Salud

“Mientras exista vida, hay esperanza”

Doctora Nurys Diéguez Andrés.
Doctora Nurys Diéguez Andrés.

“Lazarito tenía sólo 17 años de edad y padecía serios problemas renales. Un día me dijo: doctora quiero ver a mi mamá. Yo hice la gestión para localizarla, hasta que logré su dirección en La Habana.

“Fue entonces cuando me enteré de que él no conocía a su madre y había quedado bajo la protección de su abuela materna. Cumplí con su deseo porque era muy evidente que él presentía la muerte cercana.

“Estaba yo en la Unidad de Cuidados Intensivos, y llegó una señora pintada y perfumada, quien preguntaba por Lazarito, pero el muchacho acababa de fallecer. Entonces cuando íbamos a realizarle la necropsia la mujer se opuso, y argumentó que se trataba de su hijo. Pero como la abuela que lo crió sí comprendió la importancia de esa prueba médica, procedimos.

“Quizás fue ese el día de mayor irritación en los 24 años que trabajé al frente de Cuidados Intensivos del Hospital Ernesto Guevara, pues se me hacía difícil creer el reclamo de esa mujer, quien nunca regresó a Las Tunas para ver a su hijo cuando estaba vivo”.

Antes de hablar de las vidas salvadas en casi un cuarto de siglo en esa sala de terapia, la doctora Nurys Diéguez Andrés evoca con dolor casos como este, quizás porque para ella el valor humano es lo más importante de la persona. Y fue ese, precisamente, el móvil de su preferencia por su especialidad.

“Trabajé hasta 2008, pero los vínculos con Terapia Intensiva continúan, ahora como profesora consultante.

“Padecí mucho la pérdida de Lazarito, pero ese malestar lo pude superar porque fueron muchas más las satisfacciones, como la respuesta estimulante que me dio la madre que había perdido a su hija de 18 años en un accidente, y al poco tiempo falleció en el hospital su otro hijo.

“A esa madre le expliqué con mucho tacto cómo el corazón de su hijo latía, pero su cerebro ya no funcionaba y sus órganos vitales reunían todos los requisitos para salvar otras vidas. Ella no me dejó terminar las explicaciones, interpretó mi sentir y dijo entre sollozos: llévenlo al salón.

“Al otro día fui hasta Arroyo Muerto, su lugar de origen en el municipio de Majibacoa, donde fue inhumado el cadáver”.

Especialista de segundo grado en medicina interna y en cuidados intensivos, y máster en Ciencias, Nurys continúa vinculada a su sala, ahora como profesora.

Cerca de 50 especialistas, quienes hoy laboran en los ocho municipios de Las Tunas o colaboran en otros países, han tenido en ella parte de sus enseñanzas.

Recuerda cómo un día de 1986 todos los jefes de Salas de Terapia del país se reunieron con Fidel Castro, y ella era la única mujer. Cuando terminó el encuentro, el Comandante en Jefe les preguntó cómo iban a regresar a sus respectivas provincias, a lo cual el grupo le respondió que lo harían por distintas vías.

A los dos meses, cuando realizaba sus labores rutinarias en el hospital, le avisaron que le había llegado un auto asignado.

“Desde entonces, de vez en vez, llegaba de noche o de madrugada al hospital para cerciorarme del estado en que se encontraban pacientes que constituían una preocupación para mí”.

Durante el diálogo, a la doctora le llegó otro recuerdo más desagradable:

“En la visita que realicé a Estados Unidos por invitación familiar, me llevaron a cierta clínica para que viera su funcionamiento y allí se encontraba un niño accidentado. Cuando le preguntaron al padre por el dinero, dijo que no tenía. Entonces le desconectaron los equipos de ventilación y el pequeño falleció”.

Desde que vio ese caso, con sus propios ojos, fue tanto el efecto negativo, que regresó a Cuba antes de los 30 días autorizados.

“Con tremenda naturalidad, en nuestras salas de terapia intensiva no se escatiman recursos a favor del ser humano. Ocupar una cama al Estado le cuesta 250 pesos diariamente, sin incluir los medicamentos o la alimentación artificial de proteínas, lípidos y carbohidratos. Incluso, existen tratamientos que para lograr efectividad requieren emplear bulbos, los cuales cuestan 500 dólares”.

A los 62 años de edad, Nurys es incansable conversadora sobre temas diversos y no ha perdido la maña de buscarle solución a las cosas hasta agotar todas sus posibilidades.

Ello ha propiciado que siempre lleve como divisa: mientras exista vida, hay esperanza. (Agencia Cubana de Noticias)
/yrn/

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