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La grandeza de lo simple tiene nombre de mujer

Dolores Méndez Alonso(Lola).ada cristina higuera turAda Cristina Higuera Tur
adacrist@enet.cu

En un lugar intricado de la geografía tunera tuve la suerte de hallar a Dolores Méndez Alonso, más conocida entre los suyos como Lola.

La dulzura de sus casi 90 años enseguida me recordó a esa abuela, personaje vital en la colección de poemas La Noche , de Excilia Saldaña, quien en forma de un diálogo lírico define esta figura como “una jícara de magia cotidiana…”

Su imagen parece confundirse con un hada bondadosa de los cuentos clásicos infantiles; pero la vida no le enseñó siempre su mejor rostro y lejos de resolver los problemas mediante la magia, la obligó a muchos esfuerzos y sacrificios en aras de alcanzar metas.

Primero desempeñándose en los oficios de lavandera y despalilladora de tabaco; luego como ama de casa y madre de familia para quien el trabajo y la honradez resultaron valores fundamentales que le permitieron alzar la frente y seguir adelante, llevando a cuestas carencias y necesidades con dignidad.

Por esa y muchas razones más esta mujer ganó mi aprecio en tanto pude descubrir su capacidad para contestar preguntas y demostrar, a pesar de olvidos e incoherencias, la perfección de aquellos que peinan canas.

Ahora, ya viuda y sintiendo el peso de los años, cuida de su jardincito con especial esmero y dedica tiempo a la limpieza de la casa, donde no admite desorden ni tareas que queden para después.

Ella es también símbolo de las mujeres heroicas en la historia de Cuba; aunque quizás sus hazañas no han sido tan difundidas o la singularidad de sus actos la hagan permanecer en el anonimato.

Sin embargo atesora igualmente títulos y reconocimientos que provocan la admiración y el respeto de los pobladores de Santa María, sitio ubicado a unos 12 kilómetros en la carretera que enlaza los territorios de Las Tunas y Manatí.

Allí deviene paradigma para muchas féminas que no titubearon en orientarme hasta su vivienda cuando indagué por un ejemplo relevante de la comunidad en la labor de la Federación de Mujeres Cubanas (FMC), organización de la cual es fundadora y en la que aún se mantiene activa.

Muestra de cuánta grandeza encierra la humildad de una persona, cuya existencia es de por sí motivo para reverenciar, máxime porque atesora cualidades similares a las de otras tantas cubanas que, como la abuela del poemario, la convierten en un ser “…Elemental y simple como el milagro cotidiano del agua.”

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