Las Tunas, Cuba. Lunes 23 de Octubre de 2017
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Voces desde el silencio

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Angélica Reyes

Fotos: Yaciel Peña/AIN

Sobre el escenario se enciende la luz y una joven comienza a bailar con destreza. Su cuerpo parece convertirse en extensión de su alma, y al final los espectadores la premian con aplausos, aunque esta vez no baten palmas, sino que alzan las manos y las mueven con vigor. Solo así los sordos o hipoacúsicos, como esta bailarina, pueden advertir el reconocimiento de los espectadores.

La escena puede encontrarse en cualquier rincón de Cuba, donde las personas tienen el derecho a tomar parte libremente en la vida cultural de la comunidad y a gozar de las artes, independientemente del color de la piel, la creencia, la procedencia social o alguna discapacidad.

Para la instructora de arte Elizabeth Borrero, el lenguaje del teatro es universal. Esa convicción la llevó a fundar hace más de 15 años un proyecto de creación y apreciación escénica con niños sordos e hipoacúsicos, quienes convirtieron la mímica y otras formas extraverbales en la manera de comunicarse con todo tipo de espectadores.

César Pira“Este proyecto -explicó Borrero- se mantiene activo todavía con la mayoría de sus fundadores. Ellos obtuvieron múltiples premios en festivales para personas discapacitadas y en certámenes convencionales”.

A juicio de la también actriz de la radio y la televisión, el impacto de la iniciativa demuestra que en el país existen leyes e instituciones las cuales garantizan los derechos de las personas con discapacidad quienes, incluso, pueden desempeñarse como artistas profesionales.

Una de ellas es la joven Liudxy Reyes, de la provincia de Las Tunas, quien asegura haber nacido para la danza. Quizás la vocación la heredó de su padre, quien integró varios grupos de aficionados y llegó a presentarse en eventos culturales de alcance nacional, y la alentó en los momentos más difíciles de su carrera como instructora de arte.

“De pequeña enfermé -comentó Reyes- y comencé a tener dificultades para escuchar hasta que solo quedaron restos de audición en mi oído derecho. Recibí el apoyo de la familia, profesores y de los especialistas, quienes me enseñaron el lenguaje de las señas y a confiar. En la secundaria ingresé al grupo La voz del silencio, el cual ha posibilitado que desarrolle las aptitudes actuales.

Leydi Gonzalo“Al concluir el noveno grado aprobé los exámenes en la Escuela de Instructores de Arte Rita Longa, de Las Tunas, en la especialidad de la musa griega Terpsícores, deidad de la danza. Allí obtuve una de las notas más altas de ese año.

“Cuando me gradué comencé a trabajar en la escuela Ramón Téllez, donde estudian niños con discapacidades auditivas y visuales.

“La primera vez que actué para ellos -dijo- quedaron muy impresionados y enseguida me pidieron los enseñara, porque descubrieron que la danza es un medio para expresarse y se relaciona mucho con el lenguaje de señas empleado comúnmente por los sordos e hipoacúsicos”.

La joven sueña con convertirse en bailarina profesional y demostrar en los escenarios que no importan los obstáculos naturales cuando existen oportunidades para desarrollar el talento y hacer realidad los sueños.

Mariannis Peña debió luchar mucho desde pequeña para hacer realidad sus aspiraciones. Apenas con algunas horas de nacida batalló contra la muerte y aunque venció, perdió la audición, pero no la voluntad.

Pedro RicardoEl suceso de la infancia llevó a su familia a sobreprotegerla y la mayoría del tiempo lo pasaba en la casa frente al televisor, en el cual veía los muñequitos los cuales después trataba de reproducir por su cuenta en el papel. El dibujo le ayudó a superar la soledad y a expresar sus emociones.

“A los seis años matriculé en la escuela especial para niños sordos -señaló Peña- y allí creció la pasión por la pintura. Al propio tiempo aprendí el lenguaje de las señas y comencé a participar en actividades culturales, de esa forma ingresé en el grupo La voz del silencio, en el cual preparamos muchas obras de teatro y danza, y me percaté de la universalidad del arte para la comunicación.

Agregó que cuando terminó la secundaria básica estaba indecisa respecto a su futuro y el intérprete la entusiasmó a presentarse a las pruebas de aptitud de la Escuela de Instructores de Arte en la especialidad de plástica.

“Perfeccioné mucho mi técnica -dijo- y me gusta pintar paisajes, naturalezas muertas e imágenes surrealistas. He expuesto mis obras en varios festivales e instituciones culturales y educativas de la provincia. También he continuado vinculada al grupo de teatro que me acogió en la secundaria, otra de mis grandes pasiones junto al trabajo con los niños en el centro escolar Ramón Téllez”.

Las historias de Mariannis y Liudxy inspiran a otros pequeños con alguna discapacidad, quienes ahora tienen la oportunidad de ingresar a escuelas de arte y participar en proyectos en la provincia, donde antes de 1959 no existían centros de la enseñanza artística ni instituciones para la atención a personas con necesidades educativas especiales. (Agencia Cubana de Noticias)

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