Lecturas

La reina de una Colmena cumplió 15

Aimé junto a sus compañeritos de la colmenita y sus familiares.

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darletis leyvaDarletis Leyva González
darletislg@rvictoria.icrt.cu

Las Tunas, Cuba.- Las quince primaveras es esa edad preciosa de la vida que todas las niñas esperan porque no solo es la oportunidad para los maquillajes, los vestidos hermosos, la gran celebración en familia…, sino la fecha primada en el calendario de la existencia que significa ya crecí.

Hace solo unos días una adolescente tunera se convirtió en princesa. Aimé Lora Espinosa ya tiene 15 años y con solo doce llegó a una compañía artística donde encontró su verdadera familia.

“Cuando yo llegué a la Colmenita del Balcón todos los niños me apoyaron, principalmente mi profesora Kisbelis Oduardo, que enseguida me enseñó a cantar, bailar, actuar…; y el día de mis quince fue una sorpresa muy bella ya que los niños y la profe me prepararon unos quince muy especiales; fue una sorpresa que no me esperaba pues siempre que iba a los ensayos ellos me despistaban y me decían que mi mamá había llamado, que fuera para la casa, si no estaba haciendo nada, y era para ellos prepararme la sorpresa. Es un sueño del que nunca quisiera despertar”.

Kisbelis Oduardo, la Directora de la Colmenita de Las Tunas, se convirtió en el hada madrina que hizo realidad parte del sueño de los quince de Aimé.

“Recientemente celebramos nuestros primeros quince, de Aimé, una de las integrantes de la Colmenita; como le dicen los niños del proyecto, la mamá de todos ellos, porque es una muchachita que, a pesar de su edad, es una niña.

“Ella siempre decía cuando yo cumpla 15 quisiera pasear en un carro con dos abejitas. Nosotros nos dimos a la tarea de complacerla; le hicimos un recorrido en un coche. Ella es la primera quinceañera de la Colmenita; es una niña muy inteligente, que ha aprovechado al máximo todo lo que se le ha enseñado. Ella dice que la razón de su vida es la Colmenita”.

La quinceañera afirma que cuando llegó al proyecto no sabía hacer nada y la profe Kisbelis le dio su apoyo, igual que los niños, y le dijeron que no se preocupara, que iba aprender a hacer de todo, junto con ellos.

“Como yo siempre he sido una niña muy enfermita pensaba que no podía estar en la Colmenita, pero la profesora y los niños me apoyaron y me dijeron que eso no era impedimento. Lo que más me gusta hacer es bailar y actuar.

“Yo quiero quedarme en la Colmenita hasta que pueda, no importa que haya terminado el noveno grado, porque ellos me siguen apoyando y me siguen queriendo mucho”.

Su profe Kisbelis asegura que Aimé puede estar en la Colmenita hasta que desee.

“Yo pienso que ella tiene tantos conocimientos y ha adquirido tanto, que es una ayuda muy grande para los otros niños; yo pienso que si ella quiere envejecer en la Colmenita y mientras haya Colmenita, ella puede estar”.

Mitdania Espinosa ha sido el faro de Aimecita, quien ahora despunta a la vida, pero sigue siendo la niña de mamá.

“Algo fue muy especial para mí: traer a Aimecita al mundo, porque me dio la razón de vivir y que por ella estoy luchando. Además, fue una niña muy enfermiza desde que nació y yo siempre traté de luchar y de llevar ese optimismo.

“Aimecita fue una niña que siempre luchó por el arte y yo a pesar de sus enfermedades y con todos los tropiezos que me ha dado la vida, he llevado todo al pie de la letra para que mi niña hoy sea una bailarina de la Colmenita del Balcón. La Colmenita ha sido ese complemento de la familia.

“Yo vivo muy orgullosa de mi niña, por su dedicación, por su talento, por sus estudios…; nunca pensé que podía llegar a ver a mi hija con esa alegría que la veo hoy”. 

Aimé Lora Espinosa es toda una señorita que ahora sabe de coloretes, creyones y vestidos ajustados. Con quince años, recién cumplidos, su rostro describe la ternura y belleza inigualable de esa edad de la vida.

Aunque ahora su vida se enrumba hacia la madurez, mantiene viva la inocente chispa que encendió en ella su otra familia, la Colmenita del Balcón, compañía artística de Las Tunas que alimentó en esta joven sueños y derrumbó limitaciones.



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