Opinión

Viejo también ha de ser el que quiera

Las Tunas.- Confieso que me dan mucha rabia las personas que todo el tiempo hablan con un discurso que siempre prioriza términos como “lo de ahora”  y “lo de antes”; o peor, los que aseguran “imperfecto y equivocado” todo lo que huela a renovación porque lo que verdaderamente vale la pena – insisten- “está atrás”, en algún punto incierto de la vida que ya pasó.

Y lo que digo no tiene necesariamente que ver con la edad, va más allá y está muy ligado a criterios tan tristes como “la juventud está perdida” o “ustedes no saben lo que es  divertirse”;  y eso, aunque el que lo diga transite apenas por las cuatro décadas de existencia…. ¿Usted no ha conocido a personas así?;  ojalá me entienda.

Los hay, por ejemplo, llenando horas de un turno de clase con anécdotas del ayer; sé  también de quienes llegan al extremo de evadir la música actual en todos sus matices y hasta conozco a un tunero que no escucha a los Van Van de ahora porque  “qué va mija, yo nada más oigo la época aquella de Pedrito Calvo cantando Marilú, ya suenan como una lata”.

Me he encontrado a “tristemente célebres” personajes que extrañan las  botellas de ron Son14 y el papel cartucho de los años 80 al punto de no encontrar sabor grato alguno en similares de hoy día; y claro, las vasos pergas, por ejemplo, eran muy cómodos, pero la cerveza cubana sigue siendo fresca, sabrosa, tentadora, exquisita.

Yo entiendo que pocos sabores gratos se comparan con los que disfrutamos en la juventud y sé que mucho bueno hemos perdido con los años, sobretodo  modales y disciplina social; pero oiga, ¡no hay que exagerar!, que se impone respetar el aroma de cada tiempo y renovarse un poquito,  nunca está de más.

Si el mundo se hubiera detenido en Los Beatles, que son buenísimos, no conociéramos a Adele, que, salvando las distancias,  también tiene lo suyo; y si solo reconocemos lo que ya está  convencionalmente establecido cerramos las puertas a lo malo que vendrá, es cierto, pero también a lo bueno que espera, tal vez,  al doblar de la esquina. ¿Entiende mi rompecabezas?

Son tiempos de telefonía celular, de Internet y de redescubrimientos y eso NO está necesariamente reñido con la trova santiaguera de Matamoros, el placer de una película de estreno en un cine cualquiera  y la maravilla de una  puesta de sol.

Entender el tiempo de otros y atreverse a formar parte de él puede ser una manera de aprender a valorar otras cosas sin perder lo que hemos sido; recuerde, ser joven está en las canas y los achaques, nadie lo duda, pero  también en la  forma en la que asumimos y proyectamos nuestra propia existencia.  ¿No le parece?

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