Las Tunas, Cuba. Miércoles 23 de Agosto de 2017
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Cuba: Nicolás Guillen, genuino representante de la poesía negra

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La Habana.- Nicolás Guillén Batista es uno de los grandes poetas cubanos de todos los tiempos, y el más genuino representante de la poesía negra y de la literatura caribeña.

Nació en Camagüey, Cuba, el 10 de julio de 1902. Cursó los estudios primarios en su ciudad natal, donde se graduó de bachiller en 1919. Aprendió tipografía en la imprenta del diario La Libertad que dirigía su padre en dicha provincia.

Se ganó la vida ejerciendo diversas ocupaciones como tipógrafo, empleado y reportero.

Sus primeros versos fueron publicados en la revista Camagüey Gráfico, hacia 1919. En esa época estableció contacto con el grupo literario de Manzanillo, encabezado por Manuel Navarro Luna y Juan Francisco Sariol.

En la revista Orto, que animaba este grupo, vieron la luz numerosos poemas del joven Guillén.

En 1920 fue corresponsal con el poeta Vicente Menéndez Roque de la página literaria del periódico Las Dos Repúblicas, cuya primera época había dirigido su padre. En ese mismo año, Guillén llegó a La Habana y trabó amistad con Rubén Martínez Villena y demás componentes de la peña del café Martí, como Andrés Núñez Olano, José Tallet, Juan Marinello, Enrique Serpa y Regino Pedroso.

En Camagüey, en 1922, trabajó en la redacción del periódico El Camagüeyano y fundó una revista de corta duración: Lis.

De esa época data su primer libro de poemas, Cerebro y corazón, que no llegó a publicar entonces y que aparece recogido por Ángel Augier en el primer tomo, segunda edición (1965), de su fundamental biografía Nicolás Guillén; notas para un estudio biográfico-crítico.

En 1927 regresó a la capital, donde se radicó definitivamente.

En la página “Ideales de una raza”, del Diario de la Marina, en la cual colaboraba con numerosos artículos contra el prejuicio racial, publicó Guillén, el 20 de abril de 1930, Motivos de son.

A partir de 1931 cuando se publicó Sóngorocosongo. Poemas mulatos, libro que fue saludado con una carta de don Miguel de Unamuno, la obra de Guillén comenzó a difundirse.

En tal sentido, la “Elegía a un soldado vivo” (1937) es un verdadero programa revolucionario. En 1932 ingresó en las filas del Partido Comunista de Cuba (PCC).

Durante la existencia del Partido Socialista Popular (PSP) fue miembro de su Comité Nacional. Por sus ideas políticas a favor de la revolución proletaria y en contra del imperialismo, sufrió persecución, prisión y exilio.

Desde 1953 hasta 1958, durante la tiranía de Batista, tuvo que permanecer fuera de Cuba. En 1954 le fue otorgado el Premio Lenin de la Paz. Guillén viajó intensamente por América, Europa, Asia y África y representó a Cuba en innumerables congresos.

Su obra, de excepcional significación en la literatura de lengua española, ha sido traducida a todos los idiomas y ha merecido comentarios elogiosos y estudios de destacadas personalidades de las letras contemporáneas. Al triunfo de la Revolución Cubana regresó de su prolongado exilio.

A principios de 1959, Guillén reanudó sus colaboraciones periódicas en el diario Hoy, órgano del PSP, en secciones que aparecían bajo los títulos de “Crónica”, “Asperges”, “Motivo” y “Sol de domingo”.

En 1961 se celebró en La Habana el Primer Congreso Nacional de Escritores y Artistas de Cuba, en el cual fue elegido Guillén para presidir la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), institución que nació de aquel congreso y que él dirigió hasta 1985. En 1975 le fue conferido el título de Doctor Honoris.

Causa en Lengua y Literatura Hispánicas de la Universidad de La Habana.

El Consejo de Estado de la República de Cuba le otorgó la orden José Martí, la más alta condecoración del Estado cubano, y el Ministerio de Cultura, el Premio Nacional de Literatura, 1983.

En 1971 viajamos juntos a Chile a la toma de posesión de Salvador Allende. Guillén formaba parte de la amplia delegación enviada por el gobierno cubano a las actividades del nuevo presidente chileno.

Al regresar a La Habana, casualmente, nos encontramos con Rosa, la esposa de Guillén. Al verme me preguntó: “¿Cómo le fue a Nicolás?”. Le respondí que su presencia constituyó un verdadero éxito. Los chilenos al verlo en la calle lo reconocían, lo paraban y le pedían autógrafos.

Rosa, mujer de gran agilidad mental y con mucha chispa, me respondió: “¡Ay, hijo, tú no sabes qué daño le hace eso!”.

