Las Tunas, Cuba. Lunes 11 de Diciembre de 2017
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La novela que detuvo a Cuba

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derecho nacerOnelia Chaveco
och@ain.cu

Si algo une a los personajes-habitantes de Santa María del Porvenir, en la telenovela homónima de turno en la televisión cubana, no son precisamente los billetes de a 100 pesos caídos del cielo, ni las antiquísimas creencias a la usanza de Macondo.

Algo detiene la vida del poblado, tanto que casi es el único momento en que el alcalde trapalero deja de rascarse en ciertos lugares íntimos, mientras el gordo se abstiene de comer. Calla al fin la boca de la mujer del policía y hasta el anuncio rodante de la publicidad local. Es hora de oír El Derecho de Nacer.

Hay como una invitación a escuchar la radionovela en el aire y casi un regaño a quienes interrumpen la salida al éter de lo que fue, precisamente, en esa época, año 1948, uno de los fenómenos más connotados de la radio en Cuba.

Este primero de abril arribará a sus 65 años la transmisión pionera de la obra cumbre del escritor Félix B. Caignet, la cual con 314 capítulos de duración -transmitida de lunes a sábado- mantuvo en vilo al país por poco más de un año.

A través de las ondas de la CMQ se trasmitió “el suceso dramático radial más importante de la década, conocido por El derecho de nacer”, según apuntó en 2007 Josefa Bracero Torres, vicepresidenta del Instituto Cubano de Radio y Televisión (ICRT) por muchos años.

Contó con un elenco de lujo, en el cual figuraron María Valero, Minín Bujones y Carlos Badías, secundados por Nenita Viera, Lupe Suárez, Xiomara Fernández, José Goula, Enrique Santisteban y Carlos Paulín.

Indicó entonces la estudiosa del tema que un aporte de la novela fue imponer en el hacer radial de América Latina el estilo de narración de Luis López Puente, presente también en todas las obras de Caignet, o sea, hablar en metáfora.

La obra fue llevada en muchas versiones a la pantalla chica y al celuloide de varios países. A poco tiempo de su puesta en la cadena radial cubana, fue tema para una película mexicana realizada en 1952, y seis años después llevada a Telenovela cubana por el Canal 6 CMQ TV.

A partir de entonces se grabaría para la televisión de Puerto Rico, México, Ecuador, Perú, Brasil y Venezuela, y sería considerada por muchos expertos como un hito entre sus homólogas. Incluso, agencias extranjeras la eligieron como la producción de ese género más influyente de Latinoamérica.

La trama iba de un embarazo escondido en el seno de una familia de la alta sociedad santiaguera, a la sentencia de muerte emitida por el abuelo Rafael del Junco hacia su nieto bastardo, por lo cual la criada María Dolores Limonta, debió robar al recién nacido para salvarle la vida.

Es así que lo cría en La Habana y lo educa hasta convertirlo en médico.

Unos 30 años después reaparece la familia del Junco viviendo en la capital de Cuba, donde un árbol caído a causa del ciclón de 1926 casi mata al viejo Rafael. Pero la casualidad novelesca hace que el joven Limonta done sangre para salvar la vida del adinerado Del Junco.

En ese punto de contacto empiezan a descubrirse cada una de las partes de la historia escondida por más de tres décadas. El viejo conoce que “la madre” del doctor Limonta es una negra, precisamente la criada María Dolores, y por tanto confirma que Albertico es su nieto bastardo a quien quiso asesinar.

Rafael cae en una especie de trombosis cerebral, por lo cual no puede articular una palabra que revele el secreto.

Según cuentan allegados a la radio, el silencio del viejo don Rafael tuvo más fines lucrativos que de enfermedad, porque el actor que interpretaba a dicho personaje, en vista de la popularidad ganada, exigió más dinero o se marchaba de la actuación.

El director asustado, luego de haber perdido en un accidente a una de las protagonistas principales, María Valero, llamó al escritor Caignet para solucionar el problema, aunque solo pudo alargar capítulos tras capítulos la tartamudez de don Rafael.

Hasta que el actor decidió volver a actuar y hablar para decirle la verdad de una buena vez a su hija María Elena, sobre toda aquella historia de que Albertico Limonta era su hijo.

Sin dudas, Félix B. Caignet une a sus grandes méritos el de ser un genuino innovador de la radio, apuntó entonces Josefa Bracero Torres, en ocasión del centenario del escritor y compositor.

Con él surge para Cuba y América toda, el espectáculo radial de continuidad; el género detectivesco; el suspenso; el falso suspenso y el narrador, que antes no se concebía, y el cual constituye un factor vital de una estructura novelística.

Abundó la especialista que con el narrador se abrían nuevas fuentes a la locución en dimensiones de mayor rigor estético.

A esto hay que añadir la redundancia y la reiteración, fundamentales en la difusión radial de los libretos de este escritor sagaz y legítimo hombre de radio.

Ahora que en pinceladas nos vuelven a recordar El Derecho de Nacer, también sería bueno reconocer que la obra, amén de virtudes y defectos, es auténticamente cubana y bien pudiera ser llevada a la pequeña pantalla donde hay un público que gustó tanto de la telenovela brasilera La esclava Isaura como de la cubana Sol de batey.

Y si la obra de Caignet ya dio abundantes ganancias en mercados foráneos, traerla a casa sería como resarcir una deuda con el novelista criollo. (Agencia Cubana de Noticias)

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