Las Tunas, Cuba. Miércoles 23 de Mayo de 2018
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La familia, primera escuela del ser humano

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Amanda Cartaya Quevedo

Todavía llevamos el recuerdo, de cuando éramos niños, las veces que nuestros  padres no nos dejaban ver telenovelas o cualquier otra programación de adultos.

La dulce melodía de la Calabacita en la televisión, siempre a las ocho de la noche, anunciaba el momento de irse a dormir, el cual podía extenderse una hora más en caso de visitas o comidas tardías.

Sin embargo, ¿qué niño al escuchar la música de la presentación de la telenovela de turno no ponía  toda su atención en ella? Entonces, se repetía la invitación a que fuéramos a dormir. “ ¡Cuando seas más grande podrás ver la novela!”, repetían.

A regañadientes tomábamos entonces el camino a la cama, pero desde la puerta del cuarto procurábamos ver un capítulo a escondidas, atentos a la mirada inquisidora de los mayores.

Los tiempos cambian, pero esta tradición de los más pequeños de interesarse por la programación de adultos,  desafortunadamente,  no.

Aunque la televisión cubana ha procurado ofrecer atractivos programas infantiles, los padres son los principales responsables de que sus hijos NO consuman aquellos espacios NO acordes con  su edad. De más está decir que en los menores influyen negativamente, haciendo que su desempeño y su conducta muchas veces no sean las más apropiadas.

Cada día aumentan los casos de niños que parecen “adultos”; hablan, se visten y se comportan como mayores y entonces nos preguntamos: ¿qué estamos haciéndole a su infancia?

Si desde pequeños les permitimos  tararear canciones de regguetón con letras obscenas, en vez de números como  “Granito de canela”, y de que se interesen por el conflicto de la novela brasileña en lugar de lo que le pasó al Capitán Plin en su último episodio, estamos expuestos a que la conducta de los menores  vaya empeorando con el tiempo.

El ser humano  se construye desde la niñez, en la que el infane, de tanto ver malas prácticas, empieza a creérselas, a interiorizarlas y llega el momento que actúa de acuerdo con ellas.

Muchos psicólogos coinciden en que la familia, célula básica de la sociedad, es irremplazable para formar a la más joven generación, y son los adultos precisamente los responsables de ello.

La familia tiene la función de transmitir valores, modelar el comportamiento, formar la identidad individual y genérica de los menores del hogar, para que su niñez sea reflejo de la inocencia y la fantasía de sus años.

Además, la ciencia ha reconocido el valor de la formación prescolar, en la que tanto influye la familia hoy día, en la formación de futuras capacidades y aptitudes que el ser humano tendrá cuando sea adulto. (Agencia Cubana de Noticias, AIN).

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Sobre Redacción Tiempo21

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