Las Tunas, Cuba. Martes 12 de Diciembre de 2017
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Viaje al centro de la hombría

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Viaje al centro de la hombríaHoy sábado, el pueblo de la provincia de Las Tunas rindió homenaje, al igual que toda Cuba, al Mayor General Antonio Maceo y a su Ayudante Panchito Gómez Toro, en ocasión del aniversario 117 de sus muertes, y a los combatientes caídos en misión internacionalista, 24 años después de que repatriaran sus restos con la Operación Tributo.

Yo lo veía venir, Jorge Alderete. Lo presentí desde el momento mismo en que me dijeron que estabas en Angola. O, para serte más sincero, desde que me lo creí; porque al principio dije: ¡qué va, NO puede ser!

¿Qué ibas a hacer tú allá, muchacho, formando parte de una unidad de combate, si aquí en la paz siempre andabas peleado con el orden y la disciplina, y el Sargento Ferrales comiéndote a reportes, y tú quedándote sin pase, pero volviendo una y otra vez a tus andadas?

¿Qué ibas a hacer tú allá, Alderete, si vivías la vida inventando cuentos para no asistir a la preparación combativa?: porque… “Yo NO estoy para eso, compadre; lo mío son las nenas, la fiesta. ¡Entiende…!”.

Yo lo veía venir. Por eso, cuando me dijeron que habías muerto en desigual combate, le comenté a Robertico Dávalos: “Seguramente salió sin permiso del campamento para meterse en juerga, y cayó en una emboscada”.

Perdóname, hermano. Después supimos todo. ¿Pero cómo íbamos a imaginarte a ti, Jorgito, al frente de una escuadra, repartiendo órdenes y ráfagas de AKM, hasta que se te fue la vida por el hueco de una bala? De verdad: perdóname, hermano.

Fueron llegando compañeros, cartas, noticias, testimonios y leyendas; sin embargo, a Dávalos y a mí aún nos quedaban rescoldos de dudas allá dentro, bien hondo, eso sí; para que nadie pudiera encontrarlos.

Y vino el 7 de diciembre de 1989, aniversario 93 de la caída en combate del General Antonio Maceo y su ayudante Panchito Gómez Toro, día en que los cubanos pusimos el hombro para que la patria llorara virilmente por ti y por todos los que como tú entregaron generosamente sus vidas en otras tierras del mundo, por el simple hecho de ser militantes del hombre.

Dávalos y yo llegamos en plena madrugada al edificio en que se les rendiría homenaje a ustedes. Ya a esa hora había una larga hilera humana, que al amanecer ocupaba varias cuadras, como ocurrió en los 169 municipios del país.

Al fin entramos, y nos conmovió constatar que el amor NO sabe nada del tiempo, porque en las lágrimas y el dolor asomados a los rostros de madres, padres, hijos, esposos, hermanos, abuelos, nietos y amigos allí presentes, vimos, por lo sangrante de la herida, que ustedes acababan de morir en ese instante, aunque ya jamás estarían muertos.

Nos acercamos a tu osario casi levitando y, al llegar, clavamos nuestros ojos con alfileres de perplejidad en una aterciopelada almohadilla, sobre la cual reposaban dos insignias con las siguientes inscripciones: “Combatiente Internacionalista de Primera Clase”, “Medalla al valor”.

Hoy, un día como aquel, 24 años después, estoy aquí junto a ti, en el Panteón de los caídos por la defensa, y aún me dura el asombro. Perdóname, muchacho; ¿quién iba a imaginarse que aquel joven embromador y aparentemente incorregible había salido rumbo a Angola en un viaje al centro de la hombría y el heroísmo?

/yrn/

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Sobre Raúl Estrada Zamora

Periodista. Graduado de la Universidad de Oriente. Ha trabajado en todos los medios y fue director de la revista Transporte, de La Habana. Se inició en el diario 26 y trabajó como Jefe de Información en la Televisión. Fue editor de Tiempo21. Como reportero atiende los temas del programa alimentario y la agricultura, entre otros. Miembro de la Unión de Periodistas de Cuba. @Raulezdecuba

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