Las Tunas, Cuba. Domingo 22 de Octubre de 2017
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Mi papá carretero

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Francisco Pérez Laguna.
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leonel_jose_perez_penaLeonel José Pérez Peña
leonelpp@enet.cu

Las Tunas.- Por estos días, en la geografía más llana de Cuba se está haciendo azúcar, y envuelto en el aire viene ese olor a caña recién cortada, a miel. El bagazillo inunda los bateyes donde hay faena y holgorio bañado por la cálida brisa de febrero que evoca aquellos años en los que la zafra azucarera, constituía la principal actividad económica.

Esos recuerdos que me brotan a raudales tienen como protagonista a mi padre, Francisco Pérez Laguna. Miles de memorias atesora en sus 97 años de edad, casi 50 de ellos dedicados al oficio de carretero en el tiro de caña, de lo cual se siente orgulloso, porque fue su sueño desde niño y las botellas de refresco eran sus bueyes y las latas de sardinas las carretas, sedimentando así una vocación que le venía de su abuelo y de su padre.

A los 15 años de edad mi padre realizó su sueño, cuando su padrino le proporcionó una cuadrilla de bueyes y una carreta; antes estuvo como narigonero entre los cañaverales, arrimando su alma al arte de preparar los avíos que demanda la bueyada.

La misma brisa que ahora me trae el sabor a caña y a melaza, me hace brotar los versos que evocan aquellos días en los que él estaba en plena faena:

Padre, madrugaste mucho
Cuando eras carretero,
Queriendo ser el primero
En llevar el viaje al chucho.
Mil veces en un cartucho
Desayunos te llevé,
Y tú siempre con la fe
De aprovechar la jornada,
Apurando a la bueyada
Desayunabas de pie.

yunta bueyesCuando el tiempo muerto llegaba y no había tiro de caña, le resultaba difícil a mi padre encontrar trabajo; los bueyes y la carreta entonces se empleaban en las faenas que aparecieran, siempre con el fin honesto de llevar a la mesa el sostén de la familia:

Un padre bueno es el mío.
Fíjate tú si es bueno,
Que por ver mi plato lleno
Dejaba el suyo vacío.
Se hizo colcha para el frio,
Que congelaba mi ser,
Y para verme crecer
Corpulento por la vida,
Me dio toda su comida
Y se quedó sin comer.

Mi padre es un hombre realizado. A sus 97 años de edad, y con la lucidez a toda prueba, asegura que es feliz porque logró todo lo que se había propuesto, entre otras cosas, conquistar el amor de Benita Odalinda Peña Rodríguez, con quien constituyó un matrimonio que lleva más de seis décadas y juntos los dos formar una familia de nueve hijos, veinte nietos y varios bisnietos.

Sus descendientes somos felices también porque bebimos de su fuente de amor limpio y sincero, porque mi padre carretero no solo supo conducir la bueyada: cada día se vuelve surtidor/ para darnos enseguida/ el agua que da la vida/ en una fuente de amor.



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Sobre Redacción Tiempo21

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