tampoco es perfecta; a ratos, obstinada; por momentos,  desafiante; para muchos,  llega a ser hiriente al decir.

En sus correos hay de todo: nostalgias, orgullos, churrascos, la historia del primer trago de wisky, “imagínate – y parece que sonríe- yo en mi vida había  visto una botella de ron así y además no tomo, sabía rarísimo y dicen acá que era de un tipo muy caro”.

Está el cuento de un parque en el que van por las noches personas a drogarse, le dicen “crackolandia”, queda en Sao Paulo – me cuenta- y son niños, parte el alma verlos que parecen zombis de las cosas que se meten y muchos  amanecen tirados y la policía les pasa por delante y no pasa nada. Es muy duro, muy duro”.

Pero no todo es duro, está aprendiendo mucho, creciendo mucho y haciendo algo por esta América intensa y fuerte como ella misma.

Estoy segura de que por allá les cuenta de los suyos, les habla del Che y va construyendo con trabajo una idea clara de lo mejor de este país. Es parte de un grupo de  jóvenes de su tiempo, comprometidos, sin aspavientos, con los retos de una Revolución visceral  y fecunda que se entrega toda al mundo.

/mdn/

 

 

 

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Sobre Esther de la Cruz Castillejo

Periodista. Licenciada en Comunicación Social en la Universidad de Oriente. Máster en Ciencias de la Comunicación por la Universidad de La Habana, 2009. Diplomada del Instituto Internacional de Periodismo José Martí, de La Habana. Desde su graduación se desarrolla profesionalmente en Radio Victoria y se desempeña como reportera para atender los temas de la educación. Es miembro de la Unión de Periodistas de Cuba. @vozcubana

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