Las Tunas

Negligencias: el mejor combustible para los incendios

Este domingo concluyó otra Semana Nacional de Protección contra Incendios, y es oportuno recordar que cada año Cuba invierte cuantiosas sumas de dinero y recursos de todo tipo para prevenir y combatir esos desastres, sin lograr reducirlos suficientemente.

A pesar de todas las medidas preventivas y la existencia de un ejemplar Cuerpo de Bomberos, además de un Cuerpo de Guardabosques Premio Nacional de Medio Ambiente, como un mal inevitable, las llamas devoran vidas humanas, arrasan con cientos de viviendas y miles de hectáreas de árboles, asesinan la fauna o la privan de refugios, y rompen el equilibrio ecológico.

El fuego también destroza la biodiversidad y destruye muchas de las propiedades físicas y químicas del suelo, ese vital recurso, que  tarda millones de años en formarse.

¿Y todo ello, a causa de qué? Está plenamente comprobado que en la inmensa mayoría de los casos, en Cuba las negligencias y los errores humanos son el mejor combustible para los incendios.

Entre los descuidos e imprudencias más frecuentes se hallan las quemas realizadas por los agricultores para eliminar malezas y residuos de cosechas, o rehabilitar los pastos, sin adoptar las necesarias precauciones.

Muy perjudiciales resultan las hogueras que hacen y las colillas de cigarrillos que arrojan cazadores, pescadores y madereros furtivos; campistas, otros usuarios de los bosques y los campos, y personas en tránsito por carreteras y caminos no flaqueados por trochas cortafuegos.

Pero no solo en los pastizales y arboledas se cometen negligencias. El descuido es leña seca que también alimenta el fuego en edificaciones socio-económicas y el sector residencial, tanto en zonas rurales como urbanas.

Defectuosas instalaciones eléctricas, inadecuado manejo de las cocinas domésticas, el olvido de planchas y otros equipos conectados a la red, más la sobrecarga de las líneas al instalar varios aparatos a un mismo tiempo, son factores que siguen ocasionado graves desastres.

No obstante, si la negligencia y los errores humanos son hasta ahora el mejor combustible para los incendios, habrá que provocar un diluvio de responsabilidad y cordura para sofocar los riesgos.

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