Opinión

En deuda con la diversidad biológica

Cuando en 2000 la ONU decidió establecer del 22 de mayo como Día Internacional de la Diversidad Biológica, la iniciativa estuvo dirigida a alertar sobre los peligros que corrían las especies de todo tipo en el planeta y en particular lo imprescindible de su conservación.

A la sazón, el acelerado empobrecimiento de la diversidad biológica de la Tierra constituyó uno de los aspectos de mayor trascendencia en la crisis ambiental global, agravada por los impactos del cambio climático y recrudecida cada vez más por el irracional consumismo de las sociedades del sistema capitalista.

Solo una muestra para corrobar la importancia del acierto: por lo menos   cuatro mil especies desaparecen cada año, en tanto más de 34 mil  plantas se encuentran en peligro de extinción, según estimados de organismos internacionales.

La alteración y degradación de los ambientes naturales como consecuencia de la tala rasa, el drenaje, los embalses, el uso inadecuado de la tierra, las excavaciones, el pastoreo intensivo y la contaminación, entre otras acciones antrópicas, devienen la principal causa de pérdida de la biodiversidad.

Cuba no escapa de semejantes embates heredados de años de seudorepública, sumados al grave desequilibrio mundial financiero, energético, alimentario, social y ambiental, aunque sus tempranas prioridades en gestión ambiental conducen al uso y aprovechamiento racional de los recursos naturales.

En ese sentido, tienen un elevado nivel de jerarquía el manejo integrado de agua y suelos; de las cuencas, zonas costeras y montañosas; así como de la conservación y administración de la biodiversidad y su aprovechamiento para la salud y la alimentación.

La lista incluye  en la influyente área de investigación y desarrollo de la nación, el tratamiento y reutilización de residuales agrícolas e industriales por medios biológicos; al igual que la promoción de proyectos de innovación tecnológica para la reducción de la contaminación.

El propio hecho de que el archipiélago cubano sea altamente vulnerable a la elevación paulatina de la temperatura del nivel del mar, a los regímenes cambiantes de precipitaciones y a los eventos meteorológicos extremos, constituye una amenaza a su desarrollo sostenible.

De modo que en la mirilla de su colimador ambiental están los programas sobre estudios de peligro, vulnerabilidad y riesgo frente a eventos naturales excesivos, adaptación y mitigación, así como de alertas tempranas.

Pero lo curioso no radica solo en estas previsiones nacionales, sino que en 2013 en La Habana comenzó a funcionar, en colaboración con el gobierno de Noruega, el Centro de Creación de Capacidades para Reducción de Riesgos de Desastres y la Adaptación al Cambio Climático.

La institución ya organizó varios cursos-talleres con la participación de especialistas cubanos y caribeños, que deben contribuir a la conservación de la belleza natural de los pequeños estados insulares, algunos de los cuales son guardianes de la naturaleza de tierra, mar y hasta de zonas económicas exclusivas. (Lino Luben, Agencia Cubana de Noticias)

Artículos relacionados

Por un bien común: erradiquemos el hambre

Adialim López Morales

Las niñas, por un espacio significativo

Yanely González Céspedes

Apostemos por una escuela más integral

Telma Machado Escanio

Enviar Comentario


+ nueve = 12