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Ada, una cómplice del mar

Jesús Menéndez (Las Tunas).- Vivir frente al mar es una dicha que pocos pueden disfrutar; pero en la Playa La Herradura de este municipio, en la provincia de Las Tunas, desde hace 20 años una mujer reta a la soledad y ha hecho del mar su gran compañero.

“Yo me jubilé en el año 1993 y vine para aquí junto a mi esposo. Estaba muy mal de los nervios y entonces me iba para la orilla del mar a recoger caracoles y a los 15 días dejé de hacerlo porque ya me sentía bien de los nervios.

“Mi esposo murió hace siete años y pensé irme y no volver más, pero la vida me dijo que no, que debía volver y aquí vivo sola, frente al mar”.

¿Qué la alienta para seguir aquí?

Mi vida, mis actividades; me siento bien; respiro aire puro.

¿Cómo es un día normal de Ada?

Voy hasta el círculo de abuelos, cuando toca; algunas reuniones, porque soy del Destacamento Mirando al Mar. Me gusta coser y en los ratos libres lo hago. Comparto con mis vecinas y así soy feliz. A veces viene una hija unos días, me acompaña, se va y paso mi vida.

El mar es precioso, ¿Cómo lo ve usted?

Yo lo veo bello, porque este mar tiene unos colores únicos. Algunos familiares míos, que iban mucho a Varadero, decían que este mar hay días que tiene unos colores verde azul, que no lo tiene otro mar.

Ada, pero en las noches el mar puede ser muy peligroso. ¿Qué siente usted cuando todo lo que ve es una oscuridad inmensa?

Nada, no me da nada. Veo siempre el Noticiero por la noche para ver el estado del tiempo y ya yo sé cuando viene mal, cuando viene bien.

Usted pasó el Huracán Sandy aquí, ¿Cómo se puso ese mar?

Se puso muy fuerte y había mucha brisa. Pasé a Sandy aquí, pero si viene otro no lo paso porque el Huracán Ike me derrumbó la casa hace casi cinco años.

¿Tuvo miedo al paso de Sandy?

No, nada de eso. Como el pronóstico era para las 4:00 de la mañana; nos acostamos a dormir un primo mío y la esposa, que lo pasaron aquí, y yo, y a las cuatro nos levantamos y yo dije: Bueno, aquí lo que hay es que hacer café para pasar este ciclón. (Ada sonríe con la dulzura y la valentía de sus años)

¿Piensa terminar sus días aquí, justo frente al mar?

Mientras me pueda valer, que yo pueda andar, pienso estar aquí.

¿Qué siente cuando observa ese mar?

Cuando veo ese mar siento mucha emoción, porque dos seres muy queridos por mí, que fueron mi padre y mi esposo, tenían obsesión con el mar. Y entonces la belleza de este mar me hace recordarlos y sentir más aliento para seguir viviendo.

Ada Sicilia Rueda tiene 76 años, pero es una mujer muy joven de espíritu; dada a la conversación, a brindar un sabroso cafecito cubano y a mostrar con orgullo ese gran tesoro que tiene en su vida desde hace 20 años; su mejor cómplice: el Mar. 

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