Las Tunas, Cuba. Sábado 16 de Diciembre de 2017
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La belleza y dignidad de la palma real

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Las Tunas.- A la mayor parte de los niños cubanos cuando les mandan a dibujar un paisaje les nacen varias ideas; puede ser un río, montañas o el mar; pero, casi siempre los primeros trazos frente al papel en blanco corresponden a un alto tronco y a los amplios penachos de la palma real.

Prácticamente ninguno concibe una pintura sin ellas y durante los primeros años poco se sabe de cubanía, historia, tradiciones o de los múltiples usos que tiene esa planta, enaltecida con el título de Árbol Nacional de Cuba y apodada como la reina de los campos de este archipiélago.

Eso indica entonces que a medida que se van haciendo mayorcitos las quieren más pues de ellas aprenden con sus abuelos, padres y maestros; poco a poco saben que viven al pie de las montañas, a la orilla de los ríos, en extensas sabanas, en los valles rodeados de lomas y en patios, parques y plazas de las ciudades y los poblados cubanos.

En la niñez las ven como gigantes y cuando la estatura alcanza la adultez las siguen considerando grandes, altivas, orgullosas, mecidas al compás del viento como en una canción de cuna y; sin embargo, despiertas, atentas al horizonte cual valerosas centinelas.

Nativas de Cuba y de otras regiones cercanas, las palmas reales están en muchas partes de la provincia de Las Tunas, a 690 kilómetros al este de La Habana, especialmente en el área protegida de Monte Cabaniguán– Ojo de Agua, en Zabalo, municipio de Jobabo, donde hasta muertas garantizan la supervivencia de varias especies de aves.

En ellas anidan algunos pájaros en peligro de extinción o endémicos del área, como los carpinteros churroso, verde y jabao, el catey, la cotorra, el cernícalo y los sijúes cotunto y platanero.

También abundan en el Jardín Botánico de la capital provincial. Allí el reconocido investigador Raúl Verdecia Pérez las estudia de manera pormenorizada y las hace acompañar de otras 60 variedades de palmáceas, de 14 géneros.

De manera general, se mantienen silenciosas y protagonistas junto a los cubanos a través del tiempo, desde que los indios usaran sus yaguas para armar los bohíos hasta hoy, pasando por los momentos en los que saciaban el hambre de los mambises, curaban diversas enfermedades y su madera daba forma a los ranchos de los campesinos.

En 1849 apareció una palma real en el escudo patrio, diseñado ese año por el poeta Miguel Teurbe Tolón, y desde entonces se venera y respeta por su extraordinaria altura y por la fuerza que tienen al soportar vientos huracanados, de modo que simbolizan la voluntad del pueblo de seguir mirando al futuro a pesar de cualquier dificultad.

Por eso les han cantado poetas y juglares, versos y voces que las describen pero que no encierran su grandeza ni su esencia viva y creciente con el paso de los años, ni su historia, acumulada durante siglos y compartida con las aves que anidan en ellas y que le elogian suavemente su belleza y dignidad.

 

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Sobre Yenima Díaz Velázquez

Periodista. Máster en Ciencias de la Comunicación. Fue jefa de Redacción y subdirectora del Sistema de Radio en la provincia de Las Tunas. Como reportera se destaca por su sensibilidad para las historias de vida a través de entrevistas. Miembro de la Unión de Periodistas de Cuba. Ama por sobre todas las cosas a sus hijos Johana y Oscarito, le facsina el color verde y es amante de la naturaleza, la música. Para ella el amor abre cualquier puerta y la amistad es un puente para sustentar la vida. yenimadv@enet.cu Blog: http://www.soydelastunas.blogspot.com

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