Siempre mantuvimos una buena amistad. Acudí a él, próximo a cumplir los ochenta años de edad, para que me hablara un poco de su intensa vida.

En el transcurso de esta entrevista le narré la anécdota de Rosa. Lo único que hizo fue reírse como un niño travieso de ochenta años.

¿Cómo definiría su vida en tres palabras?

Me basta una: trabajo.

¿Cuál fue su primera composición literaria?

Fueron unos pequeños versos: “Por tranquila ribera /

sembrada de flores / que ya por doquiera / derraman

olores, / se desliza cantando / un manso arroyuelo, /

lamiendo, bañando / sus aguas el suelo”.

Lezama Lima se rió mucho cuando oyó este poemita, y me pidió que se lo pusiera en su álbum: ahí debe estar.

¿Qué importancia concede a los clásicos de la lengua española en su formación literaria?

Fue mucha. Desde niño, es decir, niño de bachillerato, me atrajeron no solo los poetas clásicos españoles del Siglo de Oro “Lope, Góngora, Quevedo”, sino los anteriores a estos, como el Marqués de Santillana, Juan de Mena y algunos más.

Quevedo, pese a su genio, se ensañó con los negros y escribió las páginas más crueles contra estos. Por aquellos tiempos son los que dedica a las gentes de color oscuro.

Entre los poetas españoles que acabo de citar, hay otros que también emplean el tema negro, como Lope de Vega y Góngora, pero lo hacen con dulzura y simpatía.

¿Hacia qué época situaría el nacimiento de la poesía lírica en Cuba?

A fines del siglo XVIII, con lo que se ha llamado “los dos Manueles”: Manuel Justo de Rubalcava y Manuel de Zequeira y Arango. Después vienen ya los grandes nombres: Heredia, Avellaneda, etc. Por cierto, que Zequeira se volvió loco y le dio por creer que cuando se ponía el sombrero se convertía en un ser invisible.

¿Cuáles son los recuerdos más importantes de su presencia en España durante la Guerra Civil y en el Congreso de Intelectuales?

Primero, conocer y tratar a don Antonio Machado; además, ver de cerca lo que es un bombardeo y, finalmente, mi ingreso en el Partido Comunista, que tuvo lugar en Valencia, sede del gobierno español entonces. Ese día la Pasionaria me dio un abrazo y me felicitó.

Hábleme de su colaboración en Hoy y en otros periódicos.

En Hoy era redactor. Tenía una columna diaria bajo el título de “Motivo”; pero así mismo lo hacía bajo otros rubros: “Ocios Dominicales”, “Asperges”.

También escribí, para el mismo periódico, pequeños poemas satíricos contra la burguesía reinante: los Prío; Genovevo, aquel ridículo jefe del ejército; Tony Varona y otros personajes tan vacíos y tan apurados por llenarse.

Algunas veces también hacía reportajes, crónicas, entrevistas. Cuando trabajé en el diario Información tuve que tomar al oído la lista de la lotería nacional, pero nunca di el premio mayor.

¿Por qué no volvió a escribir teatro después de 1943?

Yo nunca he escrito teatro. No se puede considerar como tal un pequeño, un fugaz juguete escrito para solazar a los muchachos de mi cuadra.

Sin embargo, cuando estuvo en La Habana Rivas Cherif, él se asombró de que yo no escribiera para las tablas, y me decía que, con tantos tipos como hay en mi poesía Papá Montero, la mujer de Antonio, Juan Descalzo y muchos más, era raro no hubieran salido a la luz pública. A mí me pasaba lo mismo, es decir, pensaba lo mismo que él; pero la verdad es que nada pude hacer.

Además, de gran poeta, es uno de nuestros mejores prosistas. ¿Quién influyó en usted en este sentido?

Don Juan Valera, cuyas Cartas Americanas estaban en la biblioteca de mi padre. De este autor también me influyeron Pepita Jiménez y Las ilusiones del doctor Faustino.

¿Cuáles de los numerosos países visitados le han dejado mayor huella?

MÉXICO.

-¿Avanzan sus memorias?

El primer volumen está en prensa.

-¿A cuántos idiomas están traducidas sus obras?

Un poco más de cuarenta.

.¿Posee en su biblioteca todas las traducciones y ediciones de sus obras?

– Sí… últimamente llegaron las ediciones: turca, vietnamita, sueca y está en prensa la palestina.

-¿Qué ha representado para usted la UNEAC?

En primer lugar, un campo de lucha y, sobre todo, la posibilidad de establecer contacto con los jóvenes y los viejos creadores.

