Las Tunas, Cuba. Jueves 17 de Agosto de 2017
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Rutilante estrella del box (final)

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La brillante trayectoria de Yoyo Díaz en la Liga de Color de los Estados Unidos, se extendió a tres temporadas, traducidas en balance de 32 victorias y 11 derrotas, por esa razón miles de fanáticos se trasladaban a grandes distancias solo para admirar su desempeño desde el box, sin embargo, el muchacho de Puerto Padre no recibió la paga merecida, fue maltratado y humillado por su condición de negro.

Decepcionado por tener que alojarse en hoteles sin las condiciones mínimas, obligado a comer en la cocina o el patio de los restaurantes, a viajar en ómnibus de tercera categoría y a lanzar hasta cinco veces en una semana para obtener una miserable paga que apenas daba para sobrevivir, Yoyo Díaz abandonó Estados Unidos y regresó a la Patria, acompañado de fama, pero con los bolsillos vacíos, aunque dispuesto a consagrarse en la pelota profesional cubana.

Debuta en la liga invernal del país con la franela de los elefantes de Cienfuegos, con los cuales ratifica su extraordinaria calidad al convertirse en su pítcher estrella, cuando consigue balance de 13 triunfos, tres de ellos por la vía de la lechada, y dos fracasos, para guiarlos al Título Nacional.

De su trayectoria en la pelota profesional cubana, los viejos aficionados y lo especialistas recuerdan el extraordinario duelo frente al estelarísimo Adolfo Luque (Papá Montero) en el terreno del Colegio La Salle, de Santiago, cuando en el octavo capítulo le marcaron una carrera sucia, por error del camarero y salió por la puerta estrecha, con todo y haber propinado 14 ponches.

Durante la década del 30 del siglo 20, el veloz derecho se consolida en el box y a partir de 1931 se va a jugar a circuitos de América Latina. Puerto Rico, México, República Dominicana y Venezuela, país este último en el que vistió el uniforme del afamado conjunto Navegantes de Magallanes, el cual le ofreció una buena oferta para repetir en 1934, campaña en la terminó con siete victorias y dos reveses.

Regresó a la Liga de Color de Estados Unidos en 1935, donde militó en el equipo New York Cubans, dirigido entonces por Alejandro Pompés y un salario mensual escaso, 150 pesos mensuales. Esta vez su actuación fue discreta con seis éxitos y cuatro descalabros. Ese propio año regresa a Cuba y es contratado por el Santa Clara, con el cual contribuyó a la conquista de la corona.

Posteriormente se reincorpora a la pelota azucarera con su primer club, el Chaparra y juega prácticamente en todo el país. Esa decisión estuvo basada en el hecho de que los jugadores de calidad eran empleados en los centrales con sueldos superiores a los que pagaban los equipos profesionales, por eso se mantiene hasta que en 1938 realiza su última incursión en el béisbol rentado con el uniforme de los Leones de La Habana.

Después de volver a la actividad beisbolera de los centrales, milita en varios equipos hasta que en 1942 decide decir adiós a los terrenos, cuando se desempeñaba con la representación de la Manatí Sugar Company, al norte de la actual provincia de Las Tunas y aunque apoyó su deporte favorito como entrenador, la mayor parte de su tiempo la dedicaba a trabajar de operador de caldera y en labores de dirigente sindical.

Tras el triunfo de la Revolución y el resurgimiento de la Liga Intercentrales, presidida por su colega y amigo, Martín Dihigo, El Inmortal, asumió la responsabilidad de Delegado de esa organización en la zona del norte de Oriente, hasta que decidió acogerse a la jubilación en el año 1971.

En retiro casi absoluto, Eleodoro Yoyo Díaz pasó a residir en una humilde casita de paredes de madera y techo de guano, en un lugar conocido por El Aguacate, perteneciente al actual municipio de Jobabo, donde lo visité y conocí, por su propio testimonio, qué difícil fue su vida desde que era un niño y cómo los jóvenes atletas en general y los peloteros en particular, debían agradecer todos los beneficios que les brinda la sociedad revolucionaria, gracias a la cual en Cuba el deporte es un derecho del pueblo.

Por decisión de las autoridades del municipio Puerto Padre, donde en la década del 70 se construyó un nuevo estadio con el nombre de Yoyo Díaz, el brillante lanzador recibió todas las facilidades para residir en su ciudad de origen, a unos metros de donde había nacido. Allí gozó del cariño y el respeto de familiares, amigos y pueblo en general, hasta que a los 85 años de edad, dijo adiós a la vida el 18 de junio de 1988.

Aunque la trayectoria de Eleodoro Yoyo Díaz no ha tenido toda la divulgación que merece por su probada excelencia, el veloz pítcher derecho de Puerto Padre, tiene un lugar de privilegio en la historia de los inmortales del béisbol cubano, próximo a cumplir 139 años de existencia oficial el 27 de diciembre de este 2013.
/mdn/

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Sobre Juan E. Batista Cruz

Periodista. Graduado de la Universidad de Oriente. Jubilado. Se desempeñó como reporteros para los temas del deporte en el diario y semanario 26 y comentarista deportivo de la radio y la televisión. Es toda una institución en el conocimiento de los temas deportivos, y tiene un reconocimiento a nivel nacional. A pesar de estar jubilado mantiene una vida activa dentro del Periodismo de Las Tunas.

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