Las Tunas, Cuba. Lunes 23 de Octubre de 2017
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El agua y el desarrollo sustentable (I)

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Lino Luben Pérez
ll@ain.cu

El Ministerio de la Agricultura de Cuba es el principal consumidor de agua del país, al absorber prácticamente el 60 por ciento de todo el volumen anual del escaso líquido.

Sin embargo, en el período 2005-2010 su gasto triplicó la cifra, al pasar de mil 200 a tres mil 500 hectómetros cúbicos y, por el contrario, la producción total del sector en su conjunto disminuyó de unos 34 millones de toneladas a 20 millones.

Es evidente que su uso en este campo no resulta sostenible por la inexistencia de una correspondencia clara entre la elevación de su empleo y el proceso productivo.

Los recursos hídricos de la Isla han sido objeto de múltiples investigaciones científicas durante los últimos años, debido a que son los más amenazados y, al mismo tiempo, constituyen el centro de atención para el desarrollo sustentable por su dimensión ambiental y ecológica.

Pero si se les compara con indicadores internacionales de sostenibilidad, puede llegarse a la conclusión de que en Cuba su desarrollo es adecuado.

Si bien en la Isla hay un elevado índice de potabilización del agua, por encima de un 92 por ciento, también debe reconocerse que la que llega a los hogares no reúne esos requisitos en su totalidad, por lo que para beberla debe ser hervida.

De modo que los índices en ese sentido son virtuales, pues sólo se refieren al origen o punto de partida; es decir, en las plantas potabilizadoras, puesto que por el camino de las conductoras se contamina al entrar en contacto con albañales y con residuales domésticos, agrícolas o industriales.

Por esas razones deviene una acción vital la de proteger las fuentes de abasto y eliminar en ellas y en sus cercanías todo foco contaminante, por su impacto negativo en el trayecto hasta los consumidores.

El agua da la vida, es imprescindible para ella, pero al mismo tiempo trae enfermedades, incluso la muerte, si está contaminada.

Para colmo, es finita y depende de la evolución geológica del país, de su posición y forma geográficas.

La reposición de la extracción y el consumo está dada por el nivel medio de las precipitaciones anuales.

Aunque la población se ha mantenido casi estable en los últimos años, su crecimiento no constituye un factor decisivo como en otras naciones.

La disponibilidad de los recursos hídricos por habitante es muy baja, apenas unos mil 200 metros cúbicos por habitante al año para todos los usos; es decir, Cuba clasifica con un moderado estrés hídrico, indicador no igual para todas las provincias y regiones.

Por ejemplo, en la zona oriental, compuesta por las provincias de Camagüey, Las Tunas, Holguín, Granma, Santiago de Cuba y Guantánamo, vive cerca del 50 por ciento de la población cubana.

Sin embargo, las aguas subterráneas apenas alcanzan el nueve por ciento del territorio y si se consideran también las superficiales, entonces no se llega al 20 por ciento.

De modo que esto crea un desequilibrio natural del recurso en cuestión, que se manifiesta igualmente en lo económico, lo productivo y lo social. (Agencia Cubana de Noticias)

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