Ternura vs violencia

En estos tiempos, en los cuales las posturas agresivas de muchos son comunes en lugares públicos, en el hogar y hasta en centros de estudio o de trabajo, es preciso valorar la importancia de decir NO a la violencia.

Cada día resultan más frecuentes las actitudes abusivas, sobre todo con el más desvalido, dígase mujer, anciano, niño. En lugar de recibir ternura y comprensión, muchos son maltratados por sus propios familiares.

Esas agresiones pueden tener muchas caras. Van desde la violencia evidente, que deja huellas en la piel, hasta la sutil, la de frases hirientes, groseras, despreciativas, así como la relacionada con la dependencia económica, la cual doblega a la víctima por no contar con recursos propios.

El amor y la violencia son antagónicos. Cada acción violenta destruye el intento de ser feliz y vivir en paz, pues mina la capacidad de amar, en la cual resultan imprescindibles la presencia del reconocimiento, el respeto y la ternura.

Son frecuentes las parejas que discuten por cualquier desavenencia y, en lugar de tratar de serenarse y lograr un diálogo, acuden al maltrato físico. Sobre todo la mujer resulta blanco de golpizas y, por vergüenza «al qué dirán», calla dentro del hogar su dolor.

Resulta igualmente terrible la violencia psicológica y la sexual por los traumas que causan al atacar esencialmente la integridad emocional o espiritual de una persona, con repercusión para toda la vida.

A la mujer, tantas veces víctima de una cosmovisión hipócrita que la exaltaba mientras la sometía, se le confería el rango de templo sin deidad y se acudía a ella con veneración, pero sin respeto. Lo peor es que, en los tiempos que corren, continúa en desventaja con respecto al hombre.

Abnegación y sacrificio, esas han sido las exigencias en su rol de esposa, madre, hija, compañera, como si arrastrara por siempre el yugo de su circunstancia social.

Es cierto que existen en la Isla legislaciones para hacer frente a las transgresiones en el campo de la igualdad de género, a lo que se une el rol de las Casas de Orientación de la Mujer, pero es un problema que debe preocupar a todos.

Los medios de difusión masiva, como actores sociales y difusores de ideas, tienen su buena porción de responsabilidad, y no se trata de la simple regulación de horarios para la programación familiar, para los programas violentos, sino ofrecer un producto que haga contrapeso a estos mismos programas violentos.

Debe ser permanente el llamado al cese de tales actitudes mediante materiales y mensajes alusivos a la necesidad de evitar tal discriminación.

Un ejemplo loable es el del Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos, que con motivo del Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, el 25 de noviembre último, se sumó a la campaña ÚNETE, iniciativa de la Organización de Naciones Unidas (ONU) en contra de las agresiones a las féminas.

En esa ocasión fueron proyectadas «La demora», película que aborda el maltrato a las féminas, y el documental «Yo digo no», el cual centra el tema de la violencia de género en el ámbito cubano a través de entrevistas a autoridades, especialistas y activistas.

Esa acción nacional fue denominada «No a la violencia desde el cine», iniciativa del Grupo Género y Cultura, de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba, una de las entidades que desarrollara sus propuestas hasta el 10 de diciembre próximo, día en que concluye la jornada.

La violencia es un fenómeno complejo y de origen multicausal, por lo que la sociedad debe combatirlo con sus diferentes actores y desde diversos ángulos. (Agencia Cubana de Noticias)
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