Algunos escritores que hoy son dueños de un estilo propio (hasta donde es posible llamar propios a los ajenos) los vi crecer; y a otros, desdichadamente, los he visto declinar. Me ha sido dable participar, al mismo tiempo, en encuentros y contactos con los creadores de otros países, incluso los menos conocidos por dificultades económicas o políticas en los países a que ellos pertenecían.

-¿Con qué escritores o artistas relevantes ha tenido mayor relación?

Es muy arriesgado contestar lo que usted me pregunta. Honestamente, han sido muchos, y algunos lo son todavía.

-¿Están nuestros escritores y artistas a la altura de la revolución?

Yo creo que sí, y ello es obvio cada día.

-¿Cuál es el poema ajeno que prefiere?

Bueno, así de pronto como usted me pregunta no lo sé. Tal vez, digo yo: “Suave Patria”, de López Velarde.

-¿Qué poeta fue su preferido en su juventud?

En mi juventud fueron varios: el primero, Campoamor; pero pronto lo cambié por Rubén Darío. Bueno, esos dos.

¿Cree usted que los jóvenes deben estudiar a los clásicos?

Sí, pero para olvidarlos. ¿Quién va a escribir hoy como Lope de Vega?

-¿Qué consejo daría a los escritores jóvenes?

Los jóvenes tienen que estudiar como si fueran viejos. Es sorprendente (por lo menos, me sorprende a mí) ver que en los días en que andamos hay escritores jóvenes que, a pesar de tener resuelto básicamente sus problemas inmediatos, trabajan menos de lo que se podría esperar de ellos.

En mis tiempos (y no voy a hacer como hacen los viejos gruñones) costaba Dios y ayuda publicar un libro de poemas o de lo que fuera.

Yo tuve que ganar la lotería para que la imprenta de Ucar me imprimiera el Sóngorocosongo; los Motivos de son me los regaló, en un cuadrillo minúsculo hecho en tiras de papel de prueba, el impresor gallego Bouza;el West Indies, Ltd., se me quedó en casa del impresor porque no pude retirarlo; solo a mi llegada a México me fue dado imprimir mi cuarto libro con un editor, un señor Guzmán, que afrontó esos gastos y me dio algún dinero. La portada fue hecha por el gran pintor mejicano Chávez Morado.

-¿Prefiere la corbata o la guayabera?

Guayabera sí, corbata no. Soy partidario de la guayabera: es el vestuario no solo de nuestra época, sino también de nuestra manera de sudar. Además, la corbata me trae siempre el recuerdo del garrote vil.

-¿Tiene preferencia entre su producción poética y en prosa?

En ambos casos puede mi escritura tener igual intensidad.

-¿Cómo valora el periodismo en la literatura?

Yo creo que en toda obra literaria hay siempre una punta de periodismo. Se diría que este le da humanidad y la despierta al conocimiento de la vida. Hablo del periodismo serio, no en serie.

-¿Qué importancia le da a la crítica literaria?

La crítica es fundamental para el desarrollo del creador, pero a condición de que la ejerza quien esté preparado para ella y examine con limpieza mental los temas que el autor pone en sus manos. Estoy contra ese tipo de crítico que ejerce su oficio por haber fracasado en él.

-Por lo demás, aunque la crítica, según acabo de decir, es importante, no quiere ello decir que sea imprescindible, esto es, Sine qua non. Por ejemplo, Cervantes no tuvo crítico que lo orientara en su obra ni ninguno de los grandes creadores que enriquecieron para siempre la literatura universal.

Lo importante es, en definitiva, tener esto, eso que se llama inspiración, eso que se llama talento, y si la hora llega, eso que se llama genio.

-¿Cuáles son sus preferidos en su Obra Poética?

De los poemas largos, la “Elegía a Jesús Menéndez”; y de los poemas cortos, “La sangre numerosa”, escrito a la muerte del miliciano Eduardo García Delgado como consecuencia del bombardeo mercenario a La Habana, el 15 de abril de 1961.

-¿Qué método de trabajo sigue a la hora de componer?

El que me dicte la composición que me he propuesto escribir; el más adecuado a ella.

-¿Cuándo prefiere producir: madrugada, mañana, tarde o noche?

Cuando tengo ganas.

-¿Le cuesta trabajo escribir o le viene la inspiración y redacción en forma rápida?

Me cuesta mucho trabajo escribir, y a veces tengo que abandonar el tema que he comenzado porque soy muy exigente conmigo mismo.

-¿Cuál es su estilo de vida?

El de un joven de veintisiete años, o si a usted le parece, de veintiocho. No, no me lo crea; además, usted no me lo va a creer. La verdad es que me ocupo tanto de las cosas grandes como de las pequeñas.

-¿Cómo vio la vida a los veinte, a los cuarenta y al medio siglo?

A los veinte, soñando con los cuarenta; a los cuarenta, soñando con los sesenta; a los sesenta… Bueno, primero permítame que me acueste.

-¿Cómo la ve a los ochenta años?

Con una madurez que le da peso y que, al mismo tiempo, es flexible y juvenil. Mucha gente dice que yo doy la sensación de un niño. Yo creo que es cierto, dada mi condición de artista que nunca he negado ni me propongo negar.

-¿Ha respetado las prescripciones médicas a lo largo de su vida?

Nunca; si no, no estuviese vivo.

-¿Y los consejos de sus profesores?

Si no fuera porque a los ocho o diez años de mi vida me pusieron por la fuerza a estudiar música, tal vez hubiera sido compositor, o por lo menos estaría adornado con el conocimiento de ese arte. Pero, ¿sabe usted lo que yo hacía tan pronto me anunciaban en mi casa que el maestro había llegado (un señor Pérez), pues me subía al tejado y ni a tiros aceptaba la posibilidad de bajarme de él. Claro que ahora me pesa.

-¿Qué artistas populares cubanos influyeron en su creación?

Los Matamoros.

-¿Desde cuándo se considera escritor?

No sé. ¿Me lo podría decir usted?

-¿Su momento más triste?

Cuando recibí la noticia, siendo niño, de que mi padre había sido asesinado en Camagüey por el gobierno de Menocal.

-¿Cuál es la característica que más detesta?

La adulación.

-¿Cuál es su mayor virtud?

No hacer alarde de ninguna.

-¿Y su mayor defecto?

Bueno, mis defectos pudieran ser mis excesos.

Algunos dicen que usted es vanidoso, ¿es cierto?

Sí.

-¿Con qué sueña?

No podría decirlo, pero, en general, tengo buenas digestiones.

-¿Qué le molesta más de los intelectuales?

No, los intelectuales no me molestan; además, no me busque problemas con ellos.

El 1ro. de 1959 ya usted era famoso y con amplia producción literaria. ¿Qué ha significado la revolución para su vida?

La realización de muchas de mis aspiraciones más queridas, entre ellas la ausencia de los prejuicios raciales; poder trabajar con tranquilidad y con los medios técnicos y sociales adecuados.

En fin, una síntesis de todo lo que está expresado por mí en un poema que se ha hecho súbitamente famoso, el poema “Tengo”.

-¿Qué lo ha estimulado más para seguir escribiendo?

El triunfo de la Revolución Cubana, y la firme política de un líder como Fidel Castro.

-¿Es muy romántico?

Sí, de lo contrario no sería revolucionario.

-¿Su momento más emotivo?

Cuando Fidel puso en mi pecho la orden José Martí.

-¿No se ha afectado su capacidad de escribir con tantos honores recibidos?

No.

-¿Quiénes han tenido el privilegio, en su vida de ochenta años, de ser considerados por usted amigos personales?

Ante todo, ¿qué es un amigo personal? Yo creo que cada persona tiene el suyo, o los suyos, si se trata de los que están a nuestro lado permanentemente y que riñen con nosotros sin verse en el caso de romper relaciones ni disminuir la amistad.

-¿Cómo piensa que las futuras generaciones valorarán su obra?

La vida cubana, en general, y la de cualquier país suele estar llena de muertes y resurreciones. A veces ha ocurrido que un poeta o escritor de gran fama en su tiempo desaparece en el siguiente, en ocasiones para siempre. Un ejemplo bien claro es el de Góngora: era conocido solamente por sus poemas de arte menor, como letrillas y romances, hasta que ya entrado nuestro siglo, la juventud literaria española lo tomó a su cargo, divulgó sus poemas mayores y le dio el elevado puesto que hoy tiene en la lírica universal. Otro caso parecido, aunque en menor escala, es entre nosotros el poeta Fornaris, que en las vísperas de la Revolución del 68 hizo un largo viaje por Europa y al regresar era punto menos que un desconocido.

– ¿Cómo ve la muerte?

Bueno, mi muerte no la veo de ninguna manera, precisamente porque es eso, muerte; yo solo veo la vida. Creo que eso le pasa a todo el mundo.

Sin embargo, pienso que deberíamos estar siempre preparados para morir y afrontar ese suceso tan importante de nuestra vida. Todo esto sin contar que la muerte no existe como fenómeno vital y que de cada “muerte” brotan siempre oleadas de vida.

Falleció el 16 de julio de 1989 en la Ciudad de La Habana, a la edad de ochenta y siete años. (Luis Báez, Prensa-Latina)

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