Lecturas

Huellas del Caribe en la cultura popular de Las Tunas

Las Tunas.- Macagua 8, una comunidad rural ubicada a unos 30 kilómetros al sur de la ciudad de Las Tunas, pasaría desapercibida para el resto del mundo si no fuera por la singularidad de sus habitantes.

Allí nació y dio sus primeros pasos el pelotero Osmany Urrutia, conocido como el Señor de los 400, al conquistar seis veces la corona de bateo de la Serie Nacional de Béisbol –récord en Cuba—, en cuatro oportunidades por encima de los 420 puntos de average.

En la zona, se hizo famoso otro personaje conocido como el Pelú de la Macagua, cuya historia ha entrado al ámbito de lo místico. Mientras unos lo asocian con la locura, hay quienes afirman que se trataba de la reencarnación de un espíritu perteneciente al culto sincrético cubano.

Macagua 8 también es el hogar de descendientes de inmigrantes haitianos que llegaron a la Isla en los primeros años del siglo XX. El cabildo familiar que allí existe mantiene vivas las normas sociales de sus ancestros, incluso el uso del idioma.

Esta comunidad resulta una de las tantas de la provincia de Las Tunas donde se conservan rasgos socioculturales de la inmigración caribeña, la cual se asentó, fundamentalmente, en las ciudades costeras del Norte, debido al desarrollo azucarero de la región y la necesidad de mano de obra para el corte de caña.

Estos hombres y mujeres provenientes de las Antillas se aclimataron a la sociedad que encontraron en aquel entonces sin perder su identidad, por lo que en comunidades rurales de Manatí, Chaparra y Puerto Padre, es posible apreciar prácticas como el juego del criquet, el baile de la cinta y elementos arquitectónicos de tal procedencia.

Investigadores de las Universidades Vladimir Ilich Lenin y José Tey han desarrollado estudios sobre este tema, mientras que instituciones culturales apoyan la realización de proyectos comunitarios como El hormiguero, cuyos principales protagonistas son los niños.

En Las Tunas existen compañías y creadores depositarios de estas raíces, entre ellos el conjunto Onilé, la conga los Dandys del 50, Petit Dancé y Los Acuarianos, el pintor Léster McCollin y agrupaciones corales pertenecientes al culto episcopal.

La mayoría de estas tradiciones se trasmitieron de manera oral y, ante la renovación generacional de este segmento de la población, uno de los mayores retos de los actuales descendientes afrocaribeños está en conservar este legado. (Agencia Cubana de Noticias)

 

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