Las Tunas, Cuba. Lunes 23 de Octubre de 2017
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Primer vuelo sin escala entre España y Cuba: la valiente aventura aérea de Barberán y Collar

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El "Cuatro vientos" al aterrizar en el aeropuerto de la ciudad de Camagüey.hernan boschHernán Bosch
hrbosch@enet.cu

El 10 de junio de 1933, hace hoy 80 años, cuando el reloj marcaba en España las 4:35 minutos de la madrugada, se inició en el aeropuerto militar de Tablada, en Sevilla, una singular y arriesgada aventura protagonizada por los pilotos militares ibéricos Mariano Barberán y Joaquín Collar.

A esa hora, ambos aviadores despegaron en una aeronave que llevaba en su fuselaje el nombre de Cuatro Vientos con rumbo a Cuba, para ejecutar el que constituyó en aquella ya lejana época el vuelo más prolongado realizado hasta entonces sobre el mar, y el primero directo entre la península ibérica y la isla antillana.

Con este largo y arriesgado trayecto se cumpliría un viejo sueño de los pilotos españoles, que ya en 1928 habían presentado al mando este proyecto, el cual fue inicialmente rechazado al considerarse en extremo riesgoso por la gran cantidad de horas de vuelo y la enorme distancia que debían recorrer sobre un océano propenso a repentinas tempestades, y donde resultaría imposible auxiliarlos en caso de sufrir algún accidente.

Los aviadores españoles Mariano Barberán y Joaquín Collar, retratados en un importante estudio fotográfico durante su estancia en la capital cubana.Barberán, de 37 años de edad, era capitán de ingenieros y director de la Escuela de Observadores de Aeroplanos de Guerra en la base de Cuatro Vientos (en aquellos tiempos se llamaba observadores a los navegantes), mientras Collar, con 26 años, se había graduado de piloto y figuraba entre los más prestigiosos de su profesión en España.

Ambos fueron auxiliados en tierra por un tercer miembro del equipo, el mecánico Modesto Madariaga, el más experimentado de la base y uno de los participantes en la fabricación del avión utilizado en la experiencia, un bombardero ligero y de observación francés Breguet XIX, un modelo que se construía también con licencia francesa en la fabrica de CASA (Construcciones Aeronáuticas, S.A.), en Getafe, un pueblo cercano a Madrid.

En un interesante y detallado reportaje sobre este vuelo publicado en el sitio digital Cubaperiodistas.cu por el prestigioso fotorreportero cubano Jorge Oller, Premio Nacional de Periodismo José Martí, se precisa que luego de su despegue los pilotos pusieron rumbo a la isla Madeira, que serviría de punto de referencia para girar hacia el oeste y atravesar el Atlántico por su parte más ancha.

La espectacular travesía se realizó sin dificultades y 33 horas después de despegar de suelo español ambos aviadores divisaron la primera tierra americana: la bahía de Samaná, en Santo Domingo, y continuaron rumbo a Cuba.

Según la narración de Oller, el “Cuatro Vientos” entró en territorio cubano a las 2:05 de la tarde del día 11, hora local, bajo un cielo encapotado. Fue avistado por los guantanameros, en el oriente de Cuba, quienes lo vieron seguir el curso de la línea del ferrocarril. Sobrevoló varios pueblos, a veces lloviendo y a las tres de la tarde cruzaba sobre Camagüey.

En el poblado de Florida, los relojes del combustible alertaron a los tripulantes que la reserva no era suficiente para llegar a La Habana. Barberán decidió volver y bajo una ligera lluvia aterrizaron en el aeropuerto de la ciudad de Camaguey, a las 3:39 de la tarde del 11 de junio de 1933, hora de Cuba, después de protagonizar la hazaña de volar cerca de 40 horas de forma continua.

No se sabe cómo, la noticia se difundió por la ciudad y las autoridades y curiosos se trasladaron al aeropuerto para darles una cálida y admirada bienvenida a los dos héroes protagonistas de la proeza, cuya estancia en la ciudad de los tinajones se extendió hasta el día siguiente a las 2:22 de la tarde, hora en que partieron hacia La Habana nuevamente a bordo del “Cuatro Vientos”.

Aquella tarde del lunes 12 de junio, el aeropuerto de Columbia estaba rodeado de miles de habaneros que a pie, en bicicleta, guaguas o camiones, habían llegado para darles una multitudinaria y cálida bienvenida a los aviadores españoles.

A las 5:15 minutos Barberán y Collar aterrizaron en la pista y fueron recibidos por los presidentes del Senado y de la Cámara de Representantes, entre otras autoridades de aquella época en Cuba, que vivía bajo la cruel dictadura de Gerardo Machado, combatida con heroicas acciones revolucionarias.

Pese a los dramáticos momentos que atravesaba el país, desde el mismo momento que aterrizaron en La Habana hasta el domingo 18 de junio, el pueblo cubano le rindió un caluroso homenaje a los aviadores Barberán y Collar, quienes tuvieron el hermoso gesto de donar todos los premios que recibieron a instituciones de caridad para aliviar la miseria de sus paisanos que residían en Cuba y a cubanos necesitados.

Lamentablemente, aquella impresionante aventura científica terminó en una tragedia. La travesía total, que había sido concebida en dos etapas, Sevilla-La Habana y La Habana-México, no pudo concluir satisfactoriamente, porque el 20 de junio, mientras volaban hacia la capital azteca, donde serían recibidos por el Presidente y el pueblo de esa nación, los dos héroes españoles desaparecieron en su avión sin dejar rastros.

No obstante su dramático final, la histórica proeza de Barberán y Collar había cumplido sus objetivos preliminares, que eran fortalecer las buenas relaciones que existían entre los cubanos y la República Española, demostrar el avance alcanzado por los pilotos y la industria aeronáutica ibérica y estudiar rutas de vuelo que pudieran trazarse entre Europa y Centroamérica.



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Sobre Redacción Tiempo21

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