Las Tunas, Cuba. Jueves 24 de Agosto de 2017
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Ay Siria, lo que Occidente quiere de ti

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La Habana.- El hecho de que aliados árabes de Estados Unidos se comprometieron a pagar los costos de la agresión militar contra Siria desenmascara los intereses que mueven las cuerdas de los planes contra esa nación del Levante.

El secretario de Estado norteamericano, John Kerry, admitió en audiencias en el Congreso de su país que esas naciones, presumiblemente Arabia Saudita y Catar, correrían en su totalidad con lo que habría que desembolsar para intentar derrocar al Gobierno del presidente Bashar al-Assad.

El titular estadounidense dijo que, respecto al ofrecimiento de los países árabes de asumir los costos, “la respuesta es profundamente sí”.

Añadió que algunos de ellos han dicho que “si Estados Unidos está dispuesto a hacer la cosa completa, de la misma manera que lo hemos hecho anteriormente en otros lugares, ellos pagarán el costo”.

Las amenazas occidentales de agredir a Siria, para muchos el país más democrático en comparación con otras naciones y monarquías del Golfo, tienen un trasfondo económico fundamentado en el control de los recursos energéticos de la región mesooriental, señalan expertos al abordar esas declaraciones.

Detrás del interés de derrocar a las autoridades de Damasco, se oculta la lucha de Occidente por los recursos energéticos.

Los problemas geopolíticos relacionados con la producción, transporte y uso del gas están tal vez más que cualquier otro tema en el radar de los estrategas occidentales, estima William Engdahl, un especialista del tema en la región.

En el centro del conflicto están los gasoductos que alimentarían Europa y en los cuales Siria es un punto importante tanto para Arabia Saudita y Catar, por un lado, e Irak e Irán, por el otro.

Siria es un eslabón clave en la cadena de gasoductos que pueden recorrer su territorio, y su inclinación a favor de Irán y Rusia pesa en la decisión de los occidentales para derrocar a las actuales autoridades, señala un artículo que publicó el sitio canadiense Global Research.

Las acciones contra ese país se desencadenaron a raíz de la firma en junio de 2011 de un acuerdo para la construcción de un gasoducto Irán-Irak-Siria, que enlazaría las grandes reservas iraníes hasta el Mediterráneo Oriental a un costo de cerca de 10 billones de dólares.

Algunos análisis indican que la exportación de gas sirio o iraní a la Unión Europea podría tener lugar a través del puerto de Tartus, el cual tiene lazos con Rusia, algo no satisfactorio para Catar y sus patrocinadores occidentales.

El periódico árabe Al-Akhbar citó, hace varios meses, informes que indican existe un plan aprobado por Washington para crear un nuevo gasoducto a fin de transportar gas desde Catar a Europa con la participación de Turquía e Israel.

La guerra contra Siria está dirigida a impulsar un proyecto de gasoducto occidental a través de ese país, así como obligar a la ruptura del acuerdo entre Teherán, Bagdad y Damasco, de ahí, estiman comentaristas internacionales, se “justifica” el desprendimiento de algunas naciones en financiar la agresión.

“El gas natural es el ingrediente inflamable que está alimentando esta lucha demencial de energía en la región”, apunta Engdahl.

De hecho el plan está dirigido a evitar que el gas con destino a Europa vaya por las tuberías de un gasoducto Irán-Irak-Siria hasta las costas del Mediterráneo (este a oeste) y en su lugar transite más hacia el norte de Catar y Arabia Saudita a través de Siria y Turquía.

Tras las pocas perspectivas del proyecto occidental Nabucco, que uniría el Caspio con Austria para suministrar gas a Europa y frente al cual se encuentra el plan ruso de 39 mil millones de dólares (30 mil 181 millones de euros), el South Stream, Occidente tiene prisa para sustituirlos por recursos desde el golfo Pérsico.

Siria termina siendo un eslabón clave en esta cadena, y se inclinó a favor de Irán y Rusia, por lo que se decidió en las capitales occidentales que su régimen tiene que cambiar.

No es difícil darse cuenta de que la “rebelión” en Siria impulsada, manejada y financiada por Occidente y algunas monarquías del golfo Pérsico, comenzó a crecer hace dos años, cuando se firmó el memorando de Bushehr, el 25 de junio 2011, con respecto a la construcción de un nuevo gasoducto Irán-Irak-Siria.

Se trata de enlazar con mil 500 kilómetros de tubería la reserva más grande de gas del mundo compartida entre Catar e Irán, a través de Siria, con el Mediterráneo Oriental, a las puertas de Europa, hasta pasar a Grecia.

La posibilidad de suministro de gas licuado a Europa a través de los puertos del Mediterráneo de Siria también está bajo consideración.

Un gasoducto desde Irán sería muy rentable para Siria. Europa se beneficiaría de ella también, pero es evidente que alguien en Occidente está en desacuerdo con esos planes.

Catar, en opinión de Engdahl, tiene otros planes para su participación en el campo de gas South Pars, y no parece dispuesto a unir esfuerzos con Irán, Siria e Irak. No está en absoluto interesado en el éxito de un gasoducto Irán-Irak-Siria, lo que sería completamente independiente de las rutas de tránsito de Catar y Turquía hacia Europa.

Como evidencia la financiación de Catar a los extremistas islámicos que tratan de derrocar a al-Assad, las autoridades de Doha hacen todo lo posible para impedir la construcción del gasoducto.

A la posición estratégica que tiene Siria para los planes de llevar el gas a los mercados europeos, se une además el descubrimiento en 2011 de una zona productora de gas grande en Siria, cerca de la frontera con el Líbano, no muy lejos del puerto mediterráneo de Tartus, que arrienda Rusia.

A eso se suma la detección de un campo de gas significativo cerca de Homs, una provincia del centro donde las bandas armadas intentaron crear una cabeza de playa y campo de combate contra el gobierno de Damasco.

Según expertos, los aliados de Catar tratan de lograr tres objetivos: romper el monopolio ruso del gas en Europa, liberar a Turquía de la dependencia del gas iraní, y dar a Israel la oportunidad de exportar su gas a Europa por tierra a un costo menor.

En este embrollo de intereses se debate hoy la agresión contra Siria y no es descartable que nuevos argumentos, como el actual sobre el presunto uso de armas químicas por parte de las fuerzas de al-Assad, presionen para desencadenar la guerra.

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Sobre Redacción Tiempo21

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