El Rey del Saladito

Manuel Santiago Villar Martínez, con sus pregones y su buen maní saladito. (Fotos: Tiempo21/Angeluis)darletis leyvaDarletis Leyva González
darletislg@rvictoria.icrt.cu

Las Tunas, Cuba. Hay buen maní saladito y el caramelito de menta y fresa…Rico maní, rico maní…Cada mañana alegra con su fuerte y carismático pregón la entrada del Hospital General Docente Ernesto Guevara de la Serna, de la provincia de Las Tunas un abuelito de 74 amaneceres para quien la ausencia de los colores de la vida no ha sido impedimento y por eso desde hace 57 años vende en las calles un exquisito maní tostado y caramelitos de varios sabores.

Manuel Santiago Villar Martínez a los 13 meses de nacido perdió la visión total como consecuencia de una enfermedad hereditaria por parte de su mamá, y que ha dejado ciega a casi toda su familia; sin embargo, Manolito, como cariñosamente se le lo conoce, es un guerrero que se gana el pan de cada día con sacrificio y conduciéndose solito por las calles de esta ciudad.

Fue en una finca aledaña a El Cornito donde vio la luz del mundo y ahí comenzó a retar su condición física.

“Yo andaba por los potreros solito y sin bastón. Era una finca ganadera y entonces yo llegaba donde estaba el ganado de ordeño y le cogía los tarros a las vacas y no me hacían nada (Ríe). Hoy no lo hago, sinceramente, que ahora no tengo el valor de hacerlo”.

Ya en Manolito revoloteaba el ansia por el estudio y por eso le escribió a Fidel Castro y le concedieron una beca en la escuela de ificios Sierra Maestra que quedaba en La Habana; sin embargo, no tuvo quien lo acompañara y no logró estudiar allí.

“Surgió la Asociación del Ciego, ANCI, y me pusieron como su presidente. Estuve 18 años trabajando voluntario para la asociación y ahí Roberto Casanova me enseñó a leer. Yo debo tener tal vez un segundo o tercer grado”.

El amor de su vida, Martha Salazar, su esposa desde hace más de 20 años, le ayuda a elaborar los sabrosos caramelitos de menta y fresa y el plato fuerte de la venta, el rico maní tostado; pero Manolito sale solo cada mañana a desafiar la cotidianidad.

“Yo antes salía acompañado hasta que aprendí a conducirme con el bastón. Todos los días voy solo hasta el hospital, porque es el mejor lugar para yo vender, y no me pierdo. Siempre hay una mano amiga que me ayuda cuando lo necesito.

“La vida de la persona ciega es de mucho rigor, porque la mente está trabajando como un reloj ya que todo lo tiene que hacer mediante cálculos”.

Martica, su fiel compañera, confiesa que él es un hombre muy bueno y que ha sido muy feliz a su lado.

“Yo le ayudo para que salga a vender; lo atiendo para que salga limpio siempre y hemos sido muy felices, de parte y parte”.

Manolito a esa confesión de amor contesta:

“Ella es muy buena, muy humana. No tuvimos hijos, pero somos una familia. Nos hemos llevado muy bien siempre”.

Con 74 años de vida Manolito solo tiene una convicción.

“Todos los días tengo más ánimo para trabajar y pienso luchar hasta que las facultades mentales me acompañen”.

Manolo, ¿qué es la vida para usted?

La vida es una cosa muy bonita porque tiene muchos factores; lo tiene de momentos duros, pero tiene momentos de mucha alegría. Yo hallo que la vida es linda. Yo cada día vivo más contento.

Este hombre de voz fuerte, pequeña estatura y carisma encantador, aún tiene un sueño muy apretado al pecho; ese que le acompaña desde que vendía periódicos frente al Parque Vicente García de esta ciudad: ser locutor, y aunque sabe que ya es imposible de cumplirlo, en parte lo ha logrado al deleitar cada día a miles de tuneros con su peculiar pregón. Es difícil que alguien lo vea y al mirarlo no le regale una pequeña sonrisa, a pesar de que él no la perciba.

“Va a ver Manolito para rato luchando; vendiendo y pregonando el caramelito y maní tostado en el hospital. Yo sí me siento feliz y me siento con ánimo para luchar”. 



Artículos relacionados

La bordadora de Barranca

Miguel Díaz Nápoles

Pedro y su hermosa vida de campo

Miguel Díaz Nápoles

Clarisbel, una vida dedicada a Bandec

Luisa Elena Rivera Cubelo

Escribir Comentario