Las Tunas, Cuba. Jueves 24 de Agosto de 2017
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Rutilante estrella del box

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En varias ocasiones me he referido a la calidad histórica de los lanzadores de Las Tunas, desde los legendarios Negros Viejos, hasta la actualidad, muchos de ellos con resultados extraordinarios en la pelota tanto amateur como profesional, incluidas las Grandes Ligas de Estados Unidos en las que Orlando Peña militó en diferentes equipos, principalmente los Rojos de Cincinatti y Aristónico Correoso, con los medias rojas de Boston.

Después del triunfo revolucionario, serpentineros tuneros brillaron y brillan en series nacionales y selectivas, como son Ónix Martínez, Ángel López, Roldán Guillén, Eliécer Velázquez, Gregorio Pérez, el campeón mundial Félix Núñez, el titular olímpico Juan Carlos Pérez, el monarca universal universitario José Miguel Báez y los actuales estelares Yoelkis Cruz, Darién Núñez, Carlos Juan Viera, Yudiel Rodríguez y Ubisney Bermúdez.

Pero entre los pioneros del pitcheo en el territorio de esta provincia, hay uno que logró verdaderas hazañas, el puertopadrense Eleodoro Yoyo Díaz, estelar dentro de la pelota profesional nacional y en la llamada Liga de Color de Estados Unidos, en la época en que la injustificable discriminación racial impidió que los jugadores negros jugaran en la llamada Gran Carpa, absurda limitación que rompió Jackie Robinson al ser firmado por los Dodgers de Brooklyn en la década del 40 del pasado siglo.

Yoyo Díaz Ortuño, nacido el 10 de junio de 1905 en la atlántica ciudad de Puerto Padre, fue el primogénito del matrimonio formado por Bernardo Díaz y Caridad Ortuño. Por la humildad de su existencia, el futuro estelar del béisbol sufrió muchas privaciones y su principal entretenimiento fue el mismo de la inmensa mayoría de los niños cubanos, el deporte de las bolas y los strikes.

El domingo 13 de enero de 1918, con 13 años de edad, participa en su primer juego oficial con el equipo de su barrio, en el cual demostró un talento fuera de lo común en la defensa de los jardines, por lo que en el comienzo de la década del 20 del siglo anterior ya integra un conjunto de adultos a pesar de contar solamente con 15 años de existencia. En plena adolescencia, Yoyo se convierte en figura de referencia de los campeonatos locales de la ciudad de Puerto Padre y los poblados cercanos como los bateyes de los centrales Delicias y Chaparra.

El domingo de mayo de 1924 marcó el comienzo de su carrera como lanzador: Defendía los jardines del equipo Tabaqueros de Puerto Padre, equipo que ganaba su partido 3 x 1 en el octavo capítulo, cuando la situación se complicó y el rival amenazaba al menos con empatar por la deficiencia de los tiradores, ante lo cual se le pidió que actuara de relevo.

Con rectas supersónicas, el joven ponchó a los tres hombres en turno y después en el noveno se llevó a otros dos por la vía de los strikes, actuación que preservó el triunfo de su novena.

Nacía una estrella del box, porque una semana después, Yoyo enfrentó a la poderosa novena del Chaparra Baseball Club, en la que alineaban varios jugadores negros estadounidenses que se desempeñaban en la llamada Liga de Color del vecino país y otros cubanos de reconocida calidad. El equipo de Puerto Padre ganó por la vía de los nueve ceros y el bisoño serpentinero repartió 16 ponchetes y solo permitió tres indiscutibles.

Impresionado por el talento del jovencito lanzador, el señor Eugenio Molinet, administrador del central Chaparra le ofreció un contrato en el que le ofrecía empleo con un buen sueldo, albergue, comida y posteriormente una casa, para que se incorporara al conjunto local, lo cual aceptó de buena gana por lo que significaba para su familia.

Con el equipo del central Chaparra obtuvo muchísimas victorias sobre selecciones de todo el país, no solo por su labor monticular, sino como bateador de tacto y fuerza. La calidad de Yoyo Díaz llamó la atención de los scout y en 1926, con solo 21 años de edad, fue firmado para jugar en el Cubans Star de la llamada Liga Color de Estados Unidos. Debutó frente al conjunto Bushwhace, frente al cual perdió 1 X 0, pese a que no concedió boleto, ponchó a 12 y permitió tres sencillos, mas fue perjudicado por dos errores de sus compañeros.

En poco tiempo, el humilde chico de Puerto Padre se convirtió en una de las figuras principales de su equipo, en el que militaban otras grandes luminarias de la pelota cubana como Cocaína García, Basilio El Brujo Rosell y Pascual Martínez, todos con cualidades de sobra para brillar en la Gran Carpa, pero imposibilitados de ello por su condición de negros.

Convertido en un tirador de excelencia, Yoyo Díaz tuvo el reconocimiento, la admiración y el respeto de jugadores, técnicos, periodistas y aficionados seguidores de la Liga de Color, al extremo de que le nombraban con diferentes apelativos: El hierro de Cuba, El cañón cubano y El brazo de hierro, entre otros, todo porque debido a que solo ganaba sin lanzaba, casi todos los días se encaramaba en la lomita. (Continuará)
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Sobre Juan E. Batista Cruz

Periodista. Graduado de la Universidad de Oriente. Jubilado. Se desempeñó como reporteros para los temas del deporte en el diario y semanario 26 y comentarista deportivo de la radio y la televisión. Es toda una institución en el conocimiento de los temas deportivos, y tiene un reconocimiento a nivel nacional. A pesar de estar jubilado mantiene una vida activa dentro del Periodismo de Las Tunas.

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