Salud

Vivir es un oficio de optimistas

María Jorge García da gracias a Dios, a la ciencia, a la naturaleza y a los trabajadores de Labiofam.
María Jorge García da gracias a Dios, a la ciencia, a la naturaleza y a los trabajadores de Labiofam.

Algo bueno tiene este medicamento, porque es el único que tomo y he visto bastante mejoría; me siento muy bien, siempre estoy con buen apetito, incluso como demasiado; todo me alimenta y no me faltan energías, a pesar de la enfermedad y mis 72 años. Hay quienes sufren decaimiento; yo no.

Mientras habla, Eliades Fresco Silva mueve aprobatoriamente la cabeza y mantiene fija la vista en el pequeño recipiente que sostiene en una de sus manos y en cuya etiqueta puede leerse: Vidatox TRJ 30 CH, fármaco homeopático cubano obtenido a partir de la toxina del escorpión azul (Rhopalurus Junceus) y empleado desde hace ya algún tiempo dentro y fuera de Cuba con crecientes resultados, sobre todo en personas con cáncer.

–Comencé a sentir la enfermedad en el año 2008; asistí a consultas de Oncología, me practicaron una tomografía (axial computarizada) y me detectaron una tumoración maligna en el coxis, bastante avanzada. A partir de ahí comenzaron a medicarme, a inyectarme sueros, recibí 10 radiaciones en Holguín; al regreso supe de la existencia del Vidatox y gestionamos el tratamiento. Hace tres años que estoy tomándolo.

La conversación tiene lugar en casa de Eliades, ubicada en el número 10 de la calle 14, Reparto Buena Vista, en la ciudad de Las Tunas, capital de la provincia de igual nombre, 690 kilómetros al este de La Habana.

Hasta aquí ha llegado Tiempo21 con el fin de obtener un testimonio digno de todo crédito acerca de los benéficos efectos del mencionado fármaco homeopático, elaborado por el Grupo Empresarial de Producciones Biofarmacéuticas y Químicas (Labiofam, S.A), el cual pertenece al Ministerio de la Agricultura (Minag) y cuenta con una sucursal en esta demarcación.

En el diálogo también participa Rosa Montero Herrera, esposa del paciente, quien narra la siguiente anécdota:

–Un médico amigo nuestro, Máximo Vega, que inicialmente lo atendió en el Hospital General Docente Doctor Ernesto Guevara de la Serna, aquí en Las Tunas, fue a cumplir misión internacionalista; al regreso le preguntó a un sobrino de Eliades cómo seguía este, y al responderle que muy fuerte y animoso, no lo creyó y vino a vernos. ¡Tremenda sorpresa se llevó! Él esperaba verlo débil y flaco, y se lo encontró así como usted lo ve.

–¿Y por qué vía conocieron acerca del Vidatox y sus propiedades? –pregunta el periodista, agradecido del trato que le dispensan, pues no toda persona aquejada de una grave dolencia está dispuesta a aparecer en los medios de comunicación, y ya varios pacientes habían rehusado la entrevista.

–Lo escuché en la radio y la televisión, pero no sabía que en Las Tunas podíamos acceder a ese fármaco –responde Rosa–; entonces un vecino me informó al respecto, llamé a Labiofam y el mismo día me atendieron y me explicaron los trámites; consulté con el doctor Eliécer Santiesteban, oncólogo, quien preparó la documentación necesaria, y así comenzamos. Hoy llego allí y me siento en familia. Hemos hecho magníficas relaciones.

Una picada más fuerte que la del escorpión

Mucha es la reciprocidad que existe en ese sentido. Lo asegura Yoanny Rondón Pérez, licenciada en Biología y especialista principal del escorpionario de la sucursal tunera de Labiofam.

–Me gusta mi trabajo porque me permite intercambiar con mucha gente que nos necesita, y me encanta ayudarlos a todos, en la medida de nuestras posibilidades. Fíjese que ya estamos atendiendo a 900 pacientes, la mayoría con cáncer, pero hay, asimismo, enfermos de vitíligo, artrosis y migraña, dolencias que también atendemos experimentalmente y con alentadores resultados.

“Mantenemos relaciones muy positivas con los familiares de esas personas –afirma la joven bióloga–. Llegan y depositan en nosotros su confianza y su esperanza, aun cuando se les informa muy claramente que por ahora el empleo del Vidatox no elimina los tumores malignos, aunque sí contribuye a mejorar las funciones orgánicas y el estado anímico, atenúa las desagradables reacciones de los sueros citostáticos, alivia el dolor y detiene la metástasis o reproducción de la enfermedad en células sanas”.

Cuenta Yoanny que a veces entre el personal de Labiofam y las familias se establecen lazos tan fuertes, que perduran aunque muera el paciente. “La gente es muy sensible y agradecida, y eso a nosotros nos reconforta muchísimo, a pesar del dolor de estar luchando contra un mal implacable” –dice, apenada, la especialista.

Respecto al procedimiento que debe seguir toda persona interesada en ser atendida y poder adquirir el fármaco, Yoanny explica que es requisito presentar un resumen de historia clínica y la fotocopia del carné de identidad, documentos que se envían a La Habana, donde especialistas altamente calificados determinan las dosis y la frecuencia requerida por cada paciente, según sus características y las de su enfermedad.

Aunque el Vidatox TRJ 30 CH también se vende en la red de farmacias del Ministerio de Salud Pública (Minsap), el sistema empleado por Labiofam garantiza el asesoramiento especializado y una oferta permanente y segura.

Yudit Vaillant Riveaux es la asesora jurídica y la máxima dirigente sindical en la mencionada entidad. Ella no oculta su sano orgullo por representar a un colectivo con una creciente responsabilidad social y una misión tan humana.

–Con la reciente modernización del escorpionario mejoraron las condiciones de trabajo y aumentó la capacidad de producción –informa la joven jurista–. Hoy contamos con 25 mil alacranes y seguiremos incrementándolos hasta llegar a unos 100 mil.

Según proyectos, dentro de algún tiempo Las Tunas contará con una planta industrial donde se procesará toda la toxina del oriente cubano. “Eso amplía nuestras posibilidades de lucha contra el cáncer y por la calidad de vida de muchas más personas –manifiesta Yudit, inocultablemente entusiasmada.

Y es que Yoanny, Yudit y sus demás compañeros han recibido una picada más fuerte que la del escorpión: la de la pasión por su trabajo. Esa a la cual Osvaldo Pérez Vega, el director, denomina alto sentido de pertenencia.

–Con estos trabajadores no es difícil mantener bien alimentados y cuidados los escorpiones, ni producir mayor cantidad de toxina de altísima calidad –afirma, convencido.

No hay que echarse a morir antes de tiempo

Pero en este concierto de voces la nota más optimista la pone María Jorge García, mujer de 53 años de edad, trabajadora docente y vecina de calle 3-A, número 6, Reparto Nuevo Sosa, zona norte de la ciudad.

–Hace cerca de cuatro años, acudí al médico ante una serie de síntomas, como inflamación de las manos y las piernas, cansancio y malestar generalizado; me detectaron un carcinoma papilar de tiroides, fui intervenida quirúrgicamente en el Hospital Oncológico de La Habana, donde aún me atienden. Allí me tratan con yodo.

“Cuando asistí a la última consulta, me hicieron una gammagrafía de cabeza y cuello. Los especialistas quedaron muy contentos, pues no me detectaron ningún signo maligno; me encontraron tan bien que me citaron para dentro de un año. En realidad, yo me siento perfectamente. Sigo trabajando y hago todos los quehaceres de mi casa, incluida la atención a mi nieto.

“Mi padre enfermó y murió de cáncer, por eso yo leía mucha literatura científica, fui documentándome acerca del Vidatox, que ya es muy conocido internacionalmente, y empecé a utilizarlo poco después de diagnosticarme a mí también la enfermedad. Pero voy a serle franca: yo confío en las beneficiosas propiedades de ese medicamento, pero no dejo de tomar el noni, al cual le tengo muchísima fe.

“Como no conoce a ciencia cierta el remedio que la mantiene enérgica y en perfectas condiciones físicas, María da gracias a Dios, a la ciencia, a la naturaleza y a los trabajadores de Labiofam, “que tan buen trato brindan a los pacientes” –según admite.

A un comentario del periodista sobre su excelente aspecto y su jovialidad, María responde:

–Quisiera seguir viviendo así y voy a continuar luchando para lograrlo; pero de todas formas, si no es de cáncer, de algo hay que morir –sonríe amplia, tranquilamente, y concluye–: Lo que uno no puede es echarse a morir antes de tiempo.

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