Las Tunas, Cuba. Viernes 15 de Diciembre de 2017
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Salud privatizada, la espada de Damocles del capital

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La salud es un derecho del ser humano que cada día se cotiza a más altos precios en el mundo, gracias a los mecanismos diseñados por los sistemas capitalistas para convertir la práctica médica en fuente de cuantiosos ingresos.

Aunque la Declaración Universal de Derechos Humanos recoge esa prerrogativa en su artículo 25, lo cierto resulta que más de 42 millones de personas, solamente en Estados Unidos, carecen de seguro médico, según un estudio de las universidades de Johns Hopkins y Harvard, referenciado por la web Cubadebate.

Tal cifra, alarmante por sí sola, alcanza nuevas dimensiones si se le añaden los 880 millones de personas pobres de África, América Latina y Asia que jamás han recibido un mínimo de cuidados médicos, reporta la Organización Mundial de la Salud (OMS) en su sitio digital.

En el año 2002, el filme norteamericano John Q. presentó el conflicto, con la interpretación del actor Denzel Washington como un padre que secuestra un hospital para exigir la incorporación de su hijo de 12 años en la lista de espera para trasplantes de corazón.

La película desnuda una cruda realidad: al Estado no le importa la vida de sus ciudadanos, mensaje que va más allá de cuestionar la legitimidad o no del hecho criminal, motivado por la desesperación de ese obrero americano, quien no cuenta con los 250 mil dólares necesarios para la operación.

El drama de John Q. no es ficticio ni singular, pues la página del United States Census Bureau, del Departamento de Comercio de ese país, señala que en 2010 existían más de siete millones de niños menores de 18 años sin cobertura médica.

Otras noticias insólitas recorren a menudo los canales de información, como la de James R. Verone, otro obrero norteamericano, quien asaltó un banco el pasado año para robar un dólar.

Su objetivo era ir a prisión y así conseguir la protección ofrecida en el régimen penitenciario para atenderse una artritis y el síndrome del túnel carpiano, enfermedades propiamente laborales.

Decisión desesperada y similar a la de John Q., y tanto realidad como ficción evidencian la crisis de un sistema que viola constantemente los derechos humanos, en función del enriquecimiento de magnates farmacéuticos y dueños de instituciones hospitalarias.

Mientras, Cuba, bloqueada, satanizada y acusada sistemáticamente por la potencia norteña, mantiene un programa de salud gratuito, con una de las tasas de mortalidad infantil más bajas del planeta: 4,6 fallecidos por mil nacidos vivos en el pasado año.

Es cierto que existen carencias materiales en sus hospitales y centros sanitarios, en gran parte a consecuencia del ilegal bloqueo económico, financiero y comercial del gobierno estadounidense, que obliga a adquirir equipamiento e insumos en mercados lejanos y encarecidos.

Aún así, sostiene, además, la práctica de la medicina preventiva y miles de colaboradores cumplen misiones internacionalistas en países de Asia, África y Latinoamérica, donde atienden a esas mismas personas que la OMS reporta en sus cifras, sin costo alguno.

Paradojas del mundo contemporáneo: la pequeña isla caribeña da sus muestras de grandeza y la mayor de las potencias se debate en la crisis de la decadencia del sistema, mientras sobre la cabeza de su pueblo pende la espada de Damocles de la inseguridad. (Agencia Cubana de Noticias)

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