Las Tunas, Cuba. Sábado 21 de Julio de 2018
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El imperecedero jardín de Margarita

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darletis leyvamargarita webDarletis Leyva González
darletislg@rvictoria.icrt.cu

Las Tunas.- Margarita es de esas mujeres que ha tenido que luchar mucho para crecerse en la vida; tiene en los ojos una rara mezcla de cansancio y satisfacción; en su rostro también se transparenta la humildad y la fuerza que emana de su ser; esas que le han permitido permanecer 36 años en la educación primaria y tener hoy muchos frutos.

Desde 1991 el apretado espacio del Centro Escolar Rosendo Arteaga Guerra de Las Tunas conoce de su inconfundible talento para enseñar y se inunda con el aroma de sus conocimientos.

“Educar es amor; es grandeza; es todo; es todo en la vida, porque cuando usted educa, cuando usted enseña al niño a comportarse, lo guía por buenos caminos y le inculca valores para que sean hombres de bien en nuestra sociedad y a eso estamos llamados los educadores cubanos”.

Todavía recuerda con un brillo especial en la mirada aquellos primeros años de labor en el Centro Escolar Orlando Canal del norteño municipio de Manatí y brota una ternura particular en sus palabras cuando menciona su inclusión en el Contingente Augusto César Sandino y la misión cumplida en la hermana República de Nicaragua.

Pero son esas palabras impredecibles y casi siempre cotidianas las que la hacen verdaderamente feliz.

“Cuando voy por la calle algunas personas me dicen: Profe, cómo está; ya no me recuerda. Y me quedo mirándolas y les digo: sí, mi amor, sí te recuerdo, cómo no; aunque en realidad a algunos no les recuerdo el nombre. Me llena de satisfacción al verlos como, sin que yo les llame la atención, me recuerdan y me saludan con tanto afecto. Unos son médicos, otros han seguido mi camino, y eso me satisface mucho”.

Aunque la vida le regaló dos tesoros, a sus más de 50 años de vida tiene la dicha de haber sido ejemplo y guía para muchos otros hijos de corazón. La rectitud de su carácter y la incondicional entrega a la profesión que tanto ama la hacen uno de esos faros que tiene el Sistema Educacional Cubano.

“Para mí el trabajo es lo primero, porque es una obra de infinito amor; la educación es una obra de infinito amor y el que no la haga con amor, no la logra”.

A pesar de conocer muy bien la experiencia de estar frente a un aula, Margarita tiene sueños por alcanzar.

“Me falta mucho por aprender. Yo les digo a mis estudiantes que soy máster y sin embargo, lo que sé, cabe en un grano de maíz. Por tanto ustedes tienen que prepararse mucho para que logren ser doctores, ingenieros… y sepan guiar esta sociedad”.

Maestra, ¿y logra desprenderse de los libros?

No, que va. Soy maestra aquí, pero en el barrio también porque los niños van a la casa para que yo les repase Matemática, Lengua Española, que son las asignaturas básicas. Yo como educadora me siento orgullosa, me siento bien, algo que se lo debo a la Revolución, porque yo soy de una familia humilde y nunca pensé llegar a ser lo que soy hoy, maestra.

Margarita Surí Guevara es una mujer hecha virtud; todavía no piensa en la jubilación, a pesar del cansancio que ya tiene en sus piernas por tantas horas frente al aula, porque sabe que aún muchos niños necesitan de su sabiduría, talento, carácter y ternura para aprender a crecer.



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Sobre Redacción Tiempo21

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