Carlos Tamayo en La puerta de papel

 Yelaine Martínez Herrera
uneactun@unaec.co.cu

Todo libro de investigaciones despierta cierta carga de curiosidad para los lectores ávidos, pero hay algunos que dejan también un sabor a gratitud. En este supuesto convergen aquellos que apuestan por la novedad temática, la singularidad en el tratamiento de los enfoques, la dialéctica de las ideas; aquellos que, quizás sin huir de los rasgos tradicionalistas en la manera de contar, acercan al lector a un universo de luces, sin ceñirse a las líneas empedradas de la investigación fría e incolora.

En el libro En Santiago y otras fuentes, el periodista e investigador Carlos Tamayo Rodríguez, ofrece pormenores de la vida y el quehacer de personalidades y patriotas insignes de Cuba. No se reduce a la epidermis existencialista; su exquisita selección de textos, solventada en datos oportunos y esclarecedores, traslada al lector al tiempo de sus antepasados y le deja como dádiva elementos de historia, literatura, cultura…

Es normal para quien ande entre las páginas de este libro, sentir el dolor de Mercedes Varona ante la muerte que merodeaba cerca del combate, el crujir de los estómagos por el hambre y/o el miedo, imaginar el tintinear de las balas desafiando la esperanza de los cubanos a alcanzar su verdadera independencia.

Perdonados están los errores gramaticales para esta tunera, prima hermana del mayor general Vicente García, que buscó fuerzas en la penumbra de la guerra para escribir su humilde diario. Trazos que, durante un mes, desnudaron el espíritu intimista de una mujer en una empresa interrumpida por la muerte de la autora el 31 de diciembre de 1869, pero sí completa por marcar la singularidad de la batalla y las convicciones patrióticas desde una óptica esencialmente cubana. Con ello Carlos Tamayo demuestra una vez más su expresión: “hijo soy de la tuneridad beligerante”.

Las cartas de Pedro Santacilia a Emilio Bacardí, incluidas en el conjunto de trabajos publicados, no solo resaltan por ser inéditas. Ayudan a comprender el traspaso hacia la época neocolonial, las condiciones sociopolíticas que señorean, la lucha de clases, los conflictos que genera el poder en manos servilistas y el apogeo de la conciencia popular ante la intervención yanqui.

“Ya volvieron los gallos —mañana volverán los toros, volverá la lotería, todo volverá, y si no vuelve Weyler es porque no lo permitirá el gobierno de Washington”, dice Santacilia en una epístola.

Testimonios, misivas, análisis y recopilación se funden En Santiago…, tanto así que el Instituto Cubano del Libro le otorgó a esta obra el reconocimiento La puerta de papel (2011) por abordar con gran maestría temáticas cubanas de los siglos XIX y XX.

Tamayo vislumbra a un Soler Puig humano, sin los espejismos ni las aureolas que a veces rodean a los grandes hombres. Quien lea la entrevista con certeza valorará más la obra del novelista. Basta señalar que la antesala de Bertillón 166, El pan dormido y otras de sus creaciones fue su propia vida.

“Siempre he pensado que la literatura debe dar la lucha de clases sin darla directamente, sino que sea un desprendimiento de las cosas que suceden en la realidad”, expresó aquel que antes de conquistar parte de la cúspide literaria, tuvo que repartir panes, cortar caña, trabajar en almacenes, fabricar aceite…

Conocemos, gracias a la perspicacia del entrevistador y la naturalidad del entrevistado, las travesuras del Soler niño, su orgullo adolescente y los consejos del veterano que llegó a ser premio Casa de las Américas. Todo eso y más redactado en una entrevista indirecta, que habla tanto de la sencillez del protagonista como de aquel que guió sus palabras.

Más de 120 publicaciones existentes en Santiago de Cuba entre los años 1900–1930 fueron encontradas y procesadas por el autor como trabajo de curso durante sus estudios de la Licenciatura en Letras, en la Universidad de Oriente. Hoy una síntesis de las revistas y periódicos del período están representadas en las páginas de este libro.

También la polémica entre Jesús Orta Ruiz, Indio Naborí, y Carlos Tamayo, acerca de la vida y obra de Juan Cristóbal Nápoles Fajardo, El Cucalambé.

Aspectos interesantes salen a la luz al calor de la controversia intelectual y contribuyen a enriquecer la cultura e historiografía cubanas. El actual presidente de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC) en Las Tunas, con toda ética y cientificidad, sin contar su joven talento (la polémica inició cuando aún era estudiante en la Universidad de Oriente), pone al relieve algunas distorsiones en las investigaciones preliminares sobre el mayor poeta bucólico del siglo XIX. Por suerte, el desenlace quedó tejido por el afecto entre Orta Ruiz y Tamayo.

En Santiago y otras fuentes no es un libro signado por el aburrimiento, no abusa de cifras ni interpretaciones innecesarias. Allí el lector podrá encontrar un retablo para el crecimiento cognoscitivo de sus raíces y mirarse en una cubanía autóctona, desprovista de todo artilugio. Máxime ahora, en que todas las librerías de la provincia tienen este tesoro de papel, editado el año pasado por la Editorial Sanlope y seleccionado entre las mejores obras del Sistema de Ediciones Territoriales.